Actividades y Noticias

  • claudio-fuentes (1).jpg

    Las elecciones se acercan a pasos agigantados,  y de hecho los candidatos tanto a la Presidencia como al Parlamento comienzan a barajar sus últimas cartas. Y precisamente, los presidenciables tienen “un as bajo la manga”: la franja electoral, la que permite a cada candidato presentarse nacionalmente dando a conocer sus aspiraciones y propuestas.

    Lo cierto es, que estos 20 minutos que se reparten entre las coaliciones cada uno de los candidatos debe jugarse el todo por el todo. De hecho, en tiempo de elecciones, la franja electoral se ha vuelto un modo predilecto de vinculación de los candidatos con los electores.

    A casi 30 años de la primera franja electoral según un estudio del Departamento de Administración de Empresas de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile -el más completo que se ha hecho sobre el tema en el país- y que analizó el comportamiento de las audiencias en las franjas presidenciales entre 1999 y 2013, el rating registra una caída constante.

    En 1999, la franja tuvo un rating promedio de 12,71 puntos, el que para 2013 bajó a 11,34 (una caída de 1,37 puntos). El descenso se aprecia con más fuerza en el grupo de entre 18 y 24 años y en el segmento ABC1, en que el rating pasó de 10,47 a 6,74, y de 10,36 a 6,94, respectivamente.

    De esa forma, el grupo ABC1 registró una caída en los niveles de audiencia de 3,4%, y en los jóvenes de 3,7%. Al mirar por cobertura o alcance de la franja, el deterioro es aún mayor: 15,7% para el grupo ABC1 y de un 18,7% para los jóvenes.

    Sin embargo, el estudio, llamado Evaluación del Modelo de Franja Electoral Presidencial Chileno, desarrollado por los académicos Rodrigo Uribe, Enrique Manzur y Cristian Buzeta, identificó además, un alza de audiencia de 3,8% en las personas mayores de 65 años y de 3,3% en aquellas sin acceso a televisión pagada, además de un buen alcance global, ya que cerca del 80% de los mayores de 18 años sintonizó al menos una vez una franja presidencial cada vez que esta se emitió en los años 1999, 2005, 2009 y 2013. Y lo hizo en una frecuencia que también posee buenas cifras, ya que de los 28 días que se emite, las personas lo sintonizaron en promedio 5,5 veces.

    Los jóvenes son los que menos ven

    Sin embargo, uno de los puntos que más se observa es la caída en el interés de los jóvenes y para Rodrigo Uribe, es compleja: “básicamente porque son el grupo que se ha tratado de reinsertar en la actividad política ciudadana. Con el voto voluntario se buscaba -entre otras cosas- aumentar la participación electoral juvenil”.

    Claudio Fuentes académico de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales, agrega que la caída en jóvenes probablemente se relaciona con el consistente menor interés de ellos en la política en general, y con las elecciones en particular. “Son los jóvenes los que menos votan, los que menos se interesan en militar en partidos, etc.”, destaca.

    Por su parte, Carolina Orellana cientista político de la Universidad de Chile, señaló a Cambio21 que “hoy en día si bien hay un grupo de jóvenes que opina con fundamento y se interesa por la política, existe otro grupo que no está ni ahí, y esto es principalmente por el desprestigio que existe”.

    A ello, agregó que “además debemos tener claro que si bien hay muchas opiniones en redes sociales, sabemos que eso no se traspasa a la realidad, porque muchos de ellos no van a votar, y por más que digan que quieren cambio no van a sufragar”.

    “Entonces, si no van a votar, menos se interesan por las franjas electorales, aunque quizás este año podría haber un cambio el primero o segundo día en que se emitan, sobre todo aquellos que comentan a través de las redes sociales, pero por interés propio o de política nada”.

    Por su parte, Alejandro Soto, publicista de la Universidad Diego Portales destacó a nuestro medio que “hoy en día tenemos diversas plataformas para ver tv, y quizás eso también influya un poco en que los jóvenes estén considerados en que ven poca franja electoral. Pero lo cierto es que en primarias, por ejemplo, se vio como un gran grupo de jóvenes comentaba acerca de las propuestas de los candidatos, el problema radica en que no van a votar”.

    “La franja sin duda debe convencer al electorado, y aclarar dudas de quien las tenga, pero sabemos que es difícil, aunque no imposible. Es por ello que los candidatos se deben enfocar más en quienes pretenden llevar a sufragar”, planteó el experto.

    Ver en Cambio21

    leer más
  • El programa Cultura Verdadera de La Red, conducido por Juan José Lavín tuvo un capítulo dedicado a comentar el plebiscito de 1988. A 29 años de este plebiscito, distintos expertos e involucrados en este proceso relataron sus experiencias y análisis del triunfo del “No”. Los invitados a esta discusión fueron Genaro Arriagada, jefe del Comando de la campaña del “No”, Óscar Sepúlveda, periodista de la U. de Chile, coautor de la “Historia Oculta del Régimen Militar”, fundador, subdirector del Diario La Época, Manuel Antonio Garretón, sociólogo y Claudio Fuentes, profesor de la Escuela de Ciencia Política de la UDP.

    leer más
  • En tiempo de elecciones, la franja electoral se ha vuelto un modo predilecto de vinculación de los candidatos con los electores. Qué tan determinantes son esos minutos en los ciudadanos, hoy es tema de análisis luego de casi 30 años de su debut en el país y en medio de la constante baja en la participación de la población en las distintas elecciones.

    En ese contexto, ¿qué tan efectiva es este tipo de publicidad? Según un estudio del Departamento de Administración de Empresas de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile -el más completo que se ha hecho sobre el tema en el país- y que analizó el comportamiento de las audiencias en las franjas presidenciales entre 1999 y 2013, el rating registra una caída constante.

    En 1999, la franja tuvo un rating promedio de 12,71 puntos, el que para 2013 bajó a 11,34 (una caída de 1,37 puntos). El descenso se aprecia con más fuerza en el grupo de entre 18 y 24 años y en el segmento ABC1, en que el rating pasó de 10,47 a 6,74, y de 10,36 a 6,94, respectivamente.

    De esa forma, el grupo ABC1 registró una caída en los niveles de audiencia de 3,4%, y en los jóvenes de 3,7%. Al mirar por cobertura o alcance de la franja, el deterioro es aún mayor: 15,7% para el grupo ABC1 y de un 18,7% para los jóvenes.

    Sin embargo, el estudio, Evaluación del Modelo de Franja Electoral Presidencial Chileno, desarrollado por los académicos Rodrigo Uribe, Enrique Manzur y Cristian Buzeta, identificó además, un alza de audiencia de 3,8% en las personas mayores de 65 años y de 3,3% en aquellas sin acceso a televisión pagada, además de un buen alcance global, ya que cerca del 80% de los mayores de 18 años sintonizó al menos una vez una franja presidencial cada vez que esta se emitió en los años 1999, 2005, 2009 y 2013. Y lo hizo en una frecuencia que también posee buenas cifras, ya que de los 28 días que se emite, las personas lo sintonizaron en promedio 5,5 veces.

    Alta cobertura
    En 17 años de franjas electorales presidenciales, se pasó de espacios de 15 minutos en 1999, a 20 minutos en 2005, 2009 y 2013. Luego de casi tres décadas, la franja ya muestra signos de desgaste, indica Rodrigo Uribe, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile, y autor del estudio.

    La caída en el interés de los jóvenes es compleja, dice Uribe, “básicamente porque son el grupo que se ha tratado de reinsertar en la actividad política ciudadana. Con el voto voluntario se buscaba -entre otras cosas- aumentar la participación electoral juvenil”.

    El grupo ABC1 son los que tradicionalmente consumen mayor información, resalta el académico, por eso “si ellos tienen menos interés, de algún modo alerta sobre lo que pasará en el futuro”.

    Para Octavio Avendaño, sociólogo y cientista político de la U. Alberto Hurtado, en el caso de los sectores altos, una explicación de este creciente desinterés puede ser que ellos ya tienen preferencia política, por eso no consideran la franja a la hora de tomar decisiones. “Hay una clase de socialización política de ese segmento que hace que no tenga que esperar ese espacio para definir su preferencia. En clases medias se ve que una tendencia a mayor interés en conocer las distintas posturas”, señala Avendaño.

    Claudio Fuentes académico de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales, agrega que la caída en jóvenes probablemente se relaciona con el consistente menor interés de ellos en la política en general, y con las elecciones en particular. “Son los jóvenes los que menos votan, los que menos se interesan en militar en partidos, etc.”, destaca.

    Salvo la franja de 1988, que logró cierto efecto en algunos sectores dada las restricciones informativas existentes en ese momento, muchos especialistas coinciden en que no es un espacio muy relevante en la toma de decisiones. “Es mucho más influyente el rol diario que cumplen los medios de comunicación”, aclara Avendaño.

    En general no se aprecia un rechazo masivo a la franja, dice Uribe, “pero para obtener esos logros tienen que transmitir 20 minutos diarios, durante 28 días, más la franja parlamentaria son 40 minutos”. Por lo que considera, dice, no es un sistema muy eficiente.

    La baja participación es un dilema hoy. Si la franja es una alternativa para aumentar ese interés, se aprecia complejo, dice Avendaño. “No hay un efecto en termino de participación, porque ya existe una predisposición en algunos sectores a no participar”.

    Sin riesgos
    Pero la franja tampoco es un espacio en que se asuma grandes riesgos. Reproduce el mismo modelo de la televisión abierta, “no rompe la inercia de la TV con este modelo”, dice Uribe. Y si se quiere incrementar el número de jóvenes, o de personas ABC1, debería ser otro sistema. “Pero cómo está actualmente, se transforma en poco sorprendente para esa audiencia”, dice.

    Por otro lado la transformación tecnológica, donde ahora es posible acceder a televisión en diversas plataformas, señala Fuentes, generará un problema para las franjas. Pese a ello, la televisión abierta todavía es el modo en que más personas se informan.

    El tema, hasta ahora no es tanto que exista la franja -ya que ayuda a dar a conocer opciones políticas que de otro modo no podrían ser conocidas-, “sino que el contenido de cada campaña que eventualmente no es atractivo para los televidentes”, concluye Fuentes.

    Después de 30 años amerita revisar el sistema de franja, reflexiona Uribe. “El mundo cambia y los medios han cambiado. Eso implica revisarla en muchos sentidos. Por ejemplo, si vale la pena tener un modelo de franja de 20 minutos diarios en cadena, que claramente no es la forma más adecuada de llegar a varios grupos de electores que tienen otras alternativas mediales ya sea en la TV de pago o el mundo online”.

    Ver en La Tercera

    leer más
  • El presidente del Senado, Andrés Zaldívar, confirmó un acuerdo suscrito entre el Ministerio de Hacienda, la Cámara de Diputados y el Senado para reajustar el presupuesto del Poder Legislativo para el próximo año y cumplir con el compromiso sobre el auto financiamiento del parlamento. El programa Radioanálisis de la Radio U. de Chile entrevistó al académico UDP, Claudio Fuentes, respecto a este anuncio.

    El académico señaló que las medidas anunciadas en el corto plazo debilitarán el rol del Congreso y afectaran en la calidad de las leyes. “Lo que está pasando es que se va a debilitar todavía más y vamos a tener malas leyes y eso yo creo que nos afecta a todos” concluyó el analista político.

    leer más
  • alfredo-joignant (1).jpg

    Una encuesta del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (Coes) arrojó que el 43% de los consultados se declaró “nada” satisfecho con la democracia y que otro 25% se mostró “poco satisfecho”. Es decir, el 68% está desencantado fuertemente con nuestro sistema político.

    Según La Tercera, se trata del Estudio Longitudinal Social de Chile (Elsoc) que consultó a 3.000 ciudadanos. Tras estos resultados, el análisis concluyó que desde el plebiscito de 1988, “la participación electoral ha bajado constantemente, lo que a largo plazo implicará problemas de legitimidad en la representatividad de los gobiernos”.

    Además, el estudio mostró que el 30% de los encuestados está más de acuerdo con que “a la gente como uno, nos da lo mismo un régimen democrático que uno autoritario”. Incluso, el 14% afirma que en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático.

    Alfredo Joignant, investigador principal Coes y de la Universidad Diego Portales, declaró que, pese a todo, con el 56% de adhesión según este estudio, “la democracia sigue siendo el régimen más preferido”. 

    Con respecto a la insatisfacción, expresó que se vincula con la desconfianza en las instituciones políticas, “pero no porque haya insatisfacción hay preferencia por el autoritarismo, eso significa que hay malestar con el funcionamiento de la democracia”.

    Ver en La Nación

    Ver en La Tercera

    leer más
  •  

    “Asesina” y “vergüenza nacional” fueron algunos de los insultos que recibió la Presidenta Michelle Bachelet durante el Tedeum evangélico realizado ayer, ataques que sumados a las duras críticas efectuadas en sus mensajes por obispos y pastores a la agenda valórica de La Moneda, configuraron una tensa situación para la Mandataria.

    Su rápida salida del Templo Catedral Metodista Pentecostal en Estación Central evidenció la molestia de la Jefa de Estado ante lo ocurrido. Enojo que minutos más tarde fue explicitado por la ministra vocera de Gobierno, Paula Narváez, quien aseguró que “este ha sido un acto que se ha excedido”.

    El tema ha generado reacciones a favor y en contra en el mundo político. Así mientras los abanderados oficialistas y senadores Alejandro Guillier (IND-Fuerza de Mayoría) y Carolina Goic (DC) rechazaron los ataques a Bachelet. En cambio, las cartas de la oposición Sebastián Piñera (IND-Chile Vamos) y José Antonio Kast (IND) destacaron la defensa de los evangélicos a ciertos valores.

    Consultados por Emol, un grupo de expertos analiza el episodio ocurrido en la ceremonia de las iglesias evangélicas y la reacción que tuvo la Jefa de Estado.

    ¿Cómo evalúa la reacción de la Presidenta en el Te Deum evangélico, salió fortalecida?

    Claudio Fuentes, Universidad Diego Portales

    Un principio fundamental de la democracia es la libertad de expresión y nadie dudaría en derecho de obispos evangélicos de expresarse. No obstante, este tipo de eventos es un encuentro de la iglesia con poderes del Estado y donde, además, la Presidenta queda en una posición donde no puede replicar, pues es la invitada. Creo que, efectivamente, se transformó en un abuso y politización de un acto formal. Hay contextos para señalar críticas y ese no debió serlo. Considero que la reacción de la Presidenta fue lo esperable de una dignataria. Sabe que está en un rol de jefa de Estado por lo que no creo que hubiese actuado de otro modo. Ciertamente la ciudadanía valorará este tipo de actitudes. Lo de los obispos pareció pequeño y revanchista.

    leer más
  • alfredo-joignant (1).jpgclaudio-fuentes (1).jpg

    En octubre de 2009, a dos meses de la elección presidencial, el candidato Sebastián Piñera se ubicaba en 8º lugar entre los personajes políticos en la encuesta del CEP, con 43% de menciones positivas y 36% de menciones negativas. El 53% de la muestra consideraba que Piñera sería Presidente de la República, el 32% decía que le gustaría como Presidente de la República, el 36% se inclinaba por él si las elecciones fueran el próximo domingo y, con voto de urna para segunda vuelta, el 44% se inclinaba por Piñera en contraste con el 37% que obtenía Frei.

    En septiembre de 2017, a dos meses de las elecciones presidenciales, las cosas no son muy distintas para el candidato Piñera en la misma encuesta. Ahora se ubica en el 2º lugar en la evaluación de personajes políticos, pero con un 40% de menciones positivas y 36% de menciones negativas –es decir, con menos menciones positivas y exactamente igual en menciones negativas–.

    Su mejor posicionamiento no se debe a sus atributos, tampoco a sus méritos (que existen), sino que a la ausencia de atributos positivos de otros actores políticos, partiendo por sus adversarios, así como a la “escandalosa” situación en la que se han colocado el Gobierno (nadie se lo pidió), lo que queda de la Nueva Mayoría (con su distancia emocional con el candidato Guillier, quien nada hace para revertirlo) y el Frente Amplio en periodos de estrechamiento retórico (con su triste disputa interna).

    En esta oportunidad, el 56% cree que Piñera se convertirá en Presidente (apenas 3 puntos más), al 31% le gustaría que fuese Presidente (el mismo porcentaje de 8 años atrás) y el 33% votaría por él si las elecciones fuesen el domingo (¡3 puntos menos que en 2009!).  En segunda vuelta, y enfrentado a Guillier, el 39,5% se inclinaría por Piñera y el 31% por Guillier. Es decir, en esta oportunidad obtiene 5 puntos menos que en el año 2009.

    En otras palabras, los votantes piñeristas no se muestran particularmente entusiasmados con su figura, pero se encuentran lo suficientemente movilizados para asentar una percepción subjetiva de que será él el próximo Presidente, no obstante el desgano. Ante esto, el contraste ofrecido por sus rivales es de una rara crueldad, todos embargados por el desfinanciamiento, la desmovilización y el pesimismo.Las cifras nos señalan algo que debiera llamar la atención: aunque se intensifica levemente la percepción de que será el próximo Presidente de la República, su evaluación como personaje político se mantiene estática; la propensión a votar por él es prácticamente idéntica e, incluso, puesto en escenarios de segunda vuelta, la inclinación a votar por él se reduce en 5 puntos.

    A dos meses de las elecciones, el problema entonces no es un supuesto “fenómeno Piñera”, que no existe, sino más bien la carencia de una alternativa política en la Nueva Mayoría, la Democracia Cristiana, el PRO o el Frente Amplio, que concite la atención ciudadana. Dicho de otro modo, la candidatura de Piñera está bien posicionada, no por las virtudes de su candidatura sino por la debilidad famélica de las candidaturas alternativas.

    Es en este sentido  que la próxima elección presidencial será una contienda extraña, asimétrica en los recursos de campaña, predecible a más no poder y de resultado en ningún caso reservado. La historia puede repetirse dos veces, poco importa si como tragedia o como comedia.

    Leer en El Mostrador

    leer más
  • A seis meses del término del Gobierno de Michelle Bachelet, el equipo económico de su gabinete renuncia por conflictos a raíz del proyecto Dominga.

    El Canal 24 Horas consultó al académico UDP Claudio Fuentes sobre esta crisis que enfrenta el actual gobierno de la Presidenta.

    Sobre esto dijo que el gobierno “tiene que rápidamente definir cuáles van a ser las prioridades” ya que le “impone al nuevo equipo un estrés importante”. Respecto al conflicto entre ministros y gobierno, señaló que “esto venía de antes,  es un conflicto bien significativo entre Hacienda y La Moneda en particular”. “Dominga es la punta del iceberg de un problema que venia de bastante tiempo”, concluyó el experto.

     

    leer más
  • Claudio Fuentes en El Mercurio de Valparaíso.jpg

    “Creo que es la mayor crisis que ha enfrentado un equipo económico desde el regreso de la democracia”, sentencia Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales (UDP), al analizar el cambio de gabinete realizado ayer a tres meses de la elección presidencial y a seis meses de que termine el gobierno de Michelle Bachelet.

    – ¿Por qué?

    – Que un gobierno tenga tres ministros de Hacienda y que a seis meses de que termine el periodo renuncie el equipo económico, es un hecho inédito en la historia política reciente. Es un tema serio y que, además, refleja una fuerte diferencia respecto de las prioridades que tiene que tener el gobierno respecto de la forma de ver el desarrollo y respecto de los proyectos de inversión minera. Entonces, no hay que esconder que se trata de una crisis muy fuerte que va a repercutir en la elección presidencial.

    – ¿En qué sentido influirá?

    – El hecho de que el oficialismo tenga dos figuras presidenciales y con un entorno de Valdés más cercano a Carolina Goic, trasciende a esas candidaturas. Lo que ha hecho esta crisis es mostrar públicamente una diferencia sobre la forma de encarar las definiciones sustantivas sobre desarrollo, crecimiento económico, medioambiente. Creo que eso puede repercutir en la elección presidencial. Hoy las preguntas a los candidatos Goic y Guillier van a ser: ¿qué hubiera hecho con Dominga?, ¿qué hará con los proyectos de inversión que vienen? o ¿qué decisiones tomaría? Y ahí creo que va a producirse algún tipo de debate.

    – ¿Qué le parece el equipo de reemplazo?

    – La decisión que tomó la Presidenta de nombrar a alguien muy cercano a su persona, como es Nicolás Eyzaguirre, es una buena carta para cerrar el periodo presidencial. Es alguien que conoce la cartera y que va a tener que negociar presupuesto, reajuste del sector público y pensiones. Creo que él da certidumbre al entorno económico que conoce quién es Nicolás Eyzaguirre, lo que rebaja la eventual tensión que hubiera sobre el tema. Segundo, Gabriel de la Fuente en la Segpres -un socialista histórico que conoce bien el trabajo legislativo, que tiene sintonía política con el Congreso y bajo perfil- va a ayudar a destensionar el trabajo legislativo, lo que será fundamental porque el gobierno debe sacar adelante una serie de proyectos.

    – El discurso que asume la Presidenta Bachelet para justificar el cambio es la defensa del medioambiente. ¿No es acaso un discurso que engancha con la demanda ciudadana y, en ese sentido, bien puede ser usada esta crisis como una oportunidad de que por primera vez lo político prima por sobre la visión económica?

    – El tema acá es que justamente no se discuten los temas de fondo. Aquí el tema de fondo tiene que ver con los mecanismos de participación ciudadana respecto de la aprobación de proyectos de impacto ambiental. En las evaluaciones de proyectos la ciudadanía es escuchada, pero no tiene un valor vinculante; y si el cien por ciento de la gente está en contra o a favor de un proyecto, no implica que eso se vaya a respetar. No hay un vínculo con esa decisión. En segundo lugar, los mecanismos institucionales establecidos, como el Comité Regional y el Consejo de Ministros, han sido cuestionados, pero nadie discute por qué mecanismos debiéramos cambiarlos. Por eso creo que fuera del conflicto que se genera, la pregunta sería, bueno, ¿cómo resolvemos esto en el futuro?, ¿cómo nuevos proyectos de inversión pueden y deben ser aprobados? Esa es la discusión que hay que dar y que la crisis no va resolver.

    – La Presidenta enfatizó que “necesitamos que el crecimiento vaya de la mano con el medioambiente”. ¿No es contradictorio con este mensaje haber nombrado como ministro de Economía a Jorge Rodríguez Grossi, quien, ocupando este mismo cargo en el gobierno de Lagos, protagonizó una controversia con senadores y grupos ambientalistas al estar a favor del megaproyecto Alumysa, una millonaria planta procesadora de aluminio que requería la construcción de un puerto en Aysén y tres centrales hidroeléctricas?

    – Bueno, son contradicciones, pero ella también sabe que requiere a la Democracia Cristiana dentro del Gobierno y que requiere dar señales políticas respecto de que también puede generar diálogo con otros sectores. Por otra parte, al aceptar Jorge Rodríguez Grossi está mostrando niveles de pragmatismo de que no va a entrar en esa pelea ideológica respecto de qué modelo de sociedad queremos. Él actuó con pragmatismo seguramente al aceptar y también probablemente la Presidenta al aceptar a alguien de su perfil.

    – Desde la oposición ya se instaló la tesis de la falta de gobernabilidad de esta administración.

    – O sea, no cabe duda que esta es una ganancia absoluta para Piñera por este error o tensión no forzada del gobierno, en el sentido de que puede decir “miren el nivel de gobernabilidad que está ofreciendo la Nueva Mayoría” o “miren las tensiones internas que hay”. A cambio de eso, él está ofreciendo cohesión, una coalición ordenada.

    – A su juicio, ¿Valdés cometió un error de cálculo político al transparentar su molestia con la desaprobación de Dominga? ¿Faltó experiencia en estas lides?

    – No. Creo que él es muy experimentado y creo que cuando saca a la luz lo de Dominga después de lo que pasó con Céspedes, muestra que se trata de una crisis que venía de antes. No es el resultado de Dominga, sino que fue una seguidilla de conflictos entre el equipo económico y La Moneda. Así, al menos, lo leo yo. Dominga es la gota que rebalsa el vaso de la crisis que venía manteniendo el equipo económico con La Moneda. Por eso, cuando Céspedes sale de la reunión del comité, cuando lo apoya Valdés y viceversa, todo eso es parte del despliegue que rodea su renuncia. O sea, las cartas ya estaban echadas cuando él decidió hacer pública su crítica al rechazo del proyecto.

    – ¿Se podría haber evitado todo esto y no tener que llegar al punto de realizar un cambio de gabinete a seis meses de que termine el mandato de Bachelet?

    – En política todo es evitable con un buen diálogo, pero todo indica que esos puentes se cortaron. Y esto se acerca mucho más al caso del puente Cau Cau -que es un puente que no tiene resolución- que a otro que podría haber generado una oportunidad de conversación.

    – ¿Debió la Presidenta haber hecho público un respaldo tan fuerte al rechazo del proyecto Dominga, blindando a Medioambiente y dejando debilitada a Hacienda?

    – Claro, pero de nuevo insisto, creo que esto no es sólo Dominga. Para llegar a ese extremo de públicamente enfrentar a la Presidenta es porque había mucho más de conflicto de lo que se ve.

    – ¿Dominga fue algo así como la punta del iceberg?

    – Yo creo que sí. Recuerda que hay episodios anteriores importantes. Recordemos el tema laboral donde Hacienda fue muy duro respecto de la ministra Ximena Rincón, después el tema pensiones, después el tema del informe sobre el impacto de la reforma a las pensiones que Hacienda sacó y que la Presidenta desacreditó. O sea, había síntomas, independientemente de Dominga, de una desconexión total entre Hacienda y el segundo piso de la Presidenta Bachelet.

    leer más
  • Alfredo Joignant 2.jpg

    El programa Mesa Central de Radio Tele13 realizó un panel de actualidad con Kike Mujica, Gonzalo Cordero y Alfredo Joignant, quienes discutieron sobre facturas de 26 mil euros por maquillaje en 100 días del presidente de Francia, derrotismo en el equipo de campaña de Alejandro Guillier y el empate de Guillier y Beatriz Sánchez en la encuesta Cadem.

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    “No concibo un desarrollo a espaldas de las personas y donde sólo importan los números y no el cómo lo están pasando las familias en sus casas”. La frase corresponde a la Presidenta Michelle Bachelet, y con ella reafirmaba su posición de respaldo a la decisión del Comité de Ministros, que rechazó el proyecto minero portuario Dominga.

    Lo anterior fue interpretado como un apoyo implícito al titular de Medio Ambiente, Marcelo Mena, frente a las críticas que expresaron los entonces ministro de Hacienda y Economía, Rodrigo Valdés y Luis Felipe Céspedes, respectivamente, y el subsecretario de Hacienda, Alejandro Micco, respecto a la decisión de la instancia.

    Sin embargo, la designación de Jorge Rodríguez en Economía (con pasado en el proyecto Alto Maipo y “premiado” por Greenpeace como “habitual destructor del planeta”), levantó críticas desde organizaciones medioambientales y generó la duda en expertos, sobre la tesis de que la Mandataria tiene como prioridad el medio ambiente.

    Claudio Fuentes, académico de la escuela de Ciencias Públicas de la UDP

    “No se cae esta tesis por una razón mucho mas contingente. Resulta que las nuevas autoridades sólo tienen seis meses para gobernar, por lo tanto la posibilidad que el ministro de Economía pueda desarrollar algo relevante en esa cartera, es muy baja. En ese sentido, creo que lo que la Presidenta está tratando de mandar es una señal política al colocar gente de su confianza más que personas que compartan o no su visión estratégica sobre el tema medio ambiente versus crecimiento económico. Esa señal tiene que ver con aceptar que hubo un conflicto, pero decir, al mismo tiempo, “yo no voy a excluir esa visión del gobierno”. Es conocido que Rodríguez Grossi en esta separación entre los pro crecimiento versus los pro protección del medio ambiente, sería de los primeros (…) pero en seis meses no va a poder hacer mucho. Además, en la práctica, la señal más importante que dio Bachelet es no haber sacado al ministro Mena, ya que todas estas decisiones de medio ambiente pasan por él”.

    leer más
  •  La encuesta CEP arrjó que el candidato presidencial de Chile Vamos, Sebastián Piñera, lidera las preferencias para las elecciones de noviembre con un 31,3 por ciento, aumentando siete puntos porcentuales respecto a la medición anterior y dejando en segundo lugar a Alejandro Guillier que obtuvo 14,5 por ciento.

    En entrevista con CNN Chile el académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, fue claro en afirmar que con estos resultados “habrá segunda vuelta”. Además agregó que “Piñera no tiene la carrera ganada aún” y enfatizó en que “El desafío de la centro-izquierda es su capacidad de movilización”

    leer más
  • En entrevista con Radio La Clave, el académico UDP conversó sobre la situación que enfrenta el Ministro de Hacienda tras polémica por el rechazo al proyecto Dominga y su posible salida del gabinete, además de referirse a las próximas elecciones presidenciales.

    Respecto a la crisis del ministro Rodrigo Valdés, el académico señaló que “seria un hecho muy significativo del punto de vista económico y del punto de vista político esto no es solo una pataleta del ministro por ciertas decisiones del gobierno”. “Esto finalmente va a tener un impacto muy fuerte en la Nueva Mayoría” concluye Claudio Fuentes.

    leer más
  • En un nuevo capítulo de Cable a Tierra por el canal de CNN Chile, los invitados Robert Funk y Cristóbal Rovira analizaron la reacción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a los hechos de violencia ocurridos en Charlottesville y las crítica a su tibia condena hacia grupos supremacistas.

    El académico UDP, Cristóbal Rovira, señaló respecto a estos grupos que “si uno considera la esfera de la derecha extrema en Estados Unidos estamos hablando de una gran cantidad de distintos grupos que son muy pequeños y que no necesariamente tienen contacto entre sí”. Añadió además que “cada uno individualmente yo diría que no tienen una gran relevancia es mas bien la sumatoria de ellos que en contexto específicos como esta situación que vivimos ahora pueden gatillar determinados escenarios que obviamente van a radicalizar determinadas posturas”. “Hoy en día el escenario es completamente distinto a lo que uno ha visto en Estados Unidos en décadas anteriores, donde ha habido una perspectiva muy clara tanto desde el Partido Republicano como del Partido Demócrata a tratar de aislar a cualquiera de estos grupos políticos y hoy en día debido a Trump, vemos que es un escenario completamente distinto” finalizó.

    leer más
  • claudio-fuentes (1).jpg

    En años recientes veníamos acostumbrándonos a representantes díscolos (as).  Se trataba de actores políticos que, una vez electos, mostraban ciertos niveles de indisciplina respecto de sus coaliciones y partidos. Varios de ellos rompieron definitivamente con sus tiendas políticas originales creando nuevas agrupaciones (es el caso del senador Navarro, por ejemplo), o bien siguen actuando como independientes con fuerte vínculo con sus territorios (el caso del Rojo Edwards, por ejemplo).

    La clave para la sobrevivencia de ellos en política es su capacidad de actuar autónomamente de sus partidos. Mientras mayor es el arraigo social en sus territorios, mayor es la posibilidad de actuar en contra de las decisiones del partido, de la coalición o incluso respecto del gobierno de turno.  Se trata de díscolos anclados en sus territorios.

    Pero en el actual ciclo electoral advertimos con sorpresa que este fenómeno de los díscolos se produce antes de competir. Veamos tres ejemplos.

    El candidato Luis Larraín había manifestado hace algún tiempo su desilusión por el gobierno de Sebastián Piñera agregando que no volvería a votar por él. Sin embargo, apareció inscrito en la lista de Chile Vamos como independiente dentro del subpacto de Evópoli.

    La justificación de Larraín fue que el naciente partido Ciudadanos le había ofrecido un cupo, pero como no había logrado constituirse en la Región Metropolitana, para él le resultada muy difícil competir en otra región. Como quería mantenerse dentro de la región, aceptó el ofrecimiento de Evópoli que “tuvo la generosidad de ofrecernos un cupo sin condiciones, que me permite ir como independiente (…). Ir como independiente sin lista es totalmente inviable compitiendo contra listas de 9 personas” (Declaraciones del candidato en su cuenta Facebook).

    Aucán Huilcamán presentó su candidatura como independiente dentro del subpacto Humanista. Inmediatamente aclaró que descartaba una alianza con el Frente Amplio, pese a participar dentro de su lista. Anticipaba que se trataba de un paso táctico de tipo personal.

    Ya es conocido el caso de Alberto Mayol quien aspiraba a competir como independiente dentro del pacto de Revolución Democrática. El acuerdo final del Frente Amplio fue la inclusión de Mayol como candidato único independiente en el cupo del partido Igualdad. Esto reduciría las opciones de triunfo de Mayol dado que el sistema favorece a quienes participan dentro de listas más competitivas. Señalaba Mayol que “tengo plena conciencia de que en las condiciones que tengo puedo tener una excelente votación y no ser elegible y que no voy en igualdad de condiciones” (El Mercurio 22 de agosto). 

    El elemento común en las tres candidaturas es el cálculo electoral individual. Como la suma de los votos por lista es vital para definir los ganadores, resulta muy difícil para un independiente acumular una votación suficiente que supere a la suma total de los candidatos que se presentan en la lista. Si eres independiente, resulta muchísimo mejor arrimarse a una buena sombra (a una lista), y esperar acumular dentro de esa lista la mayor cantidad de votos posibles para resultar electo. Mientras Mayol no logró sumarse a la abundante sombra de Jackson, Larraín y Huilcamán lograron acuerdos tácticos para competir como independientes dentro de un pacto.

    Lo anterior se potencia por la personalización del juego político. En los tres casos, la argumentación es esencialmente instrumental: participar dentro de un subpacto o una lista no implica subordinarse a los principios sustentados por una determinada opción política. Como las listas son abiertas y se vota nominalmente, entonces las diferentes candidaturas se plantean desde una serie de atributos ideológicos o carismáticos que son personales, individuales, no transferibles al subpacto o pacto por el que compiten.

    ¿Es saludable para la democracia sostener esta lógica puramente instrumental de los acuerdos políticos? ¿Da lo mismo ir competir junto a compañeros(as) de lista que no comparten principios programáticos esenciales, visiones de mundo?

    Considero que este fenómeno afecta significativamente la calidad de la política y de la democracia. Actuar bajo el supuesto que da lo mismo dónde competir si el objetivo es alcanzar el poder, daña la calidad de los debates y finalmente afecta la gobernabilidad de los sistemas políticos. Las coaliciones políticas requieren ciertos mínimos de disciplina programática para sustentar sus compromisos políticos una vez que son gobierno.

    Si la lealtad es instrumental a la obtención de asientos parlamentarios y no respecto de los programas de gobierno, entonces se ve seriamente dañada la posibilidad de cumplir con los compromisos de campaña. Si un candidato presidencial llega al poder apoyado por una lista parlamentaria, pero luego los y las parlamentarias electas de aquella lista actúan incluso en contra de la voluntad del colectivo, la promesa se ve defraudada.

    Para superar este problema existen dos soluciones. Primero, así como la ley establece la obligación de las candidaturas presidenciales de presentar un programa, así también se podría exigir que cada lista parlamentaria presente un programa básico de ideas.

    Lo anterior permitiría que los electores al menos tengan un marco de referencia de ideas patrocinadas por cada lista. Los independientes dentro de cada lista debiesen suscribir aquellas ideas programáticas.

    Segundo, permitir la opción de un voto por lista, de este modo el elector podría apoyar un programa de gobierno de una lista si es que no tiene claridad por qué candidato(a) votar dentro de una lista.   

    Solemos criticar la política y las campañas por su falta de contenidos. Pues bien, el fenómeno de los candidatos díscolos lo único que está haciendo es favorecer la banalización de la política y convirtiéndola en un instrumento para el cumplimiento de ambiciones no colectivas, sino que personales. 

    Ver en Cooperativa

    leer más
  • alfredo-joignant (1).jpg

    En una nueva edición del programa Mesa Central de Tele 13 Radio, Iván Valenzuela junto a tres invitados comentan la actualidad política de nuestro país. En esta ocasión los invitados fueron Gonzalo Cordero, abogado y experto en asuntos públicos, Enrique Mujica, subdirector de prensa de Canal 13 y el académico UDP, Alfredo Joignant.

    En el programa debatieron y conversaron sobre hechos de nuestra política de cara a una nueva elección presidencial y parlamentaria.

    Escuchar en Soundcloud Tele13

    leer más
  • 9-carlos-melendez-copy.jpeg

    ¿Cómo hace un gobierno tecnocrático de centro-derecha, con minoría parlamentaria y con oposición populista para erigirse como la principal fuerza de su país? El presidente argentino Mauricio Macri obtuvo el domingo pasado una importante victoria electoral en las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), primera consulta de las elecciones legislativas que renovarán la mitad de los diputados y un tercio de los senadores del Congreso rioplatense. Dicha victoria resuena en la política peruana por la comparación que evoca el gobierno de Macri con el de Kuczynski, quien requiere de virtud política.


    La conformación tecnocrática de los actuales ejecutivos argentino y peruano es similar: profesionales provenientes de las principales gerencias del sector privado y de universidades privadas capitalinas (como recurrentes canteras figuran: Di Tella y UCA, y Pacífico, respectivamente), pertenecientes a una cultura política y cotidianidad elitista (Barrio Norte para los macristas, San Isidro para los ppkausas). Del mismo modo, ambos oficialismos son débiles en el Legislativo (la coalición Cambiemos representa un tercio de diputados y un cuarto de senadores) y enfrentan fuerzas antiestablishment con mayor experiencia en el control de maquinarias políticas (el peronismo-kirchnerismo y el fujimorismo, respectivamente).

    Ambos proyectos políticos se han encontrado con grandes obstáculos para expandirse territorialmente. Sin embargo –y empezamos con las diferencias–, Macri apostó por la construcción de un partido serio, a partir de su gestión en el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2007-2015). El PRO (Propuesta Republicana) es un partido moderno, que supo integrar bajo un mismo “emprendimiento” a empresarios, políticos (peronistas disidentes y radicales) y funcionarios de ONG bajo el ‘team leadership’ del ex presidente de Boca Juniors. Un conjunto de fundaciones y ‘think tanks’ dieron el soporte planificador. No se trata solamente de un partido “fabricado para ganar” (como sostienen Vommaro, Morresi y Belloti en el excelente libro “Mundo pro”), sino también para gobernar, aunque este ultimo objetivo parecía una quimera.

    Macri encontró en la actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, la politóloga María Eugenia Vidal (44), su socia para armar en pared una maquinaria política base, capaz de endosar apoyo político a otros integrantes del oficialismo –como lo sucedido con el ministro de Educación, Esteban Bullrich–. Las elecciones definitivas de octubre podrían corroborar la habilidad macrista en construir coaliciones en el resto del país, para vencer a un peronismo lesionado por el desprestigio kirchnerista.

    ¿Qué puede aprender Kuczynski de su homólogo argentino? Que si un empresario, CEO o tecnócrata quiere “entrar en política” tiene que adoptar sus reglas y premisas. La construcción partidaria es la primera de ellas. La segunda, combatir el aislamiento propio de las élites (de derecha) a través de coaliciones plurales que permitan la “resurrección” de viejos políticos, pero funcionales (como los radicales argentinos) o incentivar a cuadros propios con potencial. Peruanos por el Kambio luce más como estorbo que como el brazo político que necesita Kuczynski, y la gobernadora ‘estrella’ favorita de los ppkausas (Yamila Osorio de Arequipa) no tiene la proyección de María Eugenia Vidal. En suma, Kuczynski carece de la ambición política de Macri, lo cual resiente la gobernabilidad del país.

    Ver en El Comercio

    leer más
  • Cristóbal Rovira 2.jpg

    Chile es un país curioso. Si bien es cierto que en las últimas décadas la población chilena ha experimentado un notable proceso de expansión económica y educacional, también es verdad que ha venido aumentando el malestar social. Esta paradoja es muy bien recogida por el reciente informe del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual hace una excelente radiografía de la desigualdad en el Chile actual.

    Dentro de los hallazgos de este informe destaca una expresión paradigmática de la paradoja indicada. Por un lado, los datos demuestran que la desigualdad socioeconómica se ha reducido en la última década. Usted ha leído bien: según los indicadores económicos disponibles (por ejemplo, índice de Gini) la desigualdad en Chile no ha aumentado, sino que ha disminuido. Por otro lado, los datos revelan que, en los últimos años, ha venido creciendo el enfado con los niveles de desigualdad existentes en el país.

    Mientras en el año 2000 la mitad de la población opinaba que es injusto que aquellos que pueden pagar más tengan acceso a una mejor salud y educación, hoy en día dos tercios de la sociedad chilena opinan que esto es injusto. ¿Por qué la sociedad chilena tolera hoy en día mucho menos desigualdad que antes? Si bien hay distintas interpretaciones al respecto, resulta plausible pensar que una fuerza determinante radica en la capacidad de nuevos actores colectivos para politizar distintas formas de desigualdad que la ciudadanía experimenta en el día a día.

    Mientras los estudiantes protestan por la existencia de un mercado educacional segmentado, el movimiento “No + AFP” reclama por un sistema de pensiones privado que refuerza los niveles de desigualdad imperantes y diversas organizaciones de la sociedad civil se movilizan en contra de la desigualdad de género.Chile ha cambiado en el último tiempo no sólo por el crecimiento económico, sino que también porque han emergido nuevos actores colectivos que han sabido verbalizar un malestar existente en contra de un modelo económico y político que, a los ojos de la ciudadanía, tiene muy poca capacidad para disminuir las brechas sociales existentes.

    Ver en El Mercurio de Calama

    leer más
  • 9-carlos-melendez-copy.jpeg

    Imagínese un continuo del uno al diez, donde uno (1) representa la extrema izquierda y diez (10) la extrema derecha. A lo largo de esta escala usted encontrará a políticos, dirigentes sociales y líderes de opinión enarbolando sus posiciones sobre demandas sociales movilizadas; por ejemplo, las del magisterio en huelga. En la extrema izquierda (posición 1) se ubicarán extremistas reivindicadores de Sendero Luminoso –como operadores de Movadef– azuzando posturas irreconciliables con un Estado democrático. Para ellos, cualquier protesta social es una semilla revolucionaria, germen de la toma del poder por la vía armada. En la extrema derecha (posición 10) encontrará a ultraconservadores que pretenden silenciar todo reclamo social –el más mínimo– con represión, inclusive militar. Así, “lucha armada” y “métanles bala” –la primera desde la reivindicación social y la segunda como versión caricaturizada del “monopolio de la violencia estatal”– son polos intolerantes. La posición equidistante (5,5) representa al indiferente. Entre esta posición media y cada extremo se hallan preferencias intermedias que aumentan en intensidad conforme se aproximan a cada polo.

    La opinión pública (nacional o regional) se ubica en este continuo. Sus preferencias no son manipuladas por los actores mencionados sino que se forman con el devenir de los hechos, desde la simple acumulación de días de huelga hasta las promesas de diálogo y negociación traicionadas. Al iniciarse una huelga sindical, por ejemplo, puede hipotetizarse una “distribución normal” de preferencias, con una gran mayoría de indiferentes (aglutinados en torno al 5,5) y reducidos grupos que sintonizan con los extremos. En tal escenario (t1), ni el radical prosenderista ni el ultraconservador tienen audiencias significativas.

    Con el paso del tiempo –60 días de huelga sindical– nos enfrentamos a un escenario (t2) con diferente distribución de preferencias. Así, el inadecuado tratamiento de la huelga del Sutep por parte del Ejecutivo impacta en las bases magisteriales y en la opinión pública. En t2, el público pasa de la indiferencia a tomar posición según su cercanía ideológica o identificación clasista (en este caso, prefiriendo al maestro de escuela pública sobre el tecnócrata sanisidrino). Los sentimientos de solidaridad con la protesta se fortalecen: hoy, el 72% de peruanos considera la huelga magisterial como justa y encomiable (Datum). Los errores de la tecnocracia mueven a la gran masa de maestros y a la opinión pública hacia la izquierda, acercando más individuos al polo “marxista-leninista” (El Comercio dixit). La réplica del extremo facho, que no se hace esperar, cala en un sector minoritario pero activo mediáticamente, generando un pequeño hipo en la distribución hacia la extrema derecha.

    Cuanto más demora la protesta en solucionarse, las posiciones radicales se legitiman, haciendo más difícil el tan mentado diálogo. La ineficiencia del tecnócrata avala, ante grandes sectores de la población, al radical de izquierda y la equivocada percepción de que la gran mayoría de maestros son dominados por “terrucos”. Los extremos, posiciones radicales, siempre van a existir; lo deseable es que no tengan eco.

    Ver en El Comercio

    leer más
  • PRESENTACIÓN DEL LIBRO "DESIGUALES: ORÍGENES, CAMBIOS Y DESAFÍOS DE LA BRECHA SOCIAL EN CHILE"

     

    leer más
  • claudio-fuentes (1).jpg

    Aunque resulta difícil de creer, la Concertación y el Frente Amplio comparten una característica de nacimiento: emergieron como alianzas instrumentales electorales para terminar con una hegemonía. Los primeros con la hegemonía de la dictadura y los segundos con la hegemonía del modelo neoliberal.  En este sentido, se trata de alianzas, de pactos, de acuerdos instrumentales que se organizan con un fin específico.

    Me interesa en esta oportunidad analizar el fenómeno particular del Frente Amplio, que ha generado altas expectativas sociales, pero que también a su poco andar ha provocado disputas y controversias entre sus propios líderes y mentores.

    Decía que como agrupación de partidos se identifican con la izquierda, con un cuestionamiento al modelo vigente, y con la exigencia de justicia social e igualdad.

    En sus principios señalan que aspiran a una sociedad democrática basada en derechos sociales, donde se supere el actual modelo neoliberal, que políticamente se transforme en una alternativa al duopolio, independiente del poder empresarial y con una fuerte convicción en la democracia participativa como instrumento de acción política.

    Todo lo anterior lo convierte en un proyecto político instrumental (terminar con el duopolio, acabar con el modelo neoliberal) pero todavía no se advierte un proyecto ideológico propiamente tal. Quizás dentro del Frente Amplio existen proyectos específicos, pero aquello no significa que como movimiento político tenga una identidad ideológica distintiva.

    Lo anterior es una gran fortaleza, porque permite una suficiente flexibilidad para incluir nuevos actores sociales, pero también su gran debilidad ya que tensiona constantemente a sus representantes respecto de cada definición que van tomando.

    Consideremos uno de los ejes o principios definidos por el propio Frente. Sostienen, “creemos que una sociedad de derechos sólo es posible superando el actual modelo económico neoliberal”.

    La pregunta inmediata es ¿qué significa superar el modelo económico neoliberal?

    ¿Significa sólo transformar la forma en que están organizados los derechos básicos de la sociedad como salud, educación, pensiones, vivienda, etc., adecuándolos a un modelo mixto privado/estatal?  

    ¿Acaso significa avanzar un poco más allá y estatizar todo lo referente a la provisión de ciertos servicios que afectan derechos sociales?

    Si el problema es el modelo económico neoliberal, entonces el asunto debiera llevarnos a pensar en asuntos clásicos como el capital y la propiedad. Algo de aquello se enunció en las propuestas programáticas de Mayol y Sánchez pero con recomendaciones que a lo más se ajustan a ideas socialdemócratas como la estatización de cierto porcentaje de empresas (¡No más del 20%!), el aumento de impuestos a los millonarios, el fortalecimiento de la negociación colectiva o el mayor peso del Estado en otorgar ciertos derechos sociales y facilitar la innovación y el desarrollo.

    Ningún representante del Frente Amplio al menos públicamente se ha declarado anti-capitalista, ha promovido una nueva reforma agraria (dada la alta concentración de la propiedad), o ha insistido en la estatización completa de las empresas estratégicas.

    Y aquí encontramos la gran paradoja del Frente Amplio, pretenden superar el actual modelo neoliberal manteniendo, hasta el momento, las bases de lo que constituye dicho modelo: la forma en que se organiza la sociedad basada en el capital, trabajo y propiedad se mantendría inalterada.

    Carlos Ruiz señalaba hace pocos días la carencia de un proyecto dentro del Frente Amplio, considerándolo todavía como una coalición electoral. Señalaba que todavía el Frente Amplio se mantenía anclado en los términos de la conversación hegemónicas. Daba como ejemplo esta lógica monetarista de tener que definir los proyectos en virtud de la responsabilidad fiscal, donde lo único sustentable era lo que presupuestariamente era viable (The Clinic, 3 de agosto).  Por ese camino se condenaba cualquier intento transformador porque no existiría la plata para hacerlo.

    Ahora bien, la definición de proyectos contra-hegemónicos ayudarían claramente a definir una identidad del colectivo. Los dotaría de una meta clara, un modelo de sociedad a la cual llegar. Es evidente que el Frente no ha definido aquella sociedad ideal a la que quiere llegar.

    No obstante, mientras más nítidas estas definiciones, menores serán las posibilidades de establecer alianzas, ampliar los espacios de influencia, y acceder al poder.

    En un sistema político y social tradicionalmente fragmentado, la única opción de gobernar es por la vía de posponer ciertos principios, negociar las diferencias y permitir la convivencia entre diferentes proyectos que se reúnen en torno a ciertos objetivos comunes.

    Lo que observamos hoy en el Frente Amplio es esta doble tensión que, por una parte busca generar cierta identidad de izquierda (con un proyecto anti neoliberal poco nítido hasta el momento), pero al mismo tiempo quiere conquistar espacios de poder mediante la conformación de alianzas que no necesariamente confluyen en el mismo ideario político.

    Un clásico dilema de pactos electorales que a menudo se entusiasman y quieren convertirse en proyectos ideológicos de transformación social.

    Ver en Cooperativa

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    El académico de la Escuela de Ciencia política, Claudio Fuentes, fue entrevistado por Publimetro respecto a la crisis que existe dentro de la Democracia Cristiana tras la aprobación de la lista parlamentaria que ratificó al diputado Ricardo Rincón como candidato y que generó que Carolina Goic evalúe su continuidad como candidata a la presidencia.

    Fuentes señaló en la entrevista que “más que una división ideológica es una ruptura vinculada a intereses específicos, relacionados principalmente a la elección parlamentaria y hasta qué punto la candidata puede sumar votos a las pretensiones de los candidatos”

    Ver en Publimetro

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    Claudio Fuentes, académico UDP, fue entrevistado por CNN Chile respecto a la crisis de la Democracia Cristiana y el futuro de esta.

    En la entrevista señaló que “La DC cayó en una serie de errores no forzados, lo que la lleva a tener el peor de los acuerdos electorales posibles”. En relación al conflicto interno de la Democracia Cristiana destaca que “el problema es que por un lado tienen un serio problema de liderazgo y segundo un timing de los próximos 21 días, que son muy dramáticos porque requieren mucha información”. “No es favorable para la DC tener una situación tan bochornosa como fue lo del fin de semana” finaliza el analista político.

    Ver en CNN Chile

    leer más
  • fernando-rosenblatt.jpg

    El profesor Fernando Rosenblatt es Doctor y Magíster en Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de la República, Uruguay. Es miembro de la red Evidence in Governance and Politics (EGAP) y sus áreas de interés van desde el estudio del involucramiento político y las organizaciones partidarias en América Latina, hasta temas de economía política. Desde el 2012 forma parte de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, cuyo Magíster en Política y Gobierno dirigió hasta el año 2014.

    ¿Cuáles son las fortalezas de la Escuela de Ciencia Política UDP?

    Este es un proyecto que ya lleva varios años y que ya está consolidado, absolutamente institucionalizado, con todos sus procedimientos y mecanismos totalmente claros. Eso hace que para mí asumir la dirección sea más sencillo porque no hay que inventar nada.

    Hay que proyectar hacia adelante nuevos desafíos, nuevos proyectos que puedan de alguna manera potenciar a nuestros estudiantes, nuestros egresados, y también consolidar la investigación y docencia de nuestros profesores – que ya están más que consolidados-.

    En ese sentido, yo creo que esa es la principal virtud de esta Escuela. Es una Escuela con profesores que efectivamente hacen investigación, que tienen proyectos de investigación de muy alto prestigio, de fondos internacionales y nacionales, que publican en los mejores lugares; y eso no hace que se descuide la licenciatura, eso es fundamental.

    Hay una sinergia muy importante entre el trabajo de investigación de nuestros académicos con la proyección de nuestros estudiantes de licenciatura, los que rápidamente se involucran en proyectos de investigación como ayudantes, que se involucran en la docencia también. De esa manera ellos pueden ver cuál es el oficio del cientista político en investigación.

    Nuestros estudiantes encuentran rápidamente un lugar que tiene mucha vitalidad, con académicos comprometidos con la docencia, con la investigación y con mucho compromiso institucional, lo que es un alivio para alguien que asume como director.

    Todos estamos trabajando por el desarrollo de la escuela, en sus distintas facetas y de distintos lugares, algunos con más énfasis en docencia, otros con más énfasis en gestión, otros en investigación.

    ¿Cómo se posiciona la Escuela para afrontar el próximo proceso de acreditación?

    Si bien es un trabajo complejo, que requiere de mucha concentración, esfuerzo y dedicación de toda la planta – de funcionarios y estudiantes – en pos de llevar adelante este proceso de autoevaluación, hay toda una institucionalidad que hace que todo el trabajo no sea todo lo terrible que podría ser si no hubiera una institucionalidad funcionando, seria, con memoria institucional, y lo más importante, el compromiso de todos de sacar esto adelante. Yo ya lo viví acreditando el Magíster en Política y Gobierno en el momento que lo dirigía.

    El proceso de acreditación no es simplemente una marca, es un proceso donde uno se detiene, se mira a sí mismo, evalúa el progreso y aquello que puede cambiar, que cosas hay que mejorar. De hecho, gracias al informe de autoevaluación anterior teníamos un plan de mejoras que se ha ido cumpliendo en diferentes grados y medidas según lo estipulado, y fue una hoja de ruta. Entonces, además de evaluar los últimos 7 años, el proceso de autoevaluación sirve para establecer una nueva hoja de ruta. 

    Insisto, para el proceso de acreditación anterior yo no estaba en la Escuela, pero yo ingreso cuando ya estaba terminado ese ciclo, y uno puede ver cómo año a año se fue siguiendo el plan de mejoras. El plan de mejoras es una guía que no es rígida, uno tiene que adaptarse a las transformaciones que pueden ocurrir, y eso lo hemos hecho también sin ningún drama.
    Desafíos hay miles, pero cuando tienes una base institucional tan sólida y un capital humano tan dedicado a la tarea, se simplifica mucho.

    ¿En qué proyectos de investigación está trabajando actualmente?

    En materia de investigación trabajo básicamente dos líneas. Por un lado una línea sobre organizaciones partidarias, partidos políticos en Chile, Uruguay y Costa Rica (esa fue mi tesis de doctorado), después de trabajar varios años en distintos proyectos que siguieron esa tesis. Publicaré un libro próximamente sobre este asunto.

    También tengo un proyecto Fondecyt donde trabajo distintos aspectos de las organizaciones partidarias, pero especialmente la relación entre activistas y organización, que paradójicamente es una de las áreas menos exploradas en el estudio de partidos políticos.

    Por otro lado, en los últimos años he trabajado con distintos colegas en diferentes proyectos con financiamiento internacional, en los que he participado como investigador asociado. Trabajamos sobre distintos problemas de economía política con metodología experimental.

    ¿Cómo es la relación entre los estudiantes de pregrado y la Escuela?


    Tenemos estudiantes que se han insertado muy exitosamente en programas de doctorado en las mejores universidades del mundo, por lo tanto suponemos que eso significará en un futuro a la incorporación a la vida académica. También estudiantes que se insertan en el mundo público, el estado, y que trabajan en el congreso, en municipalidades y organismos internacionales, y otro porcentaje también que trabaja en el mundo privado: consultoras, empresas de opinión pública, etc. Tenemos todos los perfiles, y creo que la formación que le brindamos a nuestros alumnos a nivel de licenciatura les permite esa inserción en todos esos lugares.

    Aprovecharemos la instancia de autoevaluación y de acreditación para proyectar para los próximos años la escuela y licenciatura, la que es nuestra base primordial.

    Es importante para un contexto de América Latina donde son tantas las universidades donde no hay carrera académica estable, sólida, previsible, con reglas claras, y tener un lugar como la UDP donde hay una carrera académica clara, con lineamiento, libertad de cátedra, con todas esas garantías, hace que invertir en tu vida académica tenga sentido.

    Yo creo que esta es parte de la explicación del por qué tenemos una carrera académica tan productiva y tan dedicada a la escuela, porque hay una estructura institucional que te asegura la inversión que estás haciendo.


    Hoy en día uno puede decir que de a poco se va viendo identidad en la Escuela de Ciencia Política UDP, que va muy en línea con el de la Universidad, es decir, mucha preocupación por lo público y no ser académicos preocupados de cosas que no le importan a nadie o que no tienen incidencia en la vida cotidiana, abocado a la público.

    En la planta académica de la Escuela de Ciencia Política hay varios que somos extranjeros. Yo creo que eso enriquece mucho, y a su vez lo que podemos decir del vínculo de nuestros académicos con otros académicos, productos de la calidad de su investigación, que redunda en que esos académicos vengan a Chile financiados por nuestros proyectos, y que eso implica que nuestros estudiantes de licenciatura o doctorado  tengan la posibilidad constante de estar con los académicos más destacados en Ciencia Política.

    Ver en ICSO

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    Existe una paradójica situación en el sector defensa; las coaliciones de Chile Vamos y la Nueva Mayoría han manifestado el mismo interés por reformar aspectos críticos de dicho sector y, sin embargo, nada de ello ha ocurrido.

    Veamos los puntos de acuerdo. En la propuesta programática de Sebastián Piñera de 2009 se planteaba, entre otras, la necesidad de sustituir la ley reservada del cobre, reformar el fuero de la justicia militar, reformar la carrera militar y el sistema previsional militar para eliminar “descuentos previsionales que no se justifican”, y la modernización de la industria militar.

    En el programa de Bachelet de 2013 se planteaban, entre otras medidas, la necesidad de fortalecer el mando del Jefe de Estado Mayor Conjunto, derogar la ley reservada del cobre, reformar las competencias de la justicia militar, modernizar la carrera militar para terminar con las “distorsiones previsionales”, y fortalecer las auditorías ministeriales internas de control de la gestión.

    Así, gobiernos de derecha y centro-izquierda concuerdan el revisar la ley reservada del cobre, extender la carrera militar, reformar la justicia militar, mejorar los sistemas de control y gestión interna y revisar el sistema de pensiones de los militares.

    Ahora bien, en los últimos años se han generado escándalos en las fuerzas armadas precisamente en los temas asociados a la agenda recién descrita: ausencia de controles y mal uso de recursos provenientes de la ley reservada del cobre (milicogate),  irregularidades en el sistema de pensiones (jubilazos), y ahora nos enteramos de varios cientos de ex uniformados recontratados por las instituciones castrenses ( recontrataciones).

    La teoría nos dice que habrá reformas cuando existe acuerdo entre los actores y cuando se producen escándalos significativos que movilizan a los actores a cambiar el status quo. Pese a que ambas condiciones están presentes en la agenda de Defensa, advertimos un total y completo inmovilismo en el sector.

    Los notorios escándalos no han estimulado a que las autoridades de gobierno hayan presentado iniciativas legislativas en relación a suprimir la ley del cobre, modificar la carrera militar para reducir los costos del sistema de pensiones militares, revisar los procedimientos de control interno para evitar abusos, modificar la ley de justicia militar, etc.

    ¿Cómo explicamos entonces que la ecuación Acuerdo político + graves escándalos no se traduzca en una acción política que modifique el status quo?

    Sugerimos cuatro hipótesis.

    1) Como desde el punto de vista politológico, las fuerzas armadas pueden considerar un “grupo de interés”, se podría plantear como hipótesis que ellas ejercen influencia informal para detener eventuales reformas. Sin embargo, esto que podría ser verdad al inicio de la transición, resulta menos verosímil a 27 años de la misma. Es factible que hagan lobby, pero es muy poco plausible que a estas alturas tengan la capacidad de frenar cualquier intento reformador.

    2) Una segunda alternativa es cooptación. Esto es, que las autoridades políticas simplemente actúen bajo el interés de querer preservar los privilegios y opacidad del sector defensa. Esta hipótesis también es poco probable dado que a la fecha, no existen indicios de este tipo de relacionamiento.

    3) Otra opción es que las reformas al sector Defensa son tan costosas en el corto plazo que los analistas económicos del gobierno prefieren no realizar aquel esfuerzo. Como tampoco existen grupos de presión que estén insistiendo en estas reformas, el esfuerzo de Hacienda se centra en aquellos ámbitos que hacen más “ruido” en el corto plazo: salud, educación, pensiones. En esta hipótesis, lo que estaría sucediendo es una disputa interna en virtud de una serie de urgencias legislativas que requieren de financiamiento, lo que sin duda resulta más plausible.

    4) Una cuarta opción es pese a que existe conciencia entre los actores políticos respecto de los ámbitos críticos a reformar (mando ministerial, financiamiento, pensiones, carrera militar, justicia militar, Estado Mayor Conjunto), ningún actor político ha percibido todavía el beneficio político que tendría dinamizar esta agenda.

    Para muchos congresistas el atender estos temas implica un alto costo y pocas ganancias frente al electorado. Ahora bien, quizás estemos llegando a un punto crítico donde son tantos los abusos que ocurren en el sector defensa que la ciudadanía podría comenzar a percibir los beneficios de realizar una reforma a dicho sector. En definitiva,  si los actores políticos logran vincular la reforma al Sector Defensa con beneficios sociales, probablemente se abrirán oportunidades para una eventual transformación.

    El inmovilismo en defensa requiere una explicación. Existe consenso en la agenda, se evidencian escándalos que activan la necesidad de las reformas y, sin embargo, no se movilizan los recursos del Estado para cambiar el status quo institucional de la Defensa. Lo lamentable de todo esto es que llegará un nuevo gobierno y la agenda seguirá siendo más o menos idéntica que la de hace 27 años: eliminar la ley reservada del cobre, incrementar los controles civiles de gestión, reformar la justicia militar, extender la carrera militar, y modificar el sistema de pensiones.

    Ver en Cooperativa

    leer más
  • Carlos Meléndez.jpeg

    La legislación peruana es tan inconsistente que la línea que separa a un partido político de una “organización criminal para el lavado de activos” es visible para el experto en legislación electoral, no para el aprendiz de político. Humala y Heredia nunca dejaron de ser amateurs en estos menesteres.

    El día que Ollanta Humala se sublevó contra el moribundo gobierno de Alberto Fujimori en octubre del 2000 quizás no imaginó que 17 años después terminarían en celdas conjuntas en un centro de reclusión para quienes ostentaron la banda presidencial. Solo dos, por ahora. (El Estado peruano ha solicitado a Estados Unidos la extradición de Alejandro Toledo por un presunto soborno de 20 millones de dólares de la empresa Odebrecht; la Fiscalía peruana investiga cohechos en la construcción del Metro de Lima durante el gobierno de Alan García). En un país polarizado a favor y en contra del fujimorismo, encontramos al líder fundador de este movimiento y al representante político más exitoso de quienes rechazan este legado, separados por una pared bajo un mismo encierro.

    Desde el primer día de su carrera política –aquel levantamiento militar en Locumba, al sur de Perú-, Ollanta Humala se puso la camiseta de antifujimorista. Al comienzo temido como remake de Velasco Alvarado –dictador peruano que llevó a cabo reformas anti-oligárquicas como la agraria a principios de los 1970- o una versión “mini me” del venezolano Hugo Chávez, dos campañas presidenciales lograron el aggiornamento. En la primera, el 2006, fue vencido en el ballotage por el experimentado Alan García quien estratégicamente lo asoció como parte del plan expansionista del chavismo hacia el Pacífico. En la segunda, el 2011, se enfrentó a la hija mayor de Alberto Fujimori, Keiko. “Es una elección entre el cáncer y el sida”, dijo Mario Vargas Llosa en el inicio de dicha campaña, pero al final fungió de “garante” –conjuntamente con otros miembros de la élite limeña- al excomandante. (“No me arrepiento”, señaló hace unos meses). Así, Humala se consagraría como la máxima expresión política del antifujimorismo.

    Ollanta Humala gozó de la más extensa “luna de miel” de algún mandatario peruano desde el retorno a la democracia el 2001. Hacia el tercer año de su gobierno, sus índices de aprobación popular cercaban el 40%, cifras auspiciosas para la desafecta opinión pública peruana. Pero un personaje de su entorno gozaba incluso de mayor apoyo: su esposa, confidente, vocera y operadora política Nadine Heredia. La ex Primera Dama jugó un papel clave en el crecimiento político del proyecto nacionalista. No se trataba solo de una compañera sentimental, sino de una socia política. Podemos resumir el Partido Nacionalista Peruano como un emprendimiento conyugal que replicó los males estructurales de la sociedad peruana: la informalidad. Dos novatos en política, fueron aprendiendo los gajes del oficio en una extensa zona gris donde los errores y los delitos se confunden, la inocencia y la malicia se imbrican. ¿De dónde sale el dinero para construir un partido político? ¿Se declaran formalmente –o no- los donativos provenientes del gobierno venezolano (2006) y el apoyo “ideológico” (sic) del Partido de los Trabajadores de Brasil (2011)? La legislación peruana es tan inconsistente que la línea que separa a un partido político de una “organización criminal para el lavado de activos” es visible para el experto en legislación electoral, no para el aprendiz de político. Humala y Heredia nunca dejaron de ser amateurs en estos menesteres.

    La corrupción que se investiga a la pareja Humala-Heredia –hoy encarcelados bajo orden de prisión preventiva- no tiene punto de comparación con la encontrada al gobierno de Alberto Fujimori. Sin embargo, quienes prometieron “honestidad para hacer la diferencia” han engrosado ser “más del montón” de esa clase política que usufructúa con los votos de millones de electores, en pos del beneficio propio. Para los peruanos esta no es la primera desilusión; tampoco será la última.

    Ver en The Clinic

    leer más
  • Pasó casi inadvertido en los debates de primarias, y sin embargo refleja una de las discusiones más sustantivas que enfrentaremos este año. Me refiero a la centralidad del mercado en nuestras relaciones sociales.

    El diálogo ocurrió en un programa organizado por Chilevisión/CNN. Luego que una señora explicara el problema de los “ghettos” verticales de la comuna de Estación Central, el periodista le preguntó al ex presidente Sebastián Piñera si tenía un plan concreto para que gente de clase media, alta y baja pudiese convivir.

    Piñera. Definitivamente. La inclusión social es beneficiosa para todos, para la gente de clase baja, media y alta. ¿Qué pasó en Chile? En la década de los 70s, 80s se produjo una erradicación masiva en los barrios más favorecidos y se localizaron en la periferia de Santiago. Sin los servicios, sin los sistemas de transporte, sin las escuelas. Y eso produjo una verdadera segregación. Lo que nosotros vamos a hacer y lo empezamos a hacer durante nuestro gobierno, es promover que los proyectos de desarrollo urbano, edificios, tengan departamentos de un valor, pero también tengan departamentos.

    Periodista. Perdón, pero ¿dónde se hizo eso? ¿Durante su gobierno dónde construyó un edificio de Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea donde se premiara a la inmobiliaria por tener personas de estratos socioeconómicos distintos?

    Piñera. Por ejemplo, en la comuna de Lo Barnechea se construyeron, …donde antes había edificios para personas de muy altos ingresos se construyeron muchos edificios en que convivían sectores de ingreso medio-altos con sectores de ingreso medio-bajos y eso permite la integración ¿por qué es buena la integración?

    Periodista. Perdón, ¿Ud. en su barrio le gustaría tener un edificio donde conviviera gente de distintos estratos socioeconómicos? Estamos hablando de uno de los barrios más caros de Santiago, San Damián.

    Piñera: Bueno, es posible que no en todos los barrios se pueda producir esto.

    (Murmullos en la sala, pifias).

    Periodista. ¿Por qué no se puede producir esto?

    Piñera. Es posible que no en todos los barrios se pueda producir esto.

    Periodista. O sea, ¿en algunos barrios sí y en otros no? no entiendo.

    Piñera. No, no, es posible que no en todos los barrios se pueda producir esto.

    Periodista. ¿Por el valor del metro cuadrado?

    Piñera. Por el valor del metro cuadrado.

    El ex presidente Piñera nos señala que la integración social encuentra su límite en la posibilidad material de comprar terrenos para producir la tan anhelada integración social. Así las cosas, la integración dependerá del precio y como en los sectores más acomodados dicho precio es inalcanzable, entonces la integración procede en cualquier lugar menos allí.

    Bajo esta lógica de razonamiento, sería natural esperar el proceso inverso de lo que hoy sucede en la ciudad donde se forman ghettos en los barrios donde el precio de los terrenos es más bajo.

    La política de integración social produciría una (sana) convivencia en todas partes menos en lugares como San Damián. Irónicamente, los sectores privilegiados se convertirían en verdaderos ghettos alejados de este otro mundo integrado. El ex presidente nos está diciendo: intégrense ustedes, aquello es imposible que suceda en mi patio trasero.

    La cuestión de fondo aquí es la “mercantilización” de nuestras relaciones sociales. Si el mercado (los precios) regulan todas y cada una de las esferas de lo pública y social, la segregación será el resultado insoslayable para estas relaciones sociales.

    De ahí que el proyecto socialdemócrata, no el socialista soviético, sino que el socialdemócrata europeo, planteó desde muy temprano la necesidad de “desmercantilizar” las políticas públicas de modo de aspirar un mínimo de integración social.

    Si la sociedad se rige exclusivamente por los principios del mercado (por los precios o valores asignados a los servicios), entonces resultará inevitable la división entre los que tienen muchos recursos para comprar educación, viviendas, salud, pensiones, cultura, transporte, y quienes no tienen aquella posibilidad.

    Pero el argumento no solo se refiere a la adquisición individual de ciertos bienes y servicios, sino que además implica que al regularse todas las relaciones sociales por las normas del mercado el resultado esperable, ineludible, será la segregación.

    Dado que vivimos en ciudades de mercado, no es casualidad en los barrios periféricos (es decir, alejados de los sectores acomodados) se instalen cárceles, basurales, industrias contaminantes y bodegas industriales. Sin mediar regulaciones, la ciudades de mercado van estructurando verdaderos mundos o ghettos de alto y bajo buen vivir.

    El ex presidente Piñera no esconde esta inevitabilidad. Nos señala que su aspiración es integrar a todos los sectores menos a su barrio pues no correspondería intervenir las inmutables leyes del mercado.

    El asunto no es trivial dado que nos plantea la pregunta más de fondo que tenemos por estos días. ¿Puede o debe el Estado jugar un rol regulando las relaciones sociales? ¿Procede “desmercantilizar” las relaciones sociales de modo de favorecer políticas inclusivas?

    Hay quienes sostienen que debemos dejar que las fuerzas del mercado operen y que en la medida en que los sectores menos acomodados adquieran mejores salarios, mejor educación, podrán comprarse una casa, o tal vez un departamento, en San Damián.  Otros sostienen que de no mediar la acción directa del Estado en regular los distintos mercados (salud, educación, vivienda, cultura, etc.) no será posible cumplir con la aspiración de esta tan mentada inclusión.

    El debate sobre Estado/mercado es muy antiguo y de fuerte connotación ideológica, pero adquiere vital relevancia por estos días cuando lo que está en juego es el modo en que queremos convivir.

    Entonces, si las leyes del mercado nos condenan a la segmentación, la interrogante fundamental es si queremos regular y hasta qué punto se regulará la mercantilización de las relaciones sociales. Y ya sabemos que algunos dirán, “no gracias, no en mi patio trasero”.

    leer más
  • Alfredo Joignant 2.jpg

    Los chilenos no son apáticos, salen a manifestarse bastante seguido por cientos de razones distintas a lo largo de todo el país y en la mayoría de las protestas no hay actos violentos ni represión policial. Esas son algunas de las conclusiones de una investigación realizada por el recién creado Observatorio de Conflicto-COES que se va a dar a conocer la semana que viene. 

    En la última década, el uso del espacio público como un gran escenario para protestar, promover ideas, rechazar políticas y proyectos estatales o privados se ha intensificado y junto con eso se han ampliado las formas para expresarse colectivamente. El recién creado Observatorio de Conflictos del COES quiso averiguar para qué están usando los chilenos la calle, con qué grado de violencia se están manifestando y si hay un hilo conductor que motive estas acciones, estudio que va a dar a conocer el miércoles en un informe llamado ‘Conflicto social en Chile 2015-2016: disputando mitos’, precisamente porque tiene algunas sorpresas.

    Un equipo de varios investigadores del COES liderados por el urbanista Matías Garretón y el cientista político Alfredo Joignant, rastreó las ‘acciones contenciosas’, que incluyen marchas, movilizaciones, bloqueos de caminos, tomas de edificios y espacios públicos, huelgas, barricadas e incluso algunas acciones de protesta individuales, ocurridas en los años 2015 y 2016 que fueron cubiertas por los medios. En esos 731 días se encontraron con 4.033 episodios de conflicto, los que, de acuerdo al estudio, ocurrieron con cada vez más frecuencia a lo largo del período.

    La investigación quiere ayudar a formar una imagen más precisa de cuáles son los focos de conflictividad en el país y confirma que manifestarse es hoy una práctica recurrente. Para el equipo, eso significa que la idea de que los chilenos somos apáticos tiene poco asidero y que se observa una ‘búsqueda de otras formas de incidencia en la opinión y políticas públicas’ distintas a la participación electoral. De hecho, tal como explica Matías Garretón, hay una tendencia que muestra que existe un efecto compensatorio entre participación electoral y salir a la calle, es decir, ‘mientras menos voto, más me movilizo’.

    Todos pueden
    Es bastante probable que la muestra analizada no abarque todas las manifestaciones ocurridas en los dos últimos años, ya que se basa en las noticias publicadas en distintos medios que por razones editoriales o por su alcance no necesariamente cubren cada episodio. Para reducir ese sesgo el equipo no sólo analizó los diarios llamados nacionales -como éste-, sino que amplió su base e incluyó a la Radio Bío-Bío y 15 diarios regionales, lo que fue una buena decisión porque se demostró que estas publicaciones efectivamente reportan manifestaciones que no aparecen en las demás.

    Probablemente eso contribuyó a mostrar que salir a protestar es una situación extendida en el territorio: en los dos años estudiados hubo al menos una manifestación en 242 de las 365 comunas de Chile, aunque estas varían mucho en tamaño e intensidad (ver gráfico). El 58 por ciento de los episodios recopilados se dieron en las grandes ciudades y capitales regionales, lo que es esperable ya que es ahí donde se concentra la gente y la atención de los medios. El tamaño de la población de un lugar es entonces, la variable que más incrementa la posibilidad de que ocurran situaciones de conflicto y por eso mismo, las manifestaciones en Santiago, la ciudad con más habitantes del país, son las más multitudinarias. Pero eso no significa que quienes viven en la capital sean más conflictivos que el resto, sino simplemente que son más. ‘El número de conflictos por habitante es tres veces menor en el Gran Santiago que en el resto del país, aunque la ocurrencia de acciones excepcionalmente numerosas compensa lo anterior’, explica el informe.

    Por eso, dicen los investigadores, la idea de ‘Santiago como capital del conflicto’ no se sustenta completamente y también se observa una fuerte conflictividad en zonas poco pobladas y extremas, en particular en las regiones de Aysén y Magallanes.

    Otros aspectos que destaca el informe es que los grupos que se movilizan con mayor frecuencia son los que pertenecen ‘a las clases medias emergentes que viven en ciudades donde hay elites o alta concentración de riqueza’, dice Garretón. Para movilizarse se necesitan recursos -tiempo, redes, movilización- de las que los segmentos bajos carecen, explica Joignant, quien luego agrega: ‘Por eso no vemos marchas de pobres en Chile’. La excepción a la regla que se cumple en casi todo el territorio es el área del Biobío y La Araucanía, donde se desarrolla el conflicto mapuche, en la que la pobreza está asociada con la confrontación histórica entre el Estado y la población indígena que en esa zona sí está movilizada.

    Compitiendo por la calle
    De acuerdo al reporte, en los últimos dos años los chilenos encontraron trescientos motivos distintos para salir a protestar, los que fueron organizados en cinco grupos por los investigadores: los conflictos salariales o sindicales; los que apuntan a la provisión de servicios y bienes, públicos o privados; los de carácter ideológico o de orden valórico; los conflictos de tipo ambiental y, por último, todas las manifestaciones y episodios que apuntan a reformas del sistema de pensiones (ver gráfico).

    Si se miden por cantidad de eventos que provocaron, las manifestaciones laborales como las huelgas están en primer lugar y en la mayoría de los casos sus demandas apuntan a lograr mejoras en los sueldos (48 por ciento) y en las condiciones de trabajo (21 por ciento). Pero si se miden en cambio cuáles fueron las manifestaciones que congregaron más gente, domina el grupo de las que demandan bienes y servicios, en las que la educación tiene un lugar significativo, aunque también destacan las multitudinarias protestas contra el sistema de pensiones, agrupadas principalmente bajo la organización No +AFP.

    ‘En lo esencial uno ve que los conflictos que más movilizan y crecen son los que se mueven por causa de la naturaleza del modelo’, dice Joignant, quien de todos modos aclara que ‘no estamos hablando de un mismo hilo conductor para todas las cosas. No hay una causa de inicio común, y las manifestaciones están gatilladas por distintas cosas. Sí se pueden producir conexiones. Por ejemplo, el conflicto estudiantil escaló y se vincula con demandas por reformas políticas y hoy es portador además de un reclamo de cambio de Constitución’.

    La existencia de esta diversidad de demandas y la irrupción de movimientos nuevos significa que actualmente hay distintos intereses compitiendo por llevar gente a la calle y eso, entre otras cosas, implica que los estudiantes hoy no son los actores principales de la movilización social. Este grupo sin duda tiene un gran poder de convocatoria, pero su actividad se concentra en la Región Metropolitana y aparece además como un sector más encerrado en sí mismo. ‘El mito del protagonismo estudiantil indiscutido en la movilización social es falso, ya que los espectaculares volúmenes de participación que alcanzan en forma esporádica y principalmente en el Gran Santiago no se condicen con su escaso impacto e interacción con otros tipos de movilización, mucho más frecuentes y constantes en el tiempo, o incluso más masivas, espectaculares y transversales a distintos territorios y grupos etarios, como en el caso de No + AFP’, plantea el informe.

    Por su masividad y porque aparece explosivamente, el estudio le dedica un capítulo a las movilizaciones contra el sistema de pensiones, en el que el sociólogo y académico de la Universidad Central Ismael Puga muestra cómo pasan de ser prácticamente inexistentes en 2015 a un peak de 68 episodios en noviembre del año pasado. Junto con eso se ve de qué manera van concitando el interés de nuevos grupos y segmentos y se expanden geográficamente al punto de terminar con la manifestación más grande de los últimos años, al mismo tiempo que empiezan a verse algunas medidas más radicales como cortes de rutas y carreteras.

    Distinto es lo que ocurre en el caso de las manifestaciones asociadas a género y diversidad sexual. No obstante el creciente interés que estos temas están teniendo en los medios, a nivel nacional e internacional, y de que hay proyectos afines en discusión, en 2015 y 2016 los eventos asociados a estos temas sólo representan el 1,5 por ciento del total. ‘A pesar de la existencia de importantes brechas de género en salarios y participación política, esto no se ha manifestado en la forma de una protesta’, plantea la economista y profesora de la Universidad de Chile Valentina Paredes en el informe. De todos modos es importante consignar que el año pasado cerró con la protesta Ni una Menos que combate la violencia contra las mujeres y que congregó a más de 50 mil personas en Santiago y otras ciudades del país. Está por verse si fue un hecho aislado o el inicio de un nuevo foco de conflicto.

    Otro caso que recalcan los investigadores es el de las protestas medioambientales y los conflictos entre comunidades y empresas extractivas. Este es un frente minoritario en número de eventos y de participantes, pero aun así tiene mucha visibilidad y es altamente efectivo ya que ha logrado paralizar inversiones o incidir en leyes, lo que demuestra que frecuencia y masividad no son sinónimos ni condiciones para obtener resultados.

    Sin pelear
    ‘Hoy sabemos que hay bastante menos violencia en los eventos contenciosos a los que estamos expuestos a través de los medios que lo que uno piensa’, dice Alfredo Joignant sobre uno de los resultados que más le llamó la atención del estudio. En general las movilizaciones usan distintos mecanismos para protestar. El estudio plantea que pese a que los medios muchas veces les dan bastante visibilidad a los actos agresivos y destructivos, ‘sólo en el 12 por ciento de las acciones registradas en los dos años de observación fue posible constatar el despliegue de tácticas violentas por parte del grupo que reclama, y en la misma proporción se observa represión activa de fuerzas policiales’, dice el informe en el que los investigadores también sostienen que los casos de represión policial tienen a darse predominantemente en las manifestaciones multitudinarias más que como una respuesta a actos de violencia.

    Pacíficas o no, un aspecto muy importante es que el estudio muestra que la mayoría de las manifestaciones no son espontáneas sino que son acciones coordinadas. Así por ejemplo, en el 58 por ciento de los más de cuatro mil episodios analizados hubo al menos una organización formal involucrada, lo que además no descarta que puedan haber existido otras de carácter más informal. ‘Es decir, esa cifra es probablemente sólo la punta del iceberg’, dice Matías Garretón, quien explica que esos grupos posiblemente contribuyen a oficializar y expandir un conflicto social, lo que se puede ver en el caso de la protesta No + AFP. Pese a que a simple vista pareció algo espontáneo al rastrear ese movimiento, Ismael Puga pudo identificar varias organizaciones que se empiezan a vincular y contribuyen a ir ampliando la convocatoria y resonancia. ‘Hay un proceso de aprendizaje que se ha dado en torno a las movilizaciones y una red de activistas que no es espontánea. En la coordinadora No + AFP hay organizaciones involucradas que vienen participando en distintos conflictos desde hace por lo menos 10 años y van construyendo redes. Si bien en Chile no hay un conflicto que articule a todos los demás, existen vínculos super fuertes y trenzados de movimientos sociales’, explica Puga. Esto, dice por su parte Garretón, ‘confirma que los chilenos, lejos de ser apáticos, están aprendiendo a manifestarse colectivamente por mecanismos no institucionales, los que a veces pueden ser más eficaces para hacer valer sus demandas lo que sugiere que nuestras instituciones no están acogiendo expectativas emergentes’. Algo que habría que tener en cuenta en un año electoral.

    Ver en La Tercera

    leer más
  • Rossana Castiglioni.jpg

    Desde hace algún tiempo, diversos académicos, políticos y activistas se han referido a los retos que Chile enfrenta en el ámbito de la representación democrática. Los chilenos y chilenas votan cada vez menos, confían poco en las instituciones representativas y crecientemente apelan a la protesta social para manifestar su descontento.

    Muchos señalan que el desencanto es generalizado y que excede al caso chileno. Así, el paradigma de democracia representativa que conocemos se estaría agotando en varios países de América Latina.

    Sin embargo, la evidencia no es tan contundente. Nunca antes en la historia de la región tantos países fueron democráticos. De hecho, en 1980 solamente tres países eran democráticos, pero hoy la democracia es más la regla que la excepción. Más allá de los retroceso en algunos países, las libertades civiles y los derechos políticos han experimentado notorios avances.

    Por otro lado, si analizamos la evolución de la participación electoral en América Latina, el panorama es mayormente positivo. En los últimos 20 años, la participación se ha mantenido más o menos estable e incluso ha aumentado en algunos países, con algunas subas notorias, como la de guatemala.

    Hay solamente dos países que se escapan a este patrón. Costa Rica y Chile. En el primero, la participación electoral cayó un 8% y, en nuestro país, la caída en los últimos 20 años ha sido de un 35%. Sí, leyó bien, un 35%. No se necesita ser un experto para concluir que en este ámbito Chile se escapa con creces de la norma.

    ¿Podemos afirmar , entonces, que nuestro país enfrenta una crisis de representación democrática? Aún no. Por muy desalentador que sea el panorama, de acuerdo a la última Encuesta Nacional UDP, tan solo el 13% de las y los chilenos rechazan de manera sistemática la opción de dar su voto a candidatos de los principales conglomerados políticos. Este grupo, al que podría seducirle la idea de votar por outsiders con un discurso anti establishment, es demasiado pequeño como para producir quiebres en el sistema político.

    Chile enfrenta desafíos crecientes en el ámbito de la representación, pero no está en crisis, al menos por por ahora. Sortear este escenario dependerá de la capacidad de la clase política de adaptarse a una sociedad cambiante y de adoptar medidas que alienten y faciliten la participación.

    Ver en El Diario de Atacama

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    El Frente Amplio (FA) concentró el 71% de su votación en Santiago y Valparaíso, por lo tanto, para crecer tiene que salir a regiones y llegar a sectores más populares. Esa es la premisa desde la que parte el profesor de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales(UDP), Claudio Fuentes, para analizar el resultado de este referente en la primaria del domingo, donde obtuvo más de 320 mil votos. Mucho menos de los 500 mil que ellos mismos habían proyectado.

    Así y todo, Fuentes, contrario a la tendencia que cuestiona su capacidad de movilización, cree que al “frenteamplismo” le fue bien porque se trata de un referente nuevo, con menos de seis meses, que con pocos recursos y contra el tiempo se instaló como tercera fuerza

    .A la hora de la suma y resta, el académico considera que el proceso electoral del domingo fue un éxito. “Independientemente de la mala calidad de los debates, de todas las críticas que se hicieron en uno u otro sentido, creo que, al final del día, al movilizar a un millón 800 ambas coaliciones salieron fortalecidas”.

    – ¿Por qué fue a votar tanta gente por Chile Vamos?-

    Para la expectativa que había respecto al mal debate, a las críticas a los partidos políticos y la final de la Copa Confederaciones, la participación fue muy alta en general. Y en el caso de Chile Vamos, efectivamente movilizó más de lo esperado. Mucho más que en la primaria del 2013 y con un electorado que posiciona muy bien a Sebastián Piñera con la primera preferencia, porque su candidatura parte de una base muy sólida. Ahora, efectivamente hay un electorado base de la derecha y que claramente se movilizó en esta oportunidad.

    – ¿Existe alguna explicación?-

    Puede tener distintas causas, no lo sabemos con exactitud. Una puede ser el miedo a Ossandón, a esto de tener a alguien que pudiera romper el paradigma clásico de la derecha; el temor a la crítica del modelo; pero también creo que influyó mucho que la derecha, históricamente, tiene una base de apoyo que es capaz de movilizar; son vínculos clientelares o de relación muy antiguos que se movilizan.

    – Sebastián Piñera sacó 800 mil votos y casi un 59%. ¿Qué le parece el porcentaje? ¿Es suficiente?-

    Es bastante bueno, habla de una cierta diversidad de la derecha. Y lo que pasó al día siguiente de la primaria, donde se mostró que ahora son todos amigos nuevamente, habla de un pragmatismo en la derecha basado en la necesidad que tiene Piñera de negociar, tanto con Ossandón como con Kast, porque sabe que va a haber una final muy apretada y que va a ser muy estrecho el resultado final. Por lo tanto, Piñera requiere de cada uno de los votos de la derecha, más algo del centro político.

    – A su juicio, ¿salió fortalecido de este proceso?-

    Totalmente. Piñera es el gran ganador de este proceso. Fue una apuesta donde él tenía que movilizar mucha gente y lo logró, además de ganar con una amplia diferencia y eso también lo consiguió.

    – ¿No es una victoria relativa?-

    No. Yo creo que no, creo que Piñera tiene mucho por que alegrarse después de esta primaria.

    Frente amplio
    – Se esperaba que el Frente Amplio movilizara más gente. ¿Cómo interpreta el comportamiento de este electorado que es bastante más ideologizado?-

    En general, la primaria moviliza a un grupo menor del que va a desplazarse en la elección final. Y si para la elección de Piñera se movilizaron tres millones y ahora se movilizó un millón 400 mil, si se aplica la misma lógica, el caudal de movilización de los concejales del Frente Amplio se acerca a los 300 mil votos. Por lo tanto, lo que hizo el Frente Amplio fue movilizar a un nicho electoral que es de izquierda y lo que no logró hacer fue romper esa barrera y movilizar a concertacionistas de izquierda que están descontentos. A esos no los logró movilizar. Y desde ese punto de vista no le fue mal porque responde a un nicho. Pero para sus pretensiones y para lo que habíamos visto del Frente Amplio, que se define como una alternativa de poder, todavía le falta mucho.

    – ¿Por qué?-

    Por varias razones. La primera es que el Frente Amplio está muy concentrado en Santiago y Valparaíso, ya que el 71% de la votación que obtuvo está en esa zona; segundo, no logra movilizar a sectores populares, le cuesta mucho penetrar ahí y su foco está más en sectores medios y en comunas como Santiago o Ñuñoa, que es donde mayor peso tuvo; y en tercer lugar, su discurso político todavía está enfrascado, encerrado o encapsulado en un electorado de izquierda. La pregunta es que si se quiere mover y capturar algo de un voto más moderado.

    – ¿Estamos hablando, entonces, de un electorado algo elítico?-

    La verdad es que el Frente Amplio es menos elítico de lo que pensábamos. Cuando uno analiza cuáles son las comunas donde le fue mejor están Santiago, Ñuñoa, Valparaíso, Maipú, y se da cuenta de que no es tan elitista como uno pensaba. No todos están en Providencia o Las Condes, pero en regiones no está muy presente, aparte de Valparaíso, y les falta una expansión mayor hacia grupos sociales más allá de una clase media informada.Desafío de sánchez

    – Sánchez duplicó a Mayol, que era el que tenía el discurso más duro. ¿Fracasó Beatriz Sánchez al no poder capturar a un electorado más ciudadano y salirse de una votación tan de izquierda?-

    El concepto de fracaso para una coalición que lleva menos de seis meses y que logró reunir 200 mil votos es relativo. Desde el punto de vista del poco tiempo que llevan instalándose, de lo poco conocida que era Beatriz Sánchez hace tres meses, llegar a 200 mil votos no es malo. Además, este es un voto muy ideológico, por lo tanto, en las presidenciales va a obtener más votos. Lo que pasa es que como no estaba la Nueva Mayoría compitiendo, se pensó que podía movilizar a sectores de la Nueva Mayoría y parece que eso no lo logró. La pregunta para Beatriz Sánchez, ahora que está consolidada y logró su objetivo de ganar la elección y por una diferencia importante, es ¿hasta qué punto ella puede entrar a disputar el voto de la Nueva Mayoría? Ese va a ser su gran desafío y la gran interrogante.- ¿Entonces criticar al Frente Amplio por no haber podido movilizar más es infundado?- No me parece mal dado el corto tiempo que ha tenido el Frente Amplio para hacer todo lo que ha hecho y a contramarcha y con muy pocos recursos pensando que Piñera gastó sobre 400 millones de pesos y el Frente Amplio en total debe haber gastado 20 millones. Con una limitada cantidad de recursos creo que el esfuerzo-voto- recurso es muy favorable al Frente Amplio.

    – ¿Es la Nueva Mayoría la gran perdedora de la primaria por ausencia?-

    Sí, yo creo que sí. Electoralmente el ejercicio de la primaria ayuda a establecer un clima con miras a la elección definitiva y, segundo, ayuda a instalar ciertos temas. La historia hubiera sido muy distinta si hubiéramos tenido una franja y debate de la Nueva Mayoría con Ricardo Lagos, Alejandro Guillier, Carolina Goic, José Miguel Insulza… A mi juicio, en esta vuelta la Nueva Mayoría fue una perdedora. “La pregunta para Beatriz Sánchez, ahora que está consolidada y logró ganar por una diferencia importante, es ¿hasta qué punto está dispuesta a entrar a disputar el voto de la NM? Esa va a ser la gran interrogante” “La historia hubiera sido muy distinta si hubiéramos tenido una franja y debate de la Nueva Mayoría con Ricardo Lagos, Alejandro Guillier, Carolina Goic, José Miguel Insulza… A mi juicio, en esta vuelta la Nueva Mayoría fue una perdedora””

    Ver en El Mercurio de Valparaíso

    leer más
  • Alfredo Joignant 2.jpg

    Alfredo Joignant, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP, participó en el programa 1era Edición de Tele13 Radio las elecciones primarias realizadas el pasado domingo y la actualidad política del país.

    “Considero que esta primaria fue un extraordinario éxito electoral, un fenómeno que se quiebra de cierta forma una tendencia hacia el extensionismo creciente y, convengamos, que esto es un éxito rotundo de Chile Vamos. Decir otra cosa es absurdo. Quiero poner en perspectiva esto”.

    “Queda en evidencia el error de la Nueva Mayoría de  no haber generado una elección primaria”, añadió Joignant.

    Escuchar en Tele13 Radio

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    Casi 1 millón 800 mil votantes asistieron a las urnas este domingo 2 de julio. Sin importar la final de la Copa Confederaciones, ni tampoco el clima de desafección política y crisis, la derecha en masa se dirigió hasta los lugares de votación, logrando que Chile Vamos cuadruplicara la votación de un emergente Frente Amplio, que alcanzó los 320 mil votos –muy por debajo de sus expectativas–, y dio como líder indiscutido a Sebastián Piñera (58%). Por otra parte, según los analistas, desde lejos, en la banca de los observadores, la Nueva Mayoría solo pudo ver cómo “su principal adversario se fortaleció”, al mismo tiempo que le entregó todo el capital político del centro que tenía el sector concertacionista.

    “Hemos superado con largueza el millón de votos”, con esta frase el ahora candidato presidencial de Chile Vamos, Sebastián Piñera, sepultó todas las negras proyecciones que veían con dificultad que se lograra la meta que había autoimpuesto el ex mandatario para el bloque opositor. Más de 1 millón 400 mil votantes, cifra que no solo causó alegría dentro de la oposición sino que también prendió las alarmas al interior del oficialismo, que –según los analistas– debería ver con preocupación el voto cautivo que tiene la coalición del ex Presidente.

    Por otra parte, la fuerza de la novedad, el Frente Amplio, alcanzó más de 320 mil votos, un cuarto de lo que obtuvo Chile Vamos y menos de los 500 mil que habían anunciado como expectativa. Un duro golpe para el bloque emergente, que consolidó como su candidata a la Presidencia a la periodista Beatriz Sánchez, quien alcanzó un 67% de la votación, dejando atrás al sociólogo Alberto Mayol.

    A pesar de la final de la Copa Confederaciones, del frío que se vivió en algunas regiones del país, de la ausencia de candidatos del oficialismo y del poco esfuerzo por convocar del Gobierno, casi 1 millón 800 mil personas llegaron a los 1.865 centros de votación, los que dispusieron 14.328 Mesas Receptoras de Sufragios, un 5,8% más que en las elecciones primarias del año 2013, las que tuvieron un 1,7% menos de electores. Además de las 117 mesas de votación en el extranjero, que se dividieron en 102 locales, distribuidos en 55 países.

    Una amplia convocatoria que prende las alarmas al interior del oficialismo, que desde la galería pretendía ver la derrota de una primaria que se jugara sin el local, pero que finalmente terminó sorprendiendo, a pesar de la tardía constitución de mesas y de las distintas dificultades que identificó el Servel durante la votación. De esta forma, una serie de analistas concluye que la gran perdedora de la jornada de primarias es la Nueva Mayoría.

    La canasta completa de Piñera


    Sebastián Piñera logró capitalizar más de 800 mil votos por sí solo, la misma cifra que algunos de los peces gordos de Chile Vamos daban como el total que esperaban como coalición, intentando poner paños fríos ante el más de 1 millón de votos que anunció Sebastián Piñera. En segundo lugar y con cerca de un 26% quedó Manuel José Ossandón, quien a través de su discurso se puso a disposición del proyecto de la derecha y la campaña de Chile Vamos. En tercer lugar, Felipe Kast, el candidato de Evópoli, logró cerca del 15%, una votación que lo posiciona como uno de los principales recambios para la oposición.

    Para el analista político e historiador Andrés Cabrera, no cabe duda de que la gran ganadora de la jornada es la derecha, la que queda “fortalecida en términos electorales” y hasta llegaron a superar “unas elecciones primarias sumamente competitivas, entre Longueira y Allamand en 2013”. Para el especialista, el “efecto del temor es uno de los puntos más importantes. Cuando se cuestiona el modelo aparece la derecha resguardándose, pero eso no se refiere necesariamente a sectores ABC1, sino que también más populares, que se sienten identificados con el proyecto político de la derecha”.

    Según el académico de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, Claudio Fuentes, ni siquiera la “mediocre campaña de primarias que tuvo Chile Vamos” pudo mermar el resultado capitalizado por Piñera. Asegura que “era esperable que Chile Vamos tuviera una buena votación y de tres veces más que el Frente Amplio, ya que recién está surgiendo y Chile Vamos lleva 25 años en el poder. No era algo raro. Sin embargo, esto habla de que hay un cierto proceso político que se mantiene a lo largo del tiempo, con un grupo de electores que es fiel a su conglomerado”. Esto muestra que, a pesar de la crisis de los partidos y de la desconfianza, “hay un mínimo de un 10% que se está movilizando por la coalición de derecha y si la Nueva Mayoría hubiera tenido primarias también habría ocurrido lo mismo”.

    En cuanto a las correlaciones de fuerza al interior de la oposición, el analista Camilo Feres señala que los resultados obtenidos demuestran que se mantiene un sentido unitario al interior de Chile Vamos, sobre todo en el eje Piñera y Kast, cuya sumatoria “es aplastantemente mayoritaria dentro de los resultados. Lo que debilita mucho las voces rupturistas o conflictivas, como la de Manuel José Ossandón”.

    Lo anterior quedaría reflejado en el moderado discurso que dio Ossandón tras obtener los resultados, a juicio del especialista en campañas electorales Carlos Correa, quien destaca que el senador se muestra como un “hombre dosificado, lo vi más bien sumándose”, por lo que de esta forma se vería anulado el flanco interno que habría supuesto el candidato a las primarias de Chile Vamos, con su constante interpelación al ex Mandatario. “No le hizo una campaña fácil a Piñera”, dice el analista.

    En opinión de Correa, “Piñera tuvo un regalo del cielo, que fue que la Nueva Mayoría no se presentó, por lo tanto, sus votantes se fueron hacia allá. Además, está el discurso práctico que levantó Piñera, del crecimiento, el que va más allá del voto de la derecha dura, allí vieron una ilusión de un país que se reencauza”, una esperanza que podría haber capitalizado la Nueva Mayoría, si es que Ricardo Lagos se hubiera mantenido en campaña.

    El debut golpeado del Frente Amplio


    Por su parte, el Frente Amplio, el niño nuevo del curso, que apostó por llegar a primarias y validar así la candidatura de la periodista Beatriz Sánchez –quien alcanzó su triunfo con un holgado 67% y dejó atrás la apuesta de la izquierda dura, a través del sociólogo Alberto Mayol (33%)–, logró sacar como bloque cerca de 320 mil votos, un cuarto de la votación de Chile Vamos.

    Números que los deja bastante lejos de las expectativas que tenían desde el comando de Sánchez, quienes apostaban a sacar “al menos la mitad de los votos de la derecha”, mientras que el Mayol había señalado que se esperaban “al menos 500 mil, si no sería una derrota”. Números en rojo que fueron asumidos por los diputados Gabriel Boric y Giorgio Jackson. “Para poder pasar a segunda vuelta tenemos que cuadruplicar los votos que obtuvimos hoy día, ahí hay un desafío de crecimiento a nivel territorial, digital y también político”, expresó el parlamentario de Revolución Democrática.

    El director de Fundación Crea, Andrés Cabrera, sostiene que los resultados obtenidos por el Frente Amplio generan “preocupación. No había una victoria, sino más bien preocupación desde mi punto de vista, pero falta aún mucho, puede haber una apertura de aquí a noviembre”.

    Para Correa es importante tener presente que es la primera elección del nuevo bloque, pero añade que “su capacidad de movilización es menor a la que se creía, no es tanta”. Asegura que el bloque de Boric y Jackson “no ha logrado llegar a las capas medias. Ella (Beatriz Sánchez) sacó los mismos votos que RD en las municipales y no logró convocar más allá de lo que tiene Revolución Democrática”, por lo tanto, “no han logrado morder votación de la Nueva Mayoría”, uno de los principales objetivos que tenían como sector al interior del Frente Amplio: desde la campaña de Sánchez, apuntar principalmente al electorado “ciudadanista” y a los desencantados del oficialismo.

    Para Fuentes, los 300 mil votos dejan al Frente Amplio “recluido a un grupo de nicho, más que a una vocación un poco más amplia que vaya a desafiar lo que fuera la Nueva Mayoría”. El académico indica que, en comparación con la votación de concejales de 2016, el FA alcanzó un porcentaje similar de votos, “por lo tanto, el objetivo de convencer y movilizar a la izquierda moderada de que vaya a votar por ellos, no se cumplió. En ese sentido, el Frente Amplio todavía está un poco encapsulado en un votante de izquierda más duro”.

    El otro nudo que deja abierto la votación obtenida por el Frente Amplio es su capacidad de disputa a nivel parlamentario, no solo por la correlación de fuerzas al interior del bloque, que se ve “en cierta forma fortalecida por el leve aumento del porcentaje de la izquierda dura”, plantean desde el bloque, refiriéndose al sector de Mayol, sino también porque los 300 mil votos serían una “base sin crecimiento” desde las municipales, lo que encendió las alarmas al interior del equipo electoral del FA, que esperaba que la visibilidad de las primarias ayudaran a “aumentar la base electoral” del frenteamplismo, golpe que complica las expectativas de obtener una bancada entre 8 a 15 diputados, uno de los principales objetivos de este nuevo bloque.

    A pesar del panorama, Cabrera hace hincapié en que aún queda camino por delante y que todavía quedan los inhabilitados para votar en primarias, que no se reficharon en la Nueva mayoría, un grupo que podría alcanzar las 500 mil personas, según el Servel, “los que perfectamente podrían sentirse atraídos por la posición del Frente Amplio. Ahí hay que ver si hay un trasvasije importante, también a nivel ideológico. Yo creo que se debería ver expresado, al menos una parte de esas 500 mil personas, en una votación para el Frente Amplio, pero eso es imposible saberlo a ciencia cierta”, opina el historiador.

    La Nueva Mayoría: la gran perdedora por default


    De lo que no hay duda entre los especialistas es que estas cifras significan una derrota absoluta para el oficialismo. A pesar de los intentos por bajarles el perfil a las primarias –desde la denuncia de la poca “acción” por parte del Gobierno para convocar a votar, que fue revelada hasta por el mismo director del Servel, hasta el llamado del presidenciable Guillier a “ver el partido, comer un asado y luego dormir una siesta”–, no lograron sacar una tajada de este mes de campaña y “quedaron totalmente invisibilizados”, según Carlos Correa.

    Para todos es claro que “fue un rotundo error no haber participado de las primarias, pero fue imprevisto. Cuando se baja Ricardo Lagos no creo que haya habido conciencia de lo que significaba su bajada, no ir a primarias. Posteriormente, cuando empiezan a comprender que las primarias las va a disputar el Frente Amplio con Chile Vamos, empieza a verse con preocupación”, asegura Cabrera.

    Y es que, con esa falta de disputa y con un candidato más fuerte “de centro”, habrían dejado abierto el camino para que Piñera se consolidase como la carta presidencial. Correa sostiene que “la tesis del triunfo por la ausencia no existió y le dieron una ventaja de proporciones a la derecha. Es un error más grave de lo que parecía: le dieron más espacio al competidor más peligroso que tenían”.

    El especialista electoral recuerda que, cuando se instaló Bachelet como la máxima ganadora en la última primaria, se dio a través de sus arrolladoras cifras un panorama similar al que vive Piñera , quien seguramente –a juicio de Correa– “va a subir en las encuestas” de aquí en adelante.

    Respecto a los resultados del Frente Amplio, según Feres es una luz, “una buena noticia” para el oficialismo. “Eso le da un respiro en el corto plazo y, dado el escenario de desafección y división en el oficialismo, el corto plazo es el único plazo relevante”.

    Pero para Cabrera el panorama es distinto, “lo que se empieza a ver hoy día debe ser preocupante para la NM, porque, a pesar de que el Frente Amplio no alcanza los 500 mil votos, sí tiene una presencia importante y se mantiene dentro del registro del 5% a 6%, y obviamente eso tendería a crecer dentro de los próximos meses y probablemente le reste votaciones al centro y eso debe generar preocupación dentro de la Nueva Mayoría”.

    leer más
  • Cristóbal Rovira 2.jpg

    A estas alturas es una obviedad decir que América Latina se caracteriza por sus altos niveles de desigualdad. Para quienes se dedican a investigar este tema, el caso de Chile es peculiar. Se trata de un país que desde la recuperación de la democracia en 1990 ha mostrado un notable avance en la reducción de la pobreza y un aumento sostenido en los años de escolaridad de la población. Sin embargo, la desigualdad sigue siendo un rasgo indeleble de la sociedad chilena. Nadie duda que el “modelo chileno” ha sido exitoso al momento de generar crecimiento y garantizar estabilidad macroeconómica, pero todo indica que “el modelo chileno” ha sido bastante mediocre en lo que respecta a la reducción de las brechas de desigualdad.

    Quien tenga dudas al respecto debería revisar el reciente informe del Programa de las Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual no sólo ofrece un detallado diagnóstico sobre la desigualdad en Chile sino que también brinda importantes luces para comprender las causas y consecuencias de este fenómeno. Dentro de los hallazgos de este informe, es importante destacar que la desigualdad es un fenómeno estructural que cruza la historia del país, pero que se ha ido instalando como un problema en la agenda pública sólo recientemente. Mientras en el año 2000 la mitad de la población opinaba que es injusto que aquellos que pueden pagar más tengan acceso a una mejor salud y educación, hoy en día dos tercios de la sociedad chilena opinan que esto es injusto.

    ¿Cómo se explica que pese a que la desigualdad sea estructural y de larga data, la preocupación por este fenómeno sea más bien reciente? La respuesta es simple: debido a su politización. Dado que la población chilena cada vez tiene mayor posibilidad de obtener educación, salud y vivienda, resulta lógico que de a poco disminuya la demanda por acceso y aumente la demanda por calidad. Las movilizaciones sociales que el país ha venido experimentado en el último tiempo ponen justamente el tema de la desigualdad en el tapete. Quienes protestan a favor de educación gratuita y universal promueven un nuevo sistema que entregue educación de calidad a todos y no tan sólo a un reducido grupo. Por su parte, quienes se movilizan en contra del sistema de pensiones privado implementado durante la dictadura tratan de impulsar una reforma para asegurar jubilaciones dignas para el conjunto de la población y no sólo para aquellos con salarios altos y estables.

    En consecuencia, no han sido los partidos políticos los que han puesto el tema de la desigualdad en la agenda pública. Su politización obedece más bien al surgimiento de nuevos actores colectivos y de movimientos sociales que han sabido canalizar un malestar transversal en contra de la ceguera de gran parte de las elites establecidas en el poder. Tal y como indica el informe del PNUD, los grupos de mayores ingresos tienen una enorme capacidad para influenciar la democracia chilena. A estos grupos les resultó medianamente fácil ponerse de acuerdo en focalizar el gasto público para reducir la pobreza, ya que este tipo de políticas públicas no ha perjudicado seriamente sus propios intereses. Sin embargo, para atacar la desigualdad no basta con focalizar el gasto público, sino que es preciso implementar políticas públicas redistributivas que necesariamente afectan los niveles de concentración de poder existentes.

    De hecho, el impacto redistributivo de transferencias e impuestos en Chile es bastante bajo, no sólo en comparación a los países escandinavos que se caracterizan por la existencia de un generoso Estado de Bienestar, sino que también en comparación a países vecinos como Argentina y Brasil. Mientras se siga manteniendo un acceso segmentado por clases sociales para educación, salud, pensiones y otros servicios, hay escasas posibilidades de que se reduzcan los niveles de desigualdad imperantes. Sin duda alguna que este tema va a permear las elecciones presidenciales y parlamentarias que el país enfrentará a fines de este año. La buena noticia es que las ofertas políticas existentes han ido tomando conciencia de esta problemática y, por lo tanto, van a ofrecer propuestas respecto a cómo atacar la desigualdad.

    La mala noticia es que debido al tamaño de la brecha social y el enorme poder de los grupos de mayores ingresos, tomarse en serio el problema de la desigualdad necesariamente pasa por redistribuir poder. A modo de ejemplo, cabe notar que el 0,1% y el 1% más rico del país se llevan el 20% y el 33% del ingreso nacional, respectivamente. Gracias a la labor de la fiscalía y los medios de comunicación, últimamente se han destapado varios escándalos que demuestran cómo esta desigualdad económica se traduce en desigualdad política: muchos espacios de toma de decisiones son infinitamente más sensibles al parecer del poder económico que al parecer del demos.

    Visto así, el problema de la democracia chilena no es muy distinto del problema de muchas de las democracias actuales: mientras mayores son las certezas que se le tratan de otorgar al capital, menores son los niveles de certidumbre que experimentan los ciudadanos en el día a día y, por lo tanto, más grande se torna la brecha entre ricos y pobres. Tal es el nivel de incertidumbre y desigualdad socioeconómica en el Chile actual que menos de un tercio de la ciudadanía confía que tendrá atención médica adecuada en caso de una enfermedad catastrófica. En otras palabras, la gran mayoría de los ciudadanos tiene miedo a morir en caso de una enfermedad grave. No enfrentar el problema de la desigualdad muchas veces desencadena la irrupción de fuerzas populistas, tanto de izquierda como de derecha, las cuales seriamente desafían el orden democrático y a las elites establecidas en el poder. Chile está aún a tiempo de evitar este desafío, pero para ello es preciso redistribuir poder antes de que sea demasiado tarde.

    Ver en El Mostrador

    leer más
  • Cristóbal Rovira 2.jpg

    Nuevas publicaciones se plantean el abordaje de un término muy usado y particularmente huidizo. Dos coautores chilenos de estos libros ofrecen su mirada al respecto. 

    En octubre de 2006, el politólogo estadounidense Kurt Weyland escribió un texto para La Tercera donde constataba que “el populismo se ha vuelto una mala palabra en América Latina”. Y al igual que muchas malas palabras, proseguía el académico estadounidense, se usa demasiado a menudo: “A cualquiera que promueva políticas económicas ‘irresponsables’ o use una retórica agresiva, se le aplica el término.

    Esta exageración obstaculiza cualquier debate productivo, por lo cual es imperioso clarificar el significado de este discutido concepto”. Diez años más tarde, la necesidad de usar el término y de entenderlo para poder usarlo apropiadamente- se ha hecho más acuciarte, por buenas razones y también por las otras. Puede que siga siendo una “mala palabra” en el espacio mediático yen las refriegas eleccionarias, pero a quienes se les cuelga ese cartel suelen ver en tal gesto las pruebas de la desesperación de las élites -del establishment- ante el avance de la ciudadanía de a pie.

    De un pueblo que no se agota en las “clases populares” (basta recordar la reciente campaña de Marine Le Pen). E incluso hay quienes desde la academia reivindican este término “denigrado”: así lo adjetivaba el desaparecido teórico argentino -y kirchnerista- Ernesto Laclau, para quien “el rasgo distintivo del populismo sería sólo el énfasis especial en una lógica política que, como tal, es un ingrediente necesario” de la política a secas. Tras el triunfo de Trump y del Brexit, tras la campaña electoral francesa y en medio de los avatares del chavismo, ¿es posible hablar de un “momento populista”? Asumiendo lo jabonoso del término, Cristóbal Rovira declara que no es descaminado responder afirmativamente. Eso sí, añade el profesor de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, teniendo en cuenta que el fenómeno no ha irrumpido con la misma fuerza en todas partes y que “muchas veces se etiquetan erróneamente partidos y líderes como populistas”.

    Las actuales mutaciones del populismo, detalla, “logran canalizar el descontento de determinados segmentos de la ciudadanía mediante la politización de temas que han sido dejados de lado por las élites establecidas (la inmigración en Europa, la desigualdad en América Latina)”, al tiempo que se distinguen por “tener suficiente fuerza no sólo para ganar elecciones (Bolivia, EEUU, Hungría, etc.), sino también para modificar la agenda política (España, Francia, Suecia, etc.)”. Rovira es coautor, junto al holandés Cas Mudde, de Populism.

    A very short introduction, libro publicado este año dentro de una serie divulgativa de Oxford University Press. No es el único lanzamiento relativo al tema: si en 2016 Jan-Werner Müller lanzaba What is populism? -en el que calificaba el fenómeno como “la sombra permanente de la política representativa”-, hace sólo unos meses el francés Eric Fassin hizo lo propio con Populisme: Le grand ressentiment, mientras otro chileno, el historiador Pablo Rubio, lanzaba con su colega español Pedro Martínez América Latina actual. Del populismo al giro de izquierdas. Tamaña convergencia no ha de ser casualidad.

    Palabra de moda

    “Populismo es una de las palabras políticas de moda en el siglo XXI”, apuntan Rovira y Mudde. “El término es usado para describir presidentes de izquierda en Latinoamérica, aspirantes de de- recha en Europa, y candidatos presidenciales de izquierda y derecha en EEUU”. Sin embargo, al tiempo que atrae por igual a periodistas y lectores, “su uso extendido crea confusión y frustración” (esto, sin mencionar que ni ayer ni hoy ha habido muchos que hagan suyos el concepto: no lo hizo ni el mismísimo Juan Domingo Perón). No queda, entonces, sino hacerse cargo.

    En primer lugar, de las aproximaciones ya existentes: la del mencionado Laclau, por ejemplo, que considera el populismo “una fuerza positiva para la movilización de la gente (común) y para el desarrollo de un modelo comunitario de democracia”; la llamada aproximación socioeconómica (que lo ve como un tipo de política económica irresponsable); la que lo ve “como una estrategia política usada por un tipo específico de lí- der que busca gobernar basándose directamente en el apoyo de sus seguidores”, y esa que lo considera un estilo político “folclórico” que ciertos líderes usan para movilizar a las masas.

    Los autores, por su lado, lo definen provistos del llamado enfoque “ideacional” : como una ideología laxa (“thin-centered”) que considera en último término la sociedad separada en dos campos homogéneos y antagónicos -“el pueblo puro” versus “la elite corrupta”- y para la cual la política debería ser una expresión de la voluntad general. ¿Es soluble el populismo en la democracia (liberal)? La respuesta no es absoluta. Hay, así, aspectos positivos (le da voz a grupos que no se sienten representados, puede integrar a sectores excluidos, puede mejorar la capacidad de respuesta del sistema político) y otros negativos (puede usar la regla de la mayoría para ignorar los derechos de las minorías, así como la praxis de la soberanía popular para erosionar las instituciones).

    De larga duración

    Tres son las áreas del planeta donde se concentra de preferencia un fenómeno con al menos 150 años, constata el libro: Europa, EEUU y América Latina. Este último es el que aborda la mencionada obra de Martínez y Rubio, para la cual “el giro a la izquierda y el retorno de determinados liderazgos populistas han experimentado un fuerte retroceso, lo cual obliga a plantear un punto de reflexión sobre las fortalezas y los límites de esos gobiernos, así como respecto de sus capacidades para entender y asumir los actuales retos y las demandas sociales surgidas”.

    Los también coautores de América Latina y tiempo presente llevan adelante un examen de discontinuidades y rupturas que se obliga a redefinir y caracterizar. El populismo se ha manifestado en diferentes contextos históricos en la América Latina de los siglos XX y XXI, plantea Rubio a La Tercera. “Si entre los años 30 y 50 se caracterizó por un paradigma económico de industrialización vía acción estatal, de migración campo ciudad y de incorporación de amplias masas sociales a la vida política y económica, en el siglo XXI el contexto es muy diferente”.

    Añade el historiador que en la región “el populismo – hay casos particulares que escapan a la regla, como Chile- ha movilizado políticamente mucho más que otros discursos, como el marxismo o las vertientes más conservadoras”, lo cual se explica parcialmente por una cultura política caracterizada por el autoritarismo, el militarismo, la violencia política y la escasa presencia de mecanismos institucionales formales a todo nivel, incluida la democracia liberal. Por ello ocurre que “el populismo parece ser un tipo de liderazgo que no surge en momentos excepcionales, sino que es parte inherente de la historia política latinoamericana en su larga duración”.

    Ver en La Tercera

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    ¿Resolverá el conflicto de la Araucanía el anuncio que acaba de realizar el gobierno? Evidentemente no. Y esto por razones que van mucho más allá de las recomendaciones que se pretenden implementar. El asunto es el siguiente: el Estado de Chile durante muchísimo tiempo ha encarado la demanda de los pueblos indígenas en general y mapuche en particular como un asunto sectorial, que se resuelve por la vía productiva, el mejoramiento de las condiciones de vida de la población y el reconocimiento de las “culturas” indígenas.

    Políticas de desarrollo productivo, entrega de subsidios, planes de infraestructura, y más recientemente el reconocimiento constitucional, de la lengua y ciertas tradiciones ha sido la tónica. La dificultad de esta forma de encarar la problemática indígena es que elude dos cuestiones que están en la raíz del conflicto: territorio y autodeterminación. En relación al territorio, el gobierno indica que desde el año 1990 a la fecha se ha devuelto la importante cifra de 230 mil hectáreas de tierras. Pero sabemos que aquella política-además de todos los problemas de implementación que ha enfrentado-representa menos del 8% de la región de la Araucanía. A lo anterior se suma lo que ha sucedido en el territorio desde el punto de vista productivo, al instalarse una lógica de explotación de recursos naturales por parte de grandes empresas que han erosionado las condiciones de vida sustantivamente en la zona. Esta dimensión no se asoma en ninguna de las recomendaciones realizadas por el gobierno.

    Una segunda dimensión es la autodeterminación. Si el Estado de Chile reconocerá a los pueblos indígenas, entonces deberá abrirse a aceptar mecanismos de autonomía en sus decisiones políticas y administrativas. ¿Qué modelo de autonomía se adoptará en este caso? Fuera del Consejo de los Pueblos Indígenas que aún está en etapa de formulación en el Congreso, muy poco de esta discusión se asoma en las propuestas de este y anteriores gobiernos.

    Entonces, los anuncios del gobierno podrían contribuir a institucionalizar las relaciones entre los pueblos indígenas y el Estado; podrían en el largo plazo contribuir a resolver problemas agudos de pobreza; podrían permitir un reconocimiento cultural de los pueblos en sus tradiciones. Sin embargo, como el asunto territorial (y de la explotación de recursos naturales) y la cuestión de la autonomía no están en la agenda inmediata, difícilmente apagarán los incendios al sur del Biobío.”

    Ver en Diario Austral de Valdivia

    leer más
  • Claudio Fuentes 2.jpg

    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP, fue entrevistado en el programa La prueba de ADN de Radio ADN sobre la actualidad política relacionada con las candidaturas presidenciales.

    “Creo que el periodismo está evolucionando a un periodismo mucho más incisivo en los últimos 10 años con un periodismo de investigación, con mayor acceso a información, y eso le da mayor responsabilidad también. Yo creo que hay un debate ahí sobre pruebas que se presentan, etcétetera”, comentó el académico.

    Este hecho marcó el debate, incomodó mucho a Ossandón durante el debate (…) Yo creo que ciertamente lo afecta. Creo que desde el punto de vista de la campaña coloca una duda sobre su pulcritud,y lo convierte en un centro de atención. Puede tener un aspecto bueno para Ossandón si es que logra zafar bien”, agregó Fuentes.

    Escuchar entrevista

    leer más
  • claudio-fuentes (1).jpg

     

    El reconocimiento de la diversidad implica, como condición básica, aceptar el principio de autodeterminación. La autonomía es la forma, el modo en que se materializa este principio y se hace en las diversas dimensiones de la distribución de poder: político, económico, social, cultural y simbólico.

    Un miedo implacable se apodera de las élites cuando se propone la autonomía indígena. La típica caricatura es la formación de un país independiente al sur del Biobío o la secesión del pueblo Rapanui. A la autonomía, en aquella atávica caricatura, se la relaciona con independencia, con un “Estado dentro del Estado”.

    Requerimos dar unos pasos atrás y explicar algunos conceptos básicos. El primero y más importante se refiere al principio de la autodeterminación. La lucha ancestral de los pueblos indígenas en diferentes partes del mundo ha generado condiciones para un entendimiento central que han adoptado más de un centenar de Estados: los pueblos indígenas son iguales a todos los demás pueblos y tienen derecho a considerarse diferentes y a ser respetados como tales.

    En efecto, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de Pueblos indígenas de 2007 –firmada por 143 estados, entre ellos, por cierto, Chile–, explicita el principio de la autodeterminación, señalando que “los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.”

    En otras palabras, les corresponde a los pueblos indígenas definir si quieren o no establecer formas de autonomía, así como aquellos aspectos relacionados con su desarrollo económico, social y cultural. Por eso mismo, indica la Declaración de la ONU que los pueblos indígenas tienen derecho a la autonomía o al autogobierno “en las cuestiones relacionadas con sus asuntos internos y locales, así como a disponer de medios para financiar sus funciones autónomas”.

    Un año más tarde, el Congreso Nacional de Chile ratificó el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que indica que los gobiernos deberán asumir “la responsabilidad de desarrollar, con la participación de los pueblos (indígenas) interesados, una acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de esos pueblos y a garantizar su integridad”.  Entre otros, el Convenio señala que los gobiernos deberán promover medidas para la plena efectividad de sus derechos, “respetando su identidad social y cultural, sus costumbres y tradiciones, y sus instituciones”.

    Así, el Estado de Chile (1) ha reconocido a través de instrumentos internacionales el principio de la autodeterminación de los pueblos indígenas, y (2) se ha comprometido a generar condiciones para respetar las identidades de aquellos pueblos. Lo anterior debe considerar un diálogo genuino y de buena fe con los pueblos indígenas para identificar sus demandas. Por lo mismo, y ahora que estamos en época de formulación de programas de Gobierno, cualquiera de estos programas debiese partir por reafirmar el principio de autodeterminación. Las propuestas que se hagan requieren el consenso previo de los pueblos objeto de tales medidas.

    Ahora bien, supongamos por un momento que los pueblos indígenas quieren avanzar en formas de autonomía o autogobierno, ¿significa aquello que se harán independientes? Ciertamente no. Existen múltiples figuras que puede adoptar este autogobierno y las experiencias comparadas son riquísimas y diversas. Basta pensar en casos como Noruega, Nueva Zelandia, Canadá, Panamá, Ecuador, Bolivia, Guatemala, México o Colombia, por citar solo algunos ejemplos. Ninguno de ellos ha producido impulsos independentistas ni nada que se le parezca.

    La autonomía usualmente se asocia con los ámbitos territorial, político, social, económico y cultural. Implica el autogobierno de ciertos ámbitos en territorios específicos, creación de espacios de representación política propia, preservación de sus costumbres y tradiciones, etc. Se establecen así áreas particulares donde los indígenas tendrán autonomía para definir políticas en sus territorios y otras que son comunes. Por ejemplo, podrían administrar ciertos territorios, pero las funciones de Carabineros respecto de esos territorios seguirían siendo las mismas que en cualquier parte del territorio. No es un Estado dentro del Estado. Nadie pedirá pasaportes para cruzar de un territorio a otro.

    Usualmente, los estados establecen acuerdos con los pueblos indígenas que implican, además de la reparación por los abusos cometidos en el pasado, realizar una ingeniería institucional que combina el citado autogobierno y la participación de representantes indígenas en el sistema político.

    Se crea así un entramado institucional de representación y de toma de decisiones que en algunos casos corresponde a cada uno de los pueblos indígenas en sus propias organizaciones (Parlamento Indígena, Consejos de Pueblos, etc.) y simultáneamente se vincula con el Estado (escaños reservados en el Congreso Nacional, cuotas en Consejos Regionales, cuotas en concejos comunales, etc.). El reconocimiento constitucional de Chile como un Estado Plurinacional implica precisamente el reconocimiento de unos “otros” (los pueblos o naciones indígenas) y el desarrollo de una ingeniería institucional para materializar esta autonomía.

    Toda esta reflexión ha sido extensa en el propio mundo político e intelectual indígena (ver, por ejemplo, José Marimán: Autodeterminación, LOM, 2012; Fernando Pairacán: Malón. La rebelión del movimiento Mapuche 1990-2013, Pehuén, 2013; Domingo Namuncura et al.: Nueva Constitución y pueblos indígenas, Pehuén, 2016). Pero, asimismo, el reciente proceso constituyente indígena entrega una serie de recomendaciones en el sentido del reconocimiento de la plurinacionalidad.

    El reconocimiento de la diversidad implica como condición básica aceptar el principio de autodeterminación. La autonomía es la forma, el modo en que se materializa este principio y se hace en las diversas dimensiones de la distribución de poder: político, económico, social, cultural y simbólico.

     

    Ver en El Mostrador

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

     

    El académico de la UDP considera también que la periodista Beatriz Sánchez no debiera tener problemas para imponerse en los comicios del Frente Amplio, aunque advirtió que la ambigüedad de sus últimas declaraciones, paradójicamente podrían terminar beneficiando a Alberto Mayol.

    En un nuevo capítulo del programa La Semana Política, el director y el asesor editorial de El Mostrador, Federico Joannon y Mirko Macari, respectivamente, analizaron junto al académico de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, Claudio Fuentes, el inicio formal de la campaña con miras a las primarias presidenciales del Frente Amplio y de ChileVamos que se llevarán a cabo el próximo 2 de julio.

    El diagnóstico de Fuentes es que, en el caso de la derecha, pareciera ser una carrera ganada para el ex presidente Sebastián Piñera, aunque está por verse si logrará movilizar al millón de personas que, asegura, se acercarán en un mes más a las urnas.

    “Yo creo que Piñera ya es el candidato. Todo el resto son intentos un poco desesperados, como el caso de Felipe Kast que en las últimas dos semanas se puso a la derecha de Evelyn Matthei con sus declaraciones sobre la Araucanía de llamar a las Fuerzas Armadas, o de llevar a Nicolás Maduro a La Haya; o sea, está en un discurso totalmente fuera de foco”, dijo.

    Al mismo tiempo cree que en el caso de Manuel José Ossandón, “su discurso partió al revés, como el que instalaba temas, el que sacaba a la pizarra a Sebastián Piñera y hoy día se modera. Entonces tenemos candidatos que en realidad no están desafiando”.

    En el caso del Frente Amplio, Claudio Fuentes considera que todo está dado para que la periodista Beatriz Sánchez se imponga en las primarias, aunque considera que en los últimos días tropezó, al evidenciar cierto grado de improvisación en sus definiciones.

    “Yo creo que en el mundo del Frente Amplio es una carrera relativamente ganada para Beatriz Sánchez. Sin embargo, en sus intervenciones públicas de la última semana, sobre todo en Tolerancia Cero, se notó la improvisación en su performance, en su apuesta de comunicación política Es la candidata que seguramente va a salir, y esto creo que paradójicamente favorece a Alberto Mayol, porque se le ve desde la izquierda con un discurso coherente y a Beatriz Sánchez con algunas dudas, con mucha ambigüedad”.
    Los panelistas también abordaron la cuenta pública que pronunciará este jueves la Presidenta Michelle Bachelet en Valparaíso ante el Congreso Pleno, a la que llega al frente de una coalición quebrada, con baja aprobación, pero con la carta de haber conseguido hasta ahora la aprobación del 58% de los proyectos de ley que se había propuesto al inicio de su mandato.

    Sobre este punto Macari considera que “el gobierno tenía ese concepto antiguo de que gobernar era aprobar leyes y gobernar; pero hoy día es entusiasmar, transmitir, generar energía, más allá del objetivo. Lo importante es lo subjetivo, cómo tú instalas una sensación de que las cosas están resultando y en eso el gobierno es parte completamente del viejo ciclo de la política”.

    Finalmente, más allá de los balances y de lo que afirme Bachelet en su último discurso, para Joannon “el gran déficit de este gobierno fue no sacar adelante la nueva Constitución”.

    Ver en El Mostrador

    leer más
  •  claudio-fuentes.jpg

     

    “En primer lugar, retornó la Michelle Bachelet que se había visto en su primer gobierno. Pudimos apreciar en el Congreso Nacional a una Presidenta hablando desde el corazón, hablando desde su visión de país, asumiendo desde ese punto de vista que era un discurso para la historia, y por lo tanto, en esta ocasión ella se dio la licencia en Valparaíso de no hacer sólo una cuenta pública, sino que también proyectar una visión de Chile.

    Una visión que es de izquierda, progresista, y que busca el cambio social junto con la igualdad en una sociedad que ella considera injusta. Pienso que eso fue algo que hace mucho tiempo no realizaba y en su última Cuenta Pública era una buena oportunidad para hacerlo.

    Volvió una Bachelet que más allá de las improvisaciones, salvo al principio, se sintió mucho más cómoda al hablar. Y sobre todo en la parte final reflejó a una persona que le habla a la coalición, que les dice con fuerza: acá hay un proyecto, una idea de país. Que les señala que se están empezando una serie de transformaciones y que ello debe continuar.

    En ese sentido, pienso que se mostró una Presidenta mucho más abierta al hablar desde lo que ella piensa, más que referirse a una mera rendición de cuentas al país, de carácter neutro y de sólo resultados.

    Hasta cierto punto de su discurso fue macro en términos de dar a conocer algunos resultados, pero eso cambió cuando los bajaba a las regiones. Daba a conocer detalles de los lugares en que se estaban dando esos avances, ya sea en cuanto a hospitales u otras materias.

    En cuanto a las regiones, se refirió principalmente a ellas a la hora de mencionar casos particulares en diversos ámbitos. Y es más, ella hizo el reconocimiento de un error que es la construcción del Hospital Claudio Vicuña de San Antonio, señalando una serie de aspectos en referencia a las dificultades que ha presentado esa obra en específico y cómo se van a solucionar de aquí hacia adelante.

    En ese sentido, considero que en la Cuenta Pública que presenciamos ayer hay un guiño muy fuerte a las regiones, contrariamente a lo que hemos escuchado.

    Creo que lo que planteó fue una estructura de intentar dar cuenta de muchos hechos, de muchas realizaciones. Y ella, en algunos momentos particulares, lo hizo como tratando de decir: ‘miren se me critica por que este Gobierno no hizo nada y acá les presentó la prueba concreta de todo lo que hemos hecho”. A partir de allí se encargó de probar aquello entregando muchas cifras.

    Puedo decir que su alocución estuvo basada en la lógica de un discurso que combinó ciertamente las ideas que tenía en su cabeza, con los hechos que finalmente se materializaron.

    Muchas veces se mencionó que uno de los errores de este Gobierno era que no se comunicaban bien sus logros y en ese sentido considero que lo que vimos ayer con el discurso, apuntaba precisamente en la línea de subsanar aquello.

    Pienso que se enfiló hacia la idea de mostrar resultados, de dar una detallada cuenta de todo los proyectos de ley que se han aprobado bajo su administración, todas las iniciativas que se plantearon y cómo ellas se tradujeron en números y también en personas. Pero hay otra cosa que mencionar y es que los objetivos y logros conseguidos los personificó en personas con nombre y apellido para dejar en claro cómo las políticas públicas se van acercando a la gente.

    De hecho creo que eso refleja, cuando se pone la mirada en las encuestas, que el sector socioeconómico bajo es el que menos rechazo tiene hacia la figura de la Presidenta. Y es precisamente por este tipo de políticas.

    ¿El discurso fue bueno o malo? Yo lo pondría de este modo, tenía una expectativa más baja respecto a lo que iba a hacer con un gobierno de una Presidenta que venía muy complicada y bajo esa mirada, considero que superó las expectativas respecto a lo que pensaba que podría haber sido”.

    Ver en El Mercurio de Valparaíso

    leer más
  • cristobal-rovira.jpg

     

    Through your research, what commonalities have you identified between populist groups in Latin America, Europe and North America?

    Populism is a very contested concept, and the approach that I have been following with Professor Cas Mudde, and also with many other colleagues, is to define populism as a specific set of ideas that considers society to be separated between “the pure people” and “the corrupt elite”, and which argues that popular sovereignty should be defended by all means. In this sense, our argument is that all populist actors adhere to this very specific set of ideas. It doesn’t matter if they’re right wing or left wing. You can analyze different populist actors in North America, South America, in Europe, based on that definition.

    If we think about the commonalities, there are at least three that are worth mentioning. The first one is that all populist actors try to politicize, or in some cases repoliticize, certain issues that the political establishment has not been taking into account. For example, in the case of Europe, it’s very clear that immigration has been a very important issue for a big part of the population, but mainstream political parties have not been dealing with this issue. Not by chance, what populists writing in Breitbart News have tried to do is to politicize that issue. In the case of Latin America, it’s much more related to inequality, poverty, and some of the consequences of neoliberal economic policies. What all these cases have in common is that they try to (re) politicize certain issues that are relevant to some constituencies.

    The second similarity is polarization, which is related to the capacity of populist forces to (re) politizice certain issues that are relevant for the electorate. It is important to take into account that populist actors try to to polarize not only the electorate, but also the political debate. This is because they try to put into the public agenda certain topics that, to a certain extent, are uncomfortable for the political establishment. In the case of Europe, this is very clear, because since the ‘90s we have seen a growing convergence between mainstream left and mainstream right political parties. What populist parties do in Europe, on the left side and the right side, is to generate polarization.

    The third and last commonality is the difficulties between populism and liberal democracy. I would argue that it doesn’t matter if we are looking at leftist or rightist populist actors: all of them have a very ambivalent relationship with the political regime, and they can generate both positive and negative effects on liberal democracy.

    How would you characterize recent trends in Latin American populist movements?

    Since around the end of the 1990s, we have seen the rise of a new wave of populism, which is a leftist wave of radical populist leaders. The key examples are Hugo Chávez in Venezuela, Evo Morales in Bolivia, and Rafael Correa in Ecuador. During the 2000s, all these leaders were relatively successful in terms of winning elections. But what we are seeing nowadays is that most of these populist projects are facing a very difficult time.

    There are two reasons why these populist projects are facing growing challenges in the electoral arena today. One is the end of the commodity boom. During the 2000s, Latin America had very good rates of economic growth, related to the export of commodities which had very good prices in the international market. So, for ten years, these populist leaders had the advantage of having a lot of money to be distributed for poor people. This is not the case anymore. The second issue is corruption. We have seen the coming into light of several corruption scandals [uncovered] in Ecuador, in Venezuela and, to a certain extent, also in Bolivia. This, of course, damages the legitimacy of these populist leaders and their political projects.

    It’s still an open question how things are going to evolve over time in these countries, but the overall impression that I have, and also shared by many analysts, is that these populist leaders are facing growing challenges at the domestic and external levels.

    The election of President Trump has had ripple effects in the Americas, particularly regarding potential migration policy. How do you think his election has affected populist movements, if at all, in Latin America?

    To a certain extent, I think Trump is a blessing for populist actors in Latin America because he is a very radical populist right-wing actor, who is generating polarization inside and outside of the U.S. Given that many of these leftist populist leaders in Latin America have a very difficult relationship with the U.S., having Trump in power is a blessing for them. Now they can say, “we have always told you that the U.S. is a very bad country which is against us.” The rhetoric of Trump will help them to boost that type of argument. Obama was much trickier for leftist populists, because he had a much more pluralist take and a tendency to defend multipolar arguments. Trump is the opposite. So, from a populist perspective in Latin America, the coming to power of Trump is good for the moral and Manichean distinction between “the people” and “the elite.”

    What have you seen in populist groups in Latin America in terms of utilization of media to support their platforms? In particular, have you seen much activity in this regard concerning embracing digital media?

    I would say, yes and no. It depends a bit on the cases. Venezuela, for example, is a very clear instance in which Chávez was in the media the 16 Internatio nal Affairs F oru m whole time. He used Twitter but he was also using television. In the case of Evo Morales in Bolivia, digital media plays a role, but not that big. So, in this sense, I’m a bit skeptical about saying that we can see across all the cases in Latin America that digital media plays a major role.

    But a commonality we can see is that as soon as these leaders come to power, they try to control the media system. For example, they start to close media outlets, they try to put barriers against newspapers and TV channels that develop critical arguments, and they also develop new media outlets to promote their own ideas. This is what some authors have called a sort of “populist media complex”, which tries to reinforce the arguments that these leaders advance. Of course, this is related to the question of the difficult relationship with populism and liberal democracy.

    However, this is not only a Latin American phenomenon, but rather a relatively common phenomenon around the world. If you look across different cases, when you have populist leaders in power, they can use various mechanisms to restructure the political regime. Nevertheless, this occurs only when they are very powerful, meaning that they get more than fifty percent of the vote and thus control the executive and/or legislative branch. For example, with Viktor Orbán in Hungary, there is a similar situation, in which he has reformed the Constitution to give him power to control media outlets.

    In recent political elections, the Brexit vote, the Trump win, and the vote in the Netherlands, many pollsters and pundits have been wrong in their predictions. It would appear that measuring populism has been challenging. Is that a fair statement?

    Measuring populism has been a tricky business, in part because of the absence of a common definition. Nevertheless, my impression is that there is growing consensus around an ideational approach to populism; i.e., the concept that I have developed with Professor Mudde and also the proposals of various colleagues who advance similar definitions. This sort of consensus within academia is helping to create new ways of measuring populism in terms of looking at both the supply side and the demand side. For example, by employing surveys one can examine to what extent the populist set of ideas is widespread across the population.

    The tricky part with these measures, based on the research that various colleagues have been doing, is that the populist set of ideas seems to be very widespread across most countries of the world. In fact, we have measures for Chile, the Netherlands the U.S., and other countries. And the empirical evidence shows that many of us have this populist set of ideas in our mindsets. The key question is, when do these ideas have an impact on our voting behavior? My impression is that this set of ideas is normally latent. So it’s dormant and it’s only under very specific circumstances that a vast section of the population would rely on the populist set of ideas to take political decisions. In other words, it’s only under very specific circumstances that these attitudes or these ideas get activated. This is what we are trying to figure out now through new research.

    For example, imagine that we are Greek voters, and we are facing the economic crisis, witness huge corruption scandals, and realize that the European Union and the International Monetary Fund are imposing austerity measures. I think most of us would say, this is enough, let’s get rid of “the elite” and “the people” should rule. But this is a very specific context.

    An argument that I have been developing with other colleagues is that a populist can really get into power – by this meaning more than 50% of the vote – only under very specific circumstances. There has to be a major crisis, not necessarily in terms of an economic crisis, but a crisis of democratic representation where so many people are upset with what is going on that they will rely on the populist set of ideas, and start voting en masse for a populist actor.

    Going back to your question about measuring populism and the problem with pollsters, we can examine this when asking whether someone will vote for a populist candidate. For example, in the case in the U.S., many people ended up voting for Trump, but they didn’t say that. That’s one of the tricky parts with populism, and it goes back to this debate that we had before with the activation of populist attitudes. Returning to the example of Greece, first, we know that most people are a bit reluctant to vote for populist because they know that this is a very radical ideology. Because of that, this is a delicate part with measurement. It might be that many people end up voting for populist actors, but they’re not very keen on saying that openly. That’s one of the problems with the measurement that we have been seeing across different countries. This is the tricky part with measuring the populist set of ideas and is related to a sort of negative social desirability bias.

    The other point that I want to develop is, for example, if you look at the case of the Dutch election, the media was arguing that, in terms of the number of votes, the winner is going to be Wilders. We have seen that he received around 15% of the vote. It’s not huge, but it’s still a big thing. But what is really interesting in that case is that the turnout level went up. I think this is probably one of the positive effects of populism. When you have growing polarization because of populism, many people start to think, this is a problematic issue. So if many people are going to vote, for example, for Wilders, and you’re against his political project, you will say, it’s important that I go to the polls, and I raise my opinion. So in this sense, the impact of populism on democracy is not always and not necessarily negative, because it generates more engagement by both sides, those who are in favor of populism, but at the same time, those who are against populism. In a sense, it makes democratic debate a bit more lively.

     

    Ver en International Affairs Forum

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

     

    Uno de los grandes problemas que tiene el país, en cuanto a pueblos originarios, es que mientras en las comunidades indígenas se articula un discurso coherente y muy claro sobre autodeterminación, las élites políticas aún piensan que bastaría con un reconocimiento genérico y la entrega de unos cuantos subsidios. Es esta brecha la que incrementa la desconfianza y posterga la solución del conflicto entre el Estado chileno y los pueblos indígenas. Porque, mientras no se discuta un reconocimiento sustantivo, no se resolverá –e incluso se intensificará– el conflicto.

    Fue un proceso silencioso, que pasó casi inadvertido. Participaron poco más de 17 mil indígenas que sostuvieron 605 encuentros para discutir la cuestión constitucional. Entre agosto de 2016 y enero de 2017, se reunieron de Arica a Magallanes, en lo que se denominó el proceso constituyente indígena. Los resultados son bastante categóricos y reflejan un estado de opinión generalizado entre los indígenas acerca de la necesidad de avanzar en derechos constitucionales, políticos, sociales, económicos y culturales. La interrogante más relevante es qué hará la élite política con este documento, ¿volverá a guardarlo en un cajón como ocurrió con el Informe de la Comisión de Nuevo Trato? ¿O se embarcará en una discusión seria y profunda sobre el reconocimiento de los pueblos indígenas?

    El informe de sistematización del proceso constituyente indígena se divide en una serie de capítulos que capturan las prioridades de quienes asistieron a estos encuentros. Se plantearon temáticas asociadas al reconocimiento constitucional, la plurinacionalidad, autodeterminación, los derechos de tierra y territorios, derechos políticos, culturales, lingüísticos y sociales.  Lo interesante del informe es el nivel de especificidad de las propuestas. Se trata de recomendaciones muy específicas e institucionales. No fue una declaración de principios sino que, más bien, un programa concreto y aterrizado de sugerencias.

    Por ejemplo, cuando se habla de un “Estado Plurinacional”, se especifica que esta definición implica reconocer la diversidad cultural, garantizar la autodeterminación, fortalecer las estructuras organizativas y representativas. Cuando se habla de “Autodeterminación”, se consideran aspectos muy concretos, como el derecho a la consulta previa de carácter vinculante, el derecho al territorio y la administración autónoma, y el derecho consuetudinario y el sistema jurídico.

    Cuando se habla de “Derechos políticos”, se proponen mecanismos específicos de participación y representación, como escaños reservados para indígenas en el Congreso, representación especial en el gobierno local, representación en el sistema de Evaluación Medioambiental (SEIA), representación en ministerios, subsecretarías y servicios. Incluso se llega a definir que la representación indígena en el Congreso debe considerar límite a la reelección, y representantes que tengan un vínculo territorial con las comunidades, lo que incluye el dominio de la lengua. No se aspira a cualquier representante con “apellido indígena”, sino que a quienes posean vínculos territoriales y culturales con sus comunidades.

    En cuanto a los “Derechos lingüísticos”, se propone una integración transversal de las lenguas indígenas en las políticas públicas, textos escolares y señalética; promover hablantes de lenguas indígenas en servicios públicos; establecer una Academia de la Lengua Indígena; crear grafemarios consensuados de uso oficial, etc.

    Así, en cada uno de los temas tratados, se abordaron recomendaciones específicas para implementar una visión que acepta la autodeterminación de los pueblos, que vela por el respeto de las tradiciones y que promueve un cambio fundamental en las políticas del Estado de Chile en esta materia. Se trata de avanzar a un reconocimiento sustantivo y no solo formal, pero que no se queda en el titular del “reconocimiento constitucional”, sino que se materializa en transformaciones en la arquitectura social, política e institucional del país.

    La pregunta inmediata es si estas visiones representan al conjunto de los indígenas o es el simple reflejo de una minoría sobreideologizada que asistió a estos encuentros. La reciente encuesta del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR), aplicada a 3.617 encuestados en 120 comunas con una población indígena superior al 9%, demuestra que los resultados del proceso constituyente indígena son muy consistentes. En la encuesta, de los entrevistados indígenas, el 87,7% se manifestó a favor del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, el 85,1% estuvo a favor de ser consultados en proyectos de inversión, el 80% se mostró a favor de que se les devolviesen tierras, el 72,9% estuvo a favor de que algunos territorios sean administrados por ellos y 69,6% señala que debiesen existir cupos reservados para indígenas.

    Parece evidente que el discurso de la autodeterminación ha calado hondo en las comunidades indígenas. Pero ya no es solo un discurso, sino que la demanda por instancias muy concretas que materialicen sus reivindicaciones. El gran problema es que muy poco de este reconocimiento sustantivo (político, social, territorial, patrimonial y cultural) ha sido tomado en consideración por las dos coaliciones que han gobernado el país desde el retorno de la democracia.  El reconocimiento constitucional propuesto tanto por la Nueva Mayoría como por Chile Vamos ha sido, hasta el momento, particularmente débil: se trata de reconocimientos genéricos que no avanzan en asumir que somos una sociedad donde conviven pueblos que mantienen tradiciones e identidades diferenciadas.

    El Gobierno deberá incorporar estas recomendaciones en su propuesta de reforma total a la Constitución. Veremos cuánto del proceso constituyente indígena se verá reflejado en ella. Pero, al mismo tiempo, las coaliciones políticas que se disputan el sillón presidencial deberían considerar este valioso documento para estructurar sus programas gubernamentales. Allí encontrarán una hoja de ruta muy nítida y sustantiva sobre el vínculo entre el Estado de Chile y los pueblos originarios.

    El gran problema es que, mientras en las comunidades indígenas se articula un discurso coherente y muy claro sobre autodeterminación, las élites políticas aún piensan que bastaría con un reconocimiento genérico y la entrega de unos cuantos subsidios.  Es esta brecha la que incrementa la desconfianza y posterga la solución del conflicto entre el Estado chileno y los pueblos indígenas.  Porque, mientras no se discuta un reconocimiento sustantivo, no se resolverá –e incluso se intensificará– el conflicto.

    Ver en El Mostrador

    leer más
  • Fernando Rossenblat.jpg

    Mientras un académico ve similitudes con ambos referentes, otro postula que la experiencia chilena podría llegar a tener su propia identidad. La precandidata Beatriz Sánchez se inclinó por el país sudamericano.

    “Creo que el Frente Amplio es un proyecto muy chileno. De hecho, la inspiración más cerca que tenemos es el proceso uruguayo: un conglomerado bien diverso y que se abre a los movimientos sociales”, afirmó la periodista y candidata del bloque, Beatriz Sánchez, en entrevista con el El País, al ser consultada sobre las similitudes entre el Frente Amplio chileno y el Podemos de España.

    Días atrás, Francisco Faig, editorialista del diario El País de Uruguay, señaló a Emol que si bien hay similitudes entre la experiencia de su país y la de Chile, “el Frente Amplio chileno tiene un discurso más aguerrido de izquierda, contra el libre mercado, contra la globalización, que no fue el discurso con el que ganó el Frente Amplio de Uruguay en 2004. Ese Frente Amplio era más parecido a la Nueva Mayoría”.

    En este contexto, expertos analizan el origen de la inspiración del Frente Amplio chileno, a partir del referente uruguayo y del español, tal como presentamos a continuación.

    Diferencias y similitudes con las experiencias extranjeras

    Para el cientista político del Instituto de Asuntos Públicos (INAP) de la Universidad de Chile, Alejandro Olivares, entre el Frente Amplio chileno y el uruguayo, “las realidades son muy distintas, y aunque tengan nombres similares las organizaciones responden a lógicas internas muy particulares (…) Si uno lo mira en la lógica de que hay dos bloques políticos que se entregan al poder y por fuera hay un conjunto de grupos que quieren romper esa hegemonía, sí efectivamente tienen un parecido”.

    Con ello, concuerda que “desde el punto de vista de la orgánica, del estilo de debate, de ideas, el Frente amplio uruguayo es una organización muy amplia que en el caso chilenos incluiría sectores que están en la Nueva Mayoría (…) Nuestro Frente Amplio se parece más al Podemos que está en un nicho más específico que no quieren tranzar con los partidos tradicionales y que quiere un camino particular desde la izquierda”.

    “Desde el punto de vista de lo que representa, las ideas y lo que buscan, efectivamente uno podría decir que la inspiración del Frente Amplio chileno es el Frente Amplio uruguayo, romper con la hegemonía de dos bloques o grupos tradicionales. Pero, en la lógica de su funcionamiento el Frente Amplio chileno se parece un poco más a Podemos”, remató el docente de la U. de Chile.

    Por su parte, el académico de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Diego Portales (UDP), Fernando Rosenblatt -uruguayo quien reside hace 9 años en Chile-, consideró que “el Frente Amplio uruguayo no se parece a la Concertación, además de ser una coalición de partidos es un partido con su estructura organizacional, con sus bases independientes, cosa que la Concertación nunca tuvo (…) No podemos decir a qué se parece hoy al menos, ciertamente hay cosas que lo separan del Frente Amplio uruguayo, así como también hay cosas que lo separan de Podemos y también de la experiencia de la Concertación”.

    Según Rosenblatt,”está claro que se asemeja bastante a otras experiencias de coaliciones en Chile. Yo creo que no se va a parecer a Podemos, porque hay varios de los sectores del Frente Amplio chileno que de alguna manera eligieron el camino del partido político, de la institucionalización”, lo cual piensa que es determinante.

    “Es muy pronto para decir a qué se va a parecer el Frente Amplio chileno o a qué se parece, no se parece al Frente Amplio uruguayo, porque esto no es 1971 (..) el contexto de polarazización política y de crisis económica que tenía Uruguay en ese momento no lo tiene Chile, hay un proceso propio en un contexto de desencanto y de alejamiento con sus partidos políticos. Puede ser que la épica del movimiento estudiantil, de reencantar y de reencontrarse con la política sean suficientes para construir una identidad propia dentro del Frente Amplio”, concluyó el profesor de la UDP.

    http://www.emol.com/noticias/Nacional/2017/05/19/859007/Podemos-o-Uruguay-Expertos-analizan-el-origen-de-la-inspiracion-del-Frente-Amplio.html

    leer más
  • claudio-fuentes (1).jpg

    El lento ocaso del conglomerado oficialista no debiese implicar el fin de aquella forma de hacer política –morirá la Concertación, pero no morirán los pactos–. Al no existir ninguna fuerza política que supere con suerte el 25% de los votos en el Congreso, no hay otra posibilidad que buscar pactos para gobernar. La tesis del camino propio queda descartada, toda vez que no existe ninguna fuerza política que, en un horizonte futuro próximo, pueda convertirse en partido mayoritario, ni en la derecha, el centro o la izquierda. Quizás muera la Concertación, pero lo que no morirán son los pactos políticos para administrar el poder.

    Para entender la importancia del anuncio democratacristiano, debemos retrotraernos unas décadas. A mediados de los 80, se dio un significativo y todavía vigente debate sobre el objetivo de lo que después conocimos como la Concertación. Angel Flisfisch (1985) definió el dilema que enfrentaban las fuerzas opositoras a Pinochet como uno entre formar un pacto o avanzar hacia un proyecto –el dilema pacto/proyecto–.

    En ese entonces, algunos sectores políticos sostenían que la única posibilidad de terminar con la dictadura era mediante un pacto que autorregulara las demandas de los partidos y que generara un acuerdo entre fuerzas que se reconocían como diferentes. Se trataría de un pacto táctico, instrumental, basado en objetivos compartidos, aunque no idénticos.  Otros sectores, en cambio, favorecían la idea de un “proyecto político”, esto es, la generación de una voluntad general que buscaba producir transformaciones graduales aunque sustantivas del sistema político, social y económico del país.

    Así, desde su origen, los concertacionistas enfrentaron repetidamente una tensión entre estas dos formas de concebir al conglomerado –como pacto o como proyecto–. Esta cuestión no es menor, por cuanto plantea un asunto todavía más sustantivo respecto de la gobernabilidad política del país: ¿es posible garantizar un marco de gobernabilidad democrática sin el concurso del centro y de la izquierda? ¿Qué mecanismos garantizan la resolución de conflictos dentro de cualquier coalición?

    Ante todo, debemos tener en cuenta que en el germen de la Concertación existían tres imperativos.

    Primero, se requería reconocer que los proyectos excluyentes de izquierdas y del centro político habían fracasado estrepitosamente. El “Camino Propio” de la DC y la “Vía Chilena al Socialismo” de la Unidad Popular respondían a una forma de concebir la política desde una lógica de enemigos frente a los cuales no era posible realizar concesiones. Recordemos que en ese entonces no se transaría un programa “ni por un millón de votos”. Recordemos que otros querían “avanzar sin transar”. Y, desde la vereda de enfrente, se señalaba: “No hay mejor comunista que un comunista muerto” o “junten rabia, chilenos”. La Concertación se transformaría en la antítesis de aquella forma de concebir la política, por cuanto la falta de acuerdos podría gatillar tal nivel de polarización que terminaría en un golpe de Estado.

    El segundo imperativo es que la Concertación se estableció como el acuerdo político más viable para terminar con la dictadura. El camino de la desobediencia civil y de la vía armada quedó definitivamente descartado después del atentado fallido en contra del general Pinochet en septiembre de 1986. El único camino fue vencer a la dictadura jugando en la cancha y bajo las reglas que el propio Pinochet impuso. El pacto de centroizquierda nació para terminar con la dictadura y lo consiguió.

    El tercer imperativo fue que la Concertación se planteó como la única opción de gobernabilidad democrática. La derecha política conservadora y liberal estaba tan íntimamente ligada a la dictadura, que apoyó a Pinochet en su intento por mantenerse en el poder por 8 años. Luego, justificaría las violaciones a los derechos humanos, defendería el legado del régimen y se abanderaría con el propio dictador. En ese contexto, para el centro y la izquierda resultaba inviable la opción de considerar a las fuerzas políticas de derecha como “democráticas”. Se estructuró, de este modo, la línea de división o clivaje dictadura-democracia que porfiadamente nos acompaña hasta nuestros días (baste observar la relevancia del debate sobre “Punta Peuco”).

    Así, el peso histórico que recaía en la Concertación era triple: no repetir los errores de un pasado, conseguir una conquista electoral en contra del dictador y garantizar la gobernabilidad democrática futura.

    Tan potente era el alcance de dicha coalición, que algunos intelectuales llegaron incluso a concebirla como un proyecto de gran alcance y que se materializaba en lo que se denominó el partido transversal –ese grupo de actores que adquirieron una complicidad colectiva para defenderla–. Sin embargo, la coalición siempre reunió a un conjunto de actores que provenían de culturas políticas muy diferenciadas. A la hora de definir los programas, se excluían temas espinudos (aborto, por ejemplo) y se negociaban cupos o espacios de poder cuidadosamente. El partido transversal gobernaba las diferencias, pero ello nunca permeó las lógicas internas partidistas y de ahí que siempre terminaba subsumida en negociaciones entre el centro y la izquierda.

    Ahora bien, si el objetivo concertacionista de gobernar las diferencias sigue siendo pertinente, ¿por qué vemos que esta alianza crítica entre el centro y la izquierda se diluye?

    Varias cuestiones han cambiado y que podrían explicar este resultado: 1) el deterioro electoral de la Democracia Cristiana que, de ser el partido dominante de la coalición, se transformó, en poco más de dos décadas, en una fuerza equivalente o menor a la suma de los partidos de izquierda; 2) el reemplazo del sistema binominal que eliminó el incentivo de competir en una misma lista parlamentaria para asegurar cupos en el Congreso; 3) la inclusión del PC en el conglomerado, que acentuaría el carácter instrumental del pacto; y 4) el progresivo retiro político de los históricos concertacionistas y la ausencia de un reemplazo generacional que sustente los mismos imperativos que la organizaron.

    Pero el lento ocaso del conglomerado no debiese implicar el fin de aquella forma de hacer política –morirá la Concertación, pero no morirán los pactos–. Al no existir ninguna fuerza política que supere con suerte el 25% de los votos en el Congreso, no hay otra posibilidad que buscar pactos para gobernar. La tesis del camino propio queda descartada, toda vez que no existe ninguna fuerza política que, en un horizonte futuro próximo, pueda convertirse en partido mayoritario, ni en la derecha, el centro o la izquierda.  Los partidos políticos en Chile están condenados a pactar, a negociar, a sentarse a la mesa y estructurar gobiernos de coalición. Quizás muera la Concertación, pero lo que no morirán son los pactos políticos para administrar el poder.

    Si pactar es condición necesaria para alcanzar el poder, la pregunta relevante se relaciona con el tipo de configuración que adquirirán las coaliciones en el futuro, y las opciones no son muchas. El centro político podría llegar a pactar con la derecha, siempre y cuando aquella derecha se desligue del legado de Pinochet. Programáticamente RN, Evópoli, Amplitud y la DC no están tan lejos, por lo que no sería extraño observar un acercamiento que, de hecho, en años pasados ya se ha producido. Pero el centro político podría seguir pactando con la izquierda moderada, toda vez que se mantengan ciertas orientaciones programáticas básicas y exista una historia común. El eje histórico DC-PS podría recurrir a los componentes progresistas de la Democracia Cristiana y al pragmatismo socialdemócrata del socialismo.

    Un tercer arreglo, menos probable hasta hoy, es la conjunción política futura de la izquierda concertacionista (PPD, PS, PC) con cualquier actor de izquierda, incluyendo al Frente Amplio.

    Esta última coalición todavía es una promesa, por cuanto su caudal electoral es mínimo, pero, si llegase a constituirse en una fuerza más relevante en los próximos 10 a 20 años, podría hipotéticamente darse este escenario. Lo anterior, obviamente, colocaría al Frente Amplio en la difícil posición de pactar con fuerzas políticas moderadas, lo que hasta el día de hoy constituye una suerte de sacrilegio para muchos de ellos. Principistas y pragmáticos debatirán arduamente sobre la oportunidad para negociar con las fuerzas políticas moderadas. Esperemos acumular fuerzas, dirán algunos, abramos espacios de diálogo y compromiso programático, dirán otros.

    El asunto central y clave de esta historia dice relación con la forma de concebir la política en Chile: como fuente de compromiso y acuerdo o como campo de confrontación y exclusión. La estructura multipartidista y la ausencia de partidos mayoritarios, fuerza una lógica de compromisos dentro de la Nueva Mayoría, al interior de Chile Vamos e incluso dentro del protofenómeno del Frente Amplio. Sin compromisos, no se generan mayorías políticas; sin mayorías electorales, no se conquista el poder; y sin llegar al poder, no se avanza en las ideas de cambio social que cada coalición aspira a representar.

    Esta es la paradójica situación del momento actual: a la muerte de la Concertación, le seguirá una larga vida hacia otros modos de concertarse. La representación en sistemas multipartidistas no admite muchas más opciones: o buscas el compromiso y el acuerdo para asegurar aquellas mayorías para gobernar o, simplemente, tensionas el sistema y pereces. Y el sistema político ha experimentado, no uno, sino varios momentos críticos de confrontación radical de proyectos políticos excluyentes. De ahí que una cuestión fundamental a debatir se refiere a la forma en que los partidos y actores del proceso político resuelven o evitan resolver sus conflictos.

    Disponible en:El Mostrador

    leer más
  • unnamed-600x231.png

    Núcleo Milenio “Desafíos a la Representación”, alojado en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, anuncia vacante para asistente de gestión.

    Posición: Asistente de Gestión Núcleo de Investigación, dedicación media jornada, disponibilidad inmediata.

    Empleador: Núcleo Milenio “Desafíos a la Representación”, Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales (Santiago, Chile).

    Descripción: el Núcleo Milenio “Desafíos a la Representación”, alojado en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, llama a concurso para llenar el cargo de asistente de gestión. Para postular es necesario haber terminado una carrera de pregrado en el ámbito de las ciencias sociales o de la administración. Contar con experiencia en gestión de proyectos de investigación y una formación cercana a los temas de investigación del Núcleo será considerado como una ventaja para poder obtener el puesto.

    Principales Responsabilidades: apoyar al equipo de investigadores del Núcleo en labores administrativas y académicas; mantener actualizada la web del Núcleo; llevar adelante las rendiciones mensuales y anuales; gestionar la realización de eventos de extensión (ej., reserva salas, solicitud de afiches, invitaciones, logística y comunicación) y la visita de invitados internacionales (ej., reserva de pasajes y hoteles, gestión del pago de honorarios y viáticos);

    Términos y Condiciones: contrato de ocho meses, desde mayo a diciembre del presente año (sujeto a evaluación de desempeño; posible extensión para el próximo año en caso de que el Núcleo sea renovado). Remuneración de 400.000 pesos brutos, pago contra boleta de honorarios.  

    Proceso de Postulación: enviar carta de interés en la que explique su trayectoria en interés en el puesto de trabajo, así como también un curriculum vitae actualizado en el que indique al menos tres referencias que podrán ser contactadas en caso que se estime pertinente.

    Las postulaciones deben ser enviadas a: milenio.representacion@mail.udp.cl consignando en el asunto del mensaje “Concurso Asistente de Gestión”.

    Fecha de Cierre: 1 de mayo de 2017, entrevistas con candidatos seleccionados primera semana de mayo

    Por información adicional sobre el Núcleo Milenio “Desafíos a la Representación”, diríjase a:   www.representacion.cl

  • 170417 El Mercurio - Seminario Estudiantes-Ciudadanos.png

  • claudio-fuentes (1).jpg

    De un tiempo a esta parte se ha consolidado la idea que los partidos y sus dirigentes políticos no han estado a la altura de las circunstancias. Mientras la ciudadanía clama por espacios de participación, los partidos insisten en tomar decisiones cupulares; mientras la ciudadanía desea discutir temas sustantivos de la vida democrática (redistribución, igualdad, libertad), los actores políticos se esmeran por evitar la discusión, el debate, la deliberación.

    Predomina en los actores políticos el cálculo estratégico, el cortoplacismo, la ambición de maximizar su poder a todo costo. Un sistema político que abandona el debate de los principios y de ideas. Unos partidos que se concentran en la forma de mantener o acumular poder.

    Existen variadas manifestaciones de este modo de hacer política:

    Hace pocos años se aprobó una norma que establecía primarias voluntarias y vinculantes para la designación de candidaturas. La decisión de hacerlas voluntarias se funda en el interés de los actores por controlar el proceso político y explica la incertidumbre que vivimos hoy. Si fuesen obligatorias, no existiría incertidumbre y los actores políticos se dedicarían a buscar votos, a ganar adeptos y promover sus ideas para convertirse en candidatos. Pero como son voluntarias, los partidos en realidad están atentos el desarrollo de las encuestas, analizan las estrategias de los oponentes, calculan sus posibilidades, y toman decisiones de ir o no ir a primarias como parte de una frenética disputa de poder.

    Su carácter voluntario las convierte en un instrumento de las cúpulas de los partidos para movilizar unas decenas de adeptos en un Comité Central a favor de una u otra opción. Así, la voluntariedad de las primarias es la manifestación institucional del cortoplacismo, del cálculo estratégico de quienes controlan los partidos. Incluso, estos dirigentes podrían tomar la decisión de no realizar primarias si las condiciones políticas lo ameritan. Y llegamos a la paradoja de observar cómo los encargados de administrar la democracia, no la practican dentro de sus propios espacios de decisión.

    Una segunda manifestación de esta perversión, es la forma en que los partidos internalizan a las encuestas como el mecanismo por excelencia para tomar decisiones. Candidaturas presidenciales se han bajado porque van mal en las encuestas (Alvear, por ejemplo). Candidaturas parlamentarias y de alcaldes se han definido a partir de encuestas. Ahora, en la elección de Guillier en el Partido Socialista predominó la misma lógica del apoyo de la opinión pública. Si una candidatura no marca, mejor bajarla (ejemplos hay demasiados, pero basta con citar a Insulza y Atria).

    Lo anterior es la antítesis de la democracia. La democracia, en su sentido originario implica la reunión del pueblo, la deliberación, el debate de opiniones contrarias, y la decisión. Nada de eso ocurre en las actuales circunstancias. Los partidos renuncian a la deliberación, al debate de ideas, a tomar decisiones basadas en una polémica fundada en la razón y la argumentación. Se opta por la percepción, por la imagen, por las siluetas y sombras que se dibujan a partir de difusos instrumentos de opinión. A nadie se le ocurrió invitar a Lagos y Guillier a un foro a deliberar antes de tomar una decisión en el Partido Socialista. Nadie demandó sus programas.

    Incluso las definiciones programáticas responden a la ilusión óptica de las encuestas. El ya definido candidato Sebastián Piñera señalaba con orgullo en su lanzamiento que las prioridades de su gobierno serían las de la ciudadanía. Se renuncia a generar y promover ideas y se insiste en responder a los intereses de esta opinión pública que en una frase dice que le preocupa la delincuencia, la salud, la educación, y el empleo. La política se convierte en un instrumento para canalizar preocupaciones ciudadanas capturas por encuestas realizadas—en algunos casos—a la salida del metro.

    Y aunque en la palestra pública se producen intensos debates sobre redistribución, igualdad, libertades, diversidad y reconocimiento, nada de ello es capturado por los partidos. Los partidos renuncian a debatir sus proyectos ideológicos; renuncian a la deliberación, a la socialización política. Se aferran a la esperanza que un arreglo político desde arriba o una encuesta de opinión les permitirán mantenerse en el poder. Lo que observamos en los últimos años es la renuncia de los partidos a su rol como articuladores de demandas sociales. Los partidos dejan de representar a grupos o intereses y pasan, sin pena ni gloria, a representar imágenes que les permitirán aferrarse al poder.

    Entiéndase bien. El problema no es que los partidos quieran o busquen el poder. Aquello es lo esperable y deseable. Aquello es parte esencial a su función en tanto partidos. Lo problemático se refiere a las formas, a los instrumentos utilizados para retenerlo o alcanzarlo. Llegamos a la paradójica situación de partidos que renuncian al ejercicio democrático de la deliberación y la confrontación de ideas en pos de su sobrevivencia.

    leer más
  • A_UNO_777251_ee38d_816x544.jpg

    Sebastián Piñera demarcó el debate presidencial en una simple pero crucial polaridad: Mercado versus Estado. En su presentación como candidato presidencial, no optó por el camino del medio (corregir los errores del actual Gobierno), sino que se matriculó clara y rotundamente a favor de enmendar el rumbo volviendo al mercado.

    Su fe en el crecimiento económico promovido por el mercado es categórica, llegando incluso a definirlo como un imperativo moral, “porque el crecimiento económico crea empleos, mejora los salarios, aumenta la recaudación del Estado (…). No hay mejor política de recaudación fiscal que el crecimiento económico. Si logramos que la tasa de crecimiento se duplique o triplique, entonces todo lo que yo le estoy diciendo va a ser posible. Por eso, la esencia de nuestro programa de Gobierno es que Chile recupere se capacidad de crecer, de invertir, de mejorar los empleos, de mejorar los salarios y mejorar las pensiones”, expresó Piñera, en Radio ADN (23/03/2017).

    Para lograr este crecimiento económico, las políticas delineadas son las clásicas de un programa de derecha económica: favorecer la libre empresa, reducir los impuestos y modificar la reforma laboral, aminorando el peso de los sindicatos.

    A lo anterior se suma la creencia en la libertad individual como motor del emprendimiento y la superación de las desigualdades. Mientras la Nueva Mayoría buscó independizar la capacidad económica de los individuos de la entrega de beneficios sociales –eliminando, por ejemplo, el copago–, Piñera vuelve a la carga con el modelo vigente hasta antes de Bachelet: “Fortaleceremos la libertad de enseñanza –nos dice Piñera– y devolveremos a los padres el derecho a elegir y aportar voluntariamente a la educación de sus hijos”.

    En otras palabras, lo que se propone es volver a liberar las fuerzas del mercado en la educación, donde la formación de un niño dependa del esfuerzo individual que los padres puedan hacer. Se garantizan ciertas mínimas oportunidades y, a partir de allí, se incentiva la competencia estimulada por los aportes en dinero que hagan los padres a la educación de sus hijos. Los padres, en su afán de entregarles la mejor educación a sus hijos, invertirán la mayor cantidad de recursos que puedan, tratando de diferenciarse de otros que también compiten por lo mismo.

    En pensiones la solución es algo parecida. Sostiene Piñera que el mejor aliado para tener buenas pensiones es el crecimiento económico, por cuanto así se mejoran los salarios y eso afecta la capacidad individual de ahorro. Pero, además, promoverá mayores aportes del Estado para garantizar un mínimo; empleadores que debiesen aportar más; AFP que debiesen reducir sus comisiones; y trabajadores que deben permanecer por más tiempo en la fuerza laboral para incrementar sus capacidad de ahorro.

    El periodista le pregunta si el aporte de los empleadores se traduciría en un estancamiento de los salarios, pues no es grato para un empresario aumentar sus costos de mano de obra. Piñera responde: “Mire, lo que realmente estanca los salarios son las economías que no crecen. Vea usted, en el mundo entero, cuando los países no crecen, los salarios no crecen” (Radio ADN, entrevista citada). Al parecer el crecimiento estimularía mágicamente la generosidad de estos empleadores.

    Fe ciega en el mercado como distribuidor de beneficios y defensa férrea de la libertad individual, constituyen el corazón de la apuesta programática de Piñera. Retornamos al punto ideológico de partida, de depositar toda la confianza en los individuos como “arquitectos y protagonistas de sus propias vidas y futuro”. El Estado entrega ciertos mínimos, pero a partir de allí dependerá de esta capacidad de los “emprendedores” de modelar sus destinos. No se pone atención ni a las desigualdades estructurales preexistentes ni a lo disparejo de la cancha para viabilizar aquella “competencia”. No se cae en cuenta de que en una sociedad desigual hasta los méritos están desigualmente distribuidos, beneficiando precisamente a aquellos que están en la cúspide de la escala social.

    Piñera, de este modo, nos invita a retornar a la sociedad de mercado modelada en dictadura y profundizada en democracia. Ordena el debate en torno a un eje crucial: Mercado versus Estado. Y, al explicitarlo sin matices, alineará seguramente a los actores políticos entre los defensores de la sociedad de mercado (que mercantiliza nuestras relaciones sociales y las transforma en competencia) y quienes buscan, a través de la intervención del Estado, independizar la capacidad individual de generar recursos de la provisión de políticas públicas.

    Y aunque este dilema parece una cuestión puramente económica de crecimiento, mercado, competencia y asignación de recursos, bien valdría recordar la frase de John Stuart Mill respecto a que “ningún problema económico tiene una solución puramente económica”. Porque ni el crecimiento por sí solo resolverá los problemas del modelo de desarrollo, ni menos la competencia individual por sí sola hará, de esta sociedad, una más meritocrática.

    Fotografía: Agencia Uno

    Disponible en: El Mostrador

    leer más
  • DSC_2520-320x213.jpg

    Núcleo Milenio "Desafíos a la Representación" en conjunto con la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, realizaron el lanzamiento del número especial del Journal of Politics in Latin América: Desafíos a la Representación en el Chile Actual, editado por nuestros Investigadora Responsable e Investigador Responsable Suplente Rossana Castiglioni y Cristóbal Rovira. 

    El número presenta una série de artículos escritos por académicos nacionales e internacionales, que analizan el Chile actual desde variadas perspectivas e interpretaciones del fenómeno, desde el estado de los partidos políticos, el diseño institucional, el rol de las clases medias y el proceso de repolitización de la desigualdads. 

    La actividad fue comentada por la Oficial de Gobernabilidad del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Marcela Ríos y el Rectos de la Universidad Diego Portales Carlos Peña. 

    El número se encuentra disponible en su totalidad aquí.

  • 111-49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior, Claudio Fuentes, junto a otro grupo de panelistas conversaron acerca de la visita del gerente de Bancard a La Moneda durante la administración de Sebastián Piñera en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí.

  • base_image (21).jpg

    La marcha #ConMisHijosNoTeMetas ha sido una de las más importantes respuestas conservadoras locales a las iniciativas liberales de los últimos años. La ola igualitaria gatillada a nivel mundial –reconocimiento de derechos para la comunidad homosexual, respeto y políticas de equidad para mujeres, etc.– provocó una contraola conservadora que hemos apreciado en las urnas (Brexit, Trump, victoria del No en el referéndum por la paz en Colombia).

    En el Perú, la polarización en torno a valores (aún) se detenta en el campo de la sociedad civil. Periodistas y “líderes de opinión” esgrimen sus posiciones en la prensa; iglesias evangélicas y colectivos asociados a ONG en las calles. Aunque algunos atemorizan con la eminencia de un “Trump chicha” (¿Phillip Butters?), el nivel de politización en el Perú es menor en comparación con otros países (Colombia, por ejemplo).

    Los asuntos morales son motivaciones poderosas para el activismo ciudadano porque están directamente asociados a las identidades personales. Se defiende el “enfoque de género” o se lo ataca como “ideología” porque toca las pulsiones más elementales de quienes se enlistan en uno u otro lado de la disputa. Cada grupo enfrentado apela al paradigma que justifique su razonamiento, ya sea científico o religioso. En la confrontación pública de estas estructuras morales, estudios científicos y sagradas escrituras se convierten en documentos de posverdad. El intercambio desordenado de posiciones se superpone sobre desencuentros sociológicos previos (de clase y origen social). Así, la polarización de valores se agudiza cuando uno de estos paradigmas se presupone “superior” a otro. Por ejemplo, quienes defienden la “superioridad de la razón” lo hacen exhibiendo las jerarquías de ingreso, estatus social, nivel educativo, etc. Como consecuencia, el conflicto estalla de manera irreconciliable.

    La situación es grave porque entonces no estamos ante una disputa en torno al currículo escolar, sino ante un serio problema de convivencia social. Se ha perdido el sentido de comunidad (“nosotros”) y establecido la división entre “unos” y “otros”. El “progre” que intenta ponerse en el lugar ajeno lo hace desde una posición superior (“son ignorantes”), ofensiva (“son la encarnación del Ku Klux Klan”) y burlesca (“la Tierra es plana”). El “conserva” se siente perteneciente al antiestablishment, así que insulta a diestra y siniestra (“aborteros”, “promotores del lobby gay”). Lo que se ha perdido de vista es que, cualquiera que sea el paradigma que endose, el “otro” es Usted mismo.

    Este es el tipo de conflicto social que estalla en las narices del gobierno pepekausa, carente de respuesta política. Pareciera que para quienes ocupan el Ejecutivo, gobernar significa exclusivamente administrar la economía; desconocen qué hacer cuando surgen conflictos en la sociedad. Analizan las protestas ambientales desde sus anteojeras pro empresa, pero les asalta la inamovilidad ante conflictos valóricos. Ante ellos, el Ejecutivo ignora cómo ponerse por encima de los bandos y consensuar políticas públicas, especialmente en los sectores Educación, y Justicia y Derechos Humanos. Ellos también parecen ser el “otro” de una sociedad que no comprenden. 

     

    Imagen: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • base_image (20).jpg

    Al inicio de la semana, unos 4.000 quiteños –generalmente de clase media-alta– tomaron las calles aledañas al Consejo Nacional Electoral (CNE), autoridad que hacía el conteo oficial de la primera vuelta realizada el domingo. A grito de “No al fraude”, los movilizados estaban prestos a disputar los resultados. Paradójicamente, se trataba de quienes han sido favorecidos por los mismos. A pesar de que existían razones objetivas para esperar en casa la inminencia de una segunda vuelta, el desprestigio de un régimen personalista y arbitrario contagió a quienes enarbolaban la bandera democrática. Fueron los propios “demócratas” anticorreístas quienes echaron sombras –innecesariamente– sobre la credibilidad del proceso electoral.

    Se entiende la animosidad del anticorreísmo. Han vivido diez años de un régimen semidemocrático y populista. Sin embargo, contradiciendo sus antecedentes, Rafael Correa no pugnó por tentar una nueva reelección, a pesar de las maniobras legales para facilitarla. No insistió en el camino de sus colegas ideológicos como Hugo Chávez y Daniel Ortega. (Quizá esté más cerca de emular a Álvaro Uribe al patrocinar un movimiento propio sin figurar él mismo en la boleta electoral). Ello no significa que estemos ante un autócrata domesticado. La victoria parcial de Alianza País fue digerida como derrota –esperaban una victoria definitiva–, lo que avivó la amenaza de la “muerte cruzada”, dispositivo constitucional para disolver el Congreso y convocar a nuevas elecciones generales.

     
    El anticorreísmo cayó en una guerra de nervios. Perdió sensatez y promovió inestabilidad, justificándose en apreciaciones subjetivas. Las proyecciones en base a los resultados oficiales preliminares y el oportuno conteo rápido de la ONG Participación Ciudadana anunciaban una segunda vuelta (en el Perú, recuerden un comunicado figuretti de la Asociación Civil Transparencia que descartaba victoria fujimorista sin ensayar conteo propio). Sin embargo, la demora comprensible en el procesamiento de los votos fue interpretada como fraude en marcha. Si bien había condiciones para que el gobierno intentase robar las elecciones, el proceso electoral se realizó dentro de estándares aceptables. Las irregularidades denunciadas por la oposición durante la campaña –padrón electoral con deficiencias, uso de recursos estatales a favor del oficialismo, formación presumiblemente sesgada de las autoridades electorales– no afectaron el output. No es Venezuela ni Nicaragua, donde es imposible pensar en elecciones limpias, libres y justas. En Ecuador, la autoridad electoral logró ganar autonomía y erigirse con imparcialidad, en medio de un ambiente polarizado por las presiones –tras bambalinas y callejeras– del correísmo y anticorreísmo, respectivamente.

    Las movilizaciones frente al CNE tienen sentido político. Los seguidores de Lasso buscan así articular el anticorreísmo para la segunda vuelta y construir un enemigo autoritario como elemento cohesionador de cara a abril. Su “defensa de la democracia” es en realidad una estrategia política que no tiene reparos en desprestigiar un proceso electoral que cumplió con transparencia, a pesar de las condiciones adversas. Los demócratas cabales deberían saludar un proceso como el realizado en Ecuador. La democracia no solo necesita buenos perdedores, sino también buenos ganadores. 

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • base_image (19).jpg

    Es un lugar común para melancólicos referirse a “la Lima que se fue” con la seguridad de que todo tiempo pasado fue mejor. El desastre que es la capital en la actualidad permite corroborar dicha afirmación. Sin embargo, no se puede explicar su situación caótica sin el pasado. No es necesario referirse a un tiempo remoto, sino simplemente a la acumulación sucesiva de funestas gestiones edilicias. La actual –que dirige Castañeda Lossio– no enmienda el camino y afianza decisiones equivocadas que se tomaron en su peor momento. Lima asfixia la esperanza y refleja la medianía de sus autoridades y sus élites pensantes.

    El alcalde Castañeda refleja con claridad que “representación” no es sinónimo de “gobernabilidad”. Durante sus gestiones –las anteriores y la actual– ha proyectado una imagen aceptada con estima por el limeño promedio, con mayor calidez entre quienes viven en las zonas marginales. El hecho que este mes –por primera vez– su desaprobación supere a sus cifras de apoyo no deslegitima sus altos y constantes índices de popularidad. En un país donde campea la desconfianza a los políticos, es una de las autoridades con mayor respaldo. Estemos o no de acuerdo con su peculiar estilo populista silente –arbitrario, pragmático y aislado–, Castañeda logró calar en el limeño migrante marginal quizás con mayor éxito que –en sus respectivos momentos– Alfonso Barrantes y Ricardo Belmont.

     
    Castañeda, sin embargo, no capitalizó –hasta ahora– la representación para hacer las reformas sustantivas que Lima necesita con urgencia. A diferencia de lo que sucede en la administración de la economía nacional, no existe una tecnocracia urbanística –mucho menos un “piloto automático”– para gobernar la ciudad. Castañeda es –aún– un alcalde popular que carece de gestores con visión de futuro. Su popularidad tampoco le alcanzó para construir una narrativa de convivencia social, más allá del manido “todas las sangres”. Lima, como comunidad, está fragmentada en circuitos que reproducen la discriminación y el clasismo. Ni siquiera el progresismo local ha escapado de sus prejuicios virreinales: cuando un cholo toma una pileta en Chorrillos está “interviniendo un espacio público”; cuando reclama sus derechos frente a los peajes de Puente Piedra, se trata de “vandalismo”.

    El silencio frente a los retos de la ciudad trasciende a sus élites políticas y se inmiscuye en sus brillos intelectuales. No existe reflexión profesional y académica que se conecte con proyectos políticos para la capital. Se confunde el activismo con el “expertise”. Asimismo, la sociología urbana languidece al entender las dinámicas sociales de la capital. (Véase, por ejemplo, el libro de Omar Pereyra sobre la residencial San Felipe, más cerca de un ‘souvenir’ de nostalgia hipster que de un tratado sustantivo sobre las clases medias capitalinas). Los limeños retoman esa sana costumbre de levantar la voz sobre sus demandas vecinales. Lo que antes fue la habilitación urbana, hoy es el desplazamiento seguro por la ciudad. Pero mientras los ríos humanos hablan con más fuerza, las élites políticas e intelectuales enmudecen.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • base_image (18).jpg

    ¿Cuándo un ciudadano se convierte en “vándalo”? ¿Cuando se cubre el rostro y “ataca a la policía” con piedras? ¿Cuál es el umbral que separa la protesta justa de un ciudadano defendiendo sus derechos al libre tránsito, de un acto cuasiterrorista que atenta contra el libre tránsito de los demás? Las recientes movilizaciones sociales por el rechazo a los puestos de peaje establecidos en el distrito de Puente Piedra dejan en evidencia prejuicios y estigmas que distancian socialmente a los limeños. La prensa –lamentablemente– refleja la profundización de estos desencuentros.

    La protesta en Puente Piedra no sorprende; ya la Defensoría del Pueblo había alertado del malestar. No obstante, la grave carencia de un sistema de procesamiento de demandas sociales refuerza el “método del ninguneo”, provocando el escalamiento del conflicto. Revise usted cualquier estallido social contemporáneo –‘baguazo’, ‘moqueguazo’, Conga, etc.– y encontrará una constante: el desprecio estatal como condicionante de la respuesta violenta. 

     
    El justo reclamo –¿a quién se le ocurre poner un peaje dentro de zonas residenciales, con el agravante de que son de bajos ingresos?– es deslegitimado socialmente. Esta protesta se empaqueta periodísticamente como un hecho de violencia anómica, radicalizado por “azuzadores senderistas”. El estereotipo que se proyecta mediáticamente es el de “vándalos” e “infiltrados senderistas”, lo que provoca una ola reaccionaria que reproduce los reflejos “mano dura”. Así, las autoridades estatales legitiman la represión y la opinión pública celebra eufórica la estigmatización de los movilizados como “terrucos”. Más represión no es orden, sino ignorancia y desprecio sociales camuflados de “medidas de seguridad”.

    Cuando una protesta social alcanza picos de violencia es porque no ha encontrado forma institucional viable para mediar su demanda. La insatisfacción es el imán que atrae a operadores radicales, quienes cumplen la función de llamar la atención de manera desbordada (luego del fracaso de las autoridades políticas respectivas). Dicha violencia es una estrategia de movilización, una suerte de megáfono hacia el espacio público; no es innata en marginales –como se estereotipa–. Los distintos actores sociales tienen distintas maneras de proyectar públicamente sus requerimientos. Si nos quedamos en el plano estrictamente limeño, podemos decir que los vecinos de San Isidro y Miraflores tienen al alcance de la mano los noticiarios televisivos para quejarse sobre la eliminación de puestos de estacionamiento públicos. Los de Puente Piedra –luego de varios intentos–, recurrieron a la violencia. La protesta es, pues, el lobby de los pobres.

    El polvo en los zapatos de un limeño es el criterio para distinguir a un “poblador” de un vecino. Este uso discriminatorio de etiquetas reproduce, inadvertidamente, la distancia social y, por lo tanto, la violencia que denuncian con menosprecio. No se trata de ponernos en los zapatos del “otro”, sino de comprender que somos un “nosotros” con problemas cotidianos similares (estacionamientos públicos y eliminación de peajes). No estamos ante un problema exclusivamente de planificación urbana, sino de convivencia social.

     

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior, Claudio Fuentes, junto a otro grupo de panelistas conversaron acerca de la renuncia de los militantes del PRO y el discurso de despedida de Barack Obama en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • base_image (17).jpg

    Los antifujimoristas más recalcitrantes simplifican el fujimorismo como una “mafia corrupta” que habría que vetar de la política peruana. Para ellos, Fuerza Popular (FP) ni siquiera amerita ser objeto de análisis porque “ya sabemos cómo son”. Cualquier otro diagnóstico es interpretado –cuando menos– como concesión. Incluso los académicos que “osan” investigar el fujimorismo cruzan los límites de la “ética”; son intelectuales “cómplices”, “geishas” (sic).

    Los moderados –quienes nunca votarían por un fujimorista para ningún puesto de elección popular– reconocen que el fujimorismo ha construido una organización política que responde, además, a las reglas democráticas. Saben que nunca serán “caviares” y no les gusta su impronta legislativa. No dudan en caracterizar a los fujimoristas como “matones” que “abusan del poder”. Pero reconocen que es la principal fuerza política del país. Para ellos, el análisis urge. 

     
    Ambas intensidades antifujimoristas tienen un mismo origen; se remontan al 5 de abril de 1992. Su contenido se fue sedimentando durante los noventa como rechazo a las políticas de ajuste y al creciente autoritarismo de los gobiernos de Alberto Fujimori. Así, el antifujimorismo se fue tiñendo de izquierda y de valores democráticos, aunque con el tiempo trascendió estos límites ideológicos. El activismo ciudadano, promotor de “memoria histórica”, ha permitido transferir estas premisas a nuevas generaciones. Por ello, en contextos de declive de las ideologías y déficit partidario, el antifujimorismo aparece como aglutinador identitario que resuelve –circunstancialmente– la miseria del debate programático peruano. 

    El antifujimorismo goza de buena salud porque ha trascendido la coyuntura electoral que lo limitaba. Se ha convertido en una tabla de salvación para herejes políticos que han encontrado en su plataforma una causa para su voluntarismo. En un páramo partidario nacional y ante una ola conservadora-populista internacional, las protestas antifujimoristas sacian la necesidad posmaterial de expresión del descontento “progre”. Aunque carecen de recursos orgánicos sostenibles –más allá de cuadrillas de activistas callejeros y virtuales–, tienen capacidad de imponer ciertos puntos en el debate político. Sus mejores recursos se concentran en la opinión pública, al condicionar el tenor de la “mediocracia”.

    El antifujimorismo es un atajo cognitivo que funciona como elemento cohesionador posideológico en nuestra “democracia sin partidos”. Pero también podría socavar la convivencia ciudadana y el pluralismo político. En tanto que ‘anti’, no soporta matices ni distingue de entre sus rivales a élites y electores. Sus estigmas generalizan selectivamente. Si, por ejemplo, un miembro de un partido comete delitos de corrupción, esta falta se extiende en su imaginería a práctica institucionalizada. No por casualidad los partidos mejor organizados –Apra y FP– han sido blanco de estas estrategias de desprestigios (¿por qué no Perú Posible y el Partido Nacionalista?). 

    En este tipo de lid política –polarizadora en buenos versus malos– se desvirtúa el vínculo genuino del elector –aprista o fujimorista– con su identidad partidaria. El elector fujimorista queda casi condenado al más bajo escalón de la dignidad cívica, lo cual recarga sus baterías de enfrentamiento al ‘establishment’. Así, el círculo vicioso se eterniza.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    En conversación con Lo Que Queda Del Día, nuestro Investigador Senior, Claudio Fuentes, dijo que la carrera presidencial está en un escenario muy incierto como para definir quiénes estarán en la papeleta en noviembre del 2017. Además, presentó su libro “¿Cuándo se jodió Chile” y aseguró que el “poder económico siempre ha estado presente en nuestra república”. Escucha la entrevista completa aquí

    leer más
  • 52-alfredo-joignant.jpg

    En esta edición de Mesa Central, los panelistas Gonzalo Cordero, abogado experto en asuntos públicos, fundador de Azerta y Alfredo Joignant, doctor en ciencia política y profesor de la Escuela de Ciencia Política UDP, conversaron acerca del futuro de la izquierda con Ricardo Lagos en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha la entrevista completa aquí

    leer más
  • base_image (16).jpg

    La idea de un “nuevo” fujimorismo es una ficción de origen antifujimorista. Fue improvisada al calor de la campaña como intento de domesticación progre ante la inminencia de una victoria naranja, que solo se concretó en el Legislativo. Iluminadas mentes –propensas al ‘wishful thinking’– compartieron la ilusión de una versión caviarizada del fujimorismo. Confundieron los buenos modales de la candidata Keiko Fujimori con una conversión. Una charla en Harvard no hizo el verano.

    El fujimorismo –desde Alberto hasta Keiko– ha mantenido su composición molecular: ascendencia personalista del líder (omnipresente y todoterreno), cultura organizacional que valúa la lealtad rabiosa, enfrentamiento tanático al ‘establishment’ político y sus formas (democráticas), búsqueda de la legitimidad política en la relación directa con el electorado (fundamentalmente marginal). La versión keikista del fujimorismo es un ‘upgrade’ de la albertista: ha vertido el apoyo amorfo hacia una organización –Fuerza Popular (FP) es lo más cerca que tenemos a un partido–, ha centralizado la toma de decisiones inhibiendo el faccionalismo (adiós, montesinismo o absalonismo), e imponiendo compartimentos estancos, ha erigido una estructura de poder autónoma (que puede potenciarse con la prebenda estatal). ¿Tiene dudas? Ganó la hegemonía del Congreso con el voto.

     
    Con estas premisas auscultemos la lógica fujimorista de las últimas semanas. La prioridad de Keiko Fujimori es conseguir la cohesión de una bancada de magnitud inédita. Coordinar 72 voluntades –en un partido personalista– requiere talento y esfuerzo desde la cúpula. La censura a Jaime Saavedra ha resultado funcional para dicho objetivo. Ha sido su primer despliegue de gimnasia política: al tiempo que se prueban las lealtades y se previenen fisuras, los escuderos ensayan una racionalidad ad hoc que incorpora la polémica y –en el extremo– el absurdo. La internalización del liderazgo keikista ha supuesto la búsqueda anticipada de satisfacción de las expectativas de la lideresa por parte de su séquito.  

    El fujimorismo nunca le va a correr a la polarización porque el enfrentamiento con el ‘establishment’ (tecnocrático, pituco, liberal) aviva a su electorado (antielitista, mano dura, conservador). Radicalizar la disputa –sobre todo desde la mediocracia– es música para los oídos naranjas. Mientras el antifujimorismo apuesta a la esfera mediática –el desprestigio crónico del Congreso puede socavar la popularidad naranja–, el fujimorismo confía en su maniobra maquinal. FP cuenta con los recursos institucionales para sostener una confrontación permanente. 

    Cinco años atrás, Keiko Fujimori emprendió su trabajo partidario recorriendo el país. Hoy lo hace cohesionando a su bancada. Si asegura fidelidad, podrá contar con la reproducción del trabajo proselitista de sus parlamentarios llegado el momento. La satanización a la Comisión de Presupuesto no ha permitido evidenciar la habilidad del fujimorismo en el ‘pork-barrel’ informal con los gobiernos subnacionales (más eficiente que la PCM con las regiones). No creo que el fujimorismo quiera precipitar un cambio de gobierno, sino que está consolidando su oportunidad política –consciente de los altos costos–. Estamos ante el inicio de una nueva estrategia del mismo proyecto. El fujimorismo no cambia, se sofistica. 

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Entrevista a nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes, quien esta semana presentó su libro “Cuándo se jodió Chile: memorias para la democracia”, en el programa “Mesa Central” de T13 Radio. En la conversación hablaron de porqué surgió escribir este libro y los hitos de nuestra historia republicana. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Ignacio Domeyko, un geólogo de la nobleza polaca, llegó a Chile casi por casualidad, escapando de las guerras europeas. Escuchó que en el norte se requería un experto en estudios mineros. Un hombre de 36 años que en 1838 llegaría a la región de Coquimbo. Se hospedó en la casa de don Vicente Subercaseaux.
    Tal como Hernán Godoy y Alfredo Lastra lo relatarían en un libro de 1994, Domeyko sería un privilegiado testigo del período electoral de 1839-1840. Copiapó vivía el boom minero de Chañarcillo.

    Así describe aquella ciudad nuestro personaje: “Se ven casas nuevas bien construidas, pero como si fueran provisionales, sin gusto y sin ostentación, tiendas, el cabildo y la casa del gobernador y dos pequeñas iglesias de la época”, una de las cuales estaba derrumbada. Una ciudad llena de polvo, con pocos niños y sin estilo, diría Domeyko.

    Pero de Domeyko nos interesa lo que descubrió de las elecciones. Recordemos que en ese entonces, el municipio establecía una comisión que velaría por el registro de los votantes. Continúa Domeyko: “A las once de la mañana la campanilla del cabildo da la señal y los comisarios se sientan en la plaza delante del edificio. Se abre el libro y todo ciudadano, rico o pobre, siempre que tenga una renta anual de 200 piastras producida por el trabajo, oficio o tierras o por cualquier industria (…) se acerca a la mesa, sin ceder a nadie la prioridad”.

    Con ironía, Domeyko agrega: “El forastero desconocedor de las costumbres, viendo este cuadro de la prudencia, modernidad y fraternidad republicana, se lleva una gran alegría, admirándose al parecer de esta libertad y de estos privilegios. Pero observando más atentamente lo que está sucediendo ve en torno y no lejos de las mesas conciliábulos, murmullos y grupos de gente, y ve entre ellos a individuos que parecen llevar la voz cantante, ve convites a los bares y cierto movimiento y un ir y venir, pero sin ruido, sin escándalo, porque el pueblo de aquí es de carácter calmado”.

    Entonces, Domeyko señala que un forastero mejor informado “advierte que toda esa operación calificadora, en apariencia tranquila, es un campo en que se dirimen los primeros duelos de los partidos departamentales y que de ella depende la tendencia y el buen o mal resultado de las elecciones”. Pasa a contarnos que cada partido trata de incidir para tener comisarios a su favor y “de inscribir en el libro, lícita o ilícitamente, el mayor número de partidarios. Como es el cabildo el que elige, los comisarios, los esfuerzos de los partidos tienden a captarse a los miembros del concejo municipal y tener la mesa”.

    Pero las mañas electorales no terminaban allí. Como Domeyko era un observador avezado, nos relata lo que viene a continuación del cierre del registro de ciudadanos habilitados para votar. “Tan pronto como queda cerrado el registro, cada parroquia ha de inscribir a sus electores y remitir el libro al cabildo, comienza el movimiento clandestino, un verdadero comercio con las calificaciones. Con algunos ciudadanos, de clase inferior, el asunto no ofrece mayor dificultad, pues en cuanto se retiran de la mesa, en virtud de un convenio precio, el que les invitó a comer y a beber, le retira, a cada uno, a cambio de una bagatela, la cédula recién firmada por la comisión y se despide para siempre del elector, embolsándose su calificación. Pero con la mayor parte de los calificados el asunto se presenta algo más difícil: hay que entrar en regateos o buscar arbitrios que ni siquiera fueron soñados por nuestros filósofos liberales”.

    Curas, militares, empresarios, jueces y oficiales públicos participan de este tráfico de calificaciones que termina poco antes de la elección. Nos relata, por ejemplo, que don Vicente Subercaseaux invitó a Domeyko a un asado en el fundo del Sr. Gallo: “Allí reunieron a una gran cantidad de personas. Se ofrecieron carnes, vinos, y una gran fiesta antes de las elecciones. Cuando llegó la hora de los brindis, uno de los señores del Partido Conservador dijo: “Brindo porque en las próximas votaciones cada uno vote por aquel por el que voto yo, y no por otro alguno”. La fiesta terminó a medianoche con la mayoría de los comensales en estado de ebriedad.

    El relato del día de la elección que hace Domeyko no dista de ser muy distinto. Manipulación de votos, pérdida de urnas, arreglos por parte de la comisión, etc. Pero, ademas, “todo partido tiene gente de confianza que va a votar con calificaciones ajenas y más de uno si lo consigue vota dos o tres veces, cada vez con una calificación distinta ante la misma mesa o, para mayor seguridad, en mesas de otras parroquias, cambiando cada vez la ropa para que no los reconozcan tan fácilmente. El truco consiste en que aprenda de memoria los apellidos del padre y madre, porque en este país todo quisque, por muy pobre que sea, se autodenomina con uno o dos nombres de pila y con los apellidos, paterno y materno”.

    Nos cuenta Domeyko que en una ocasión llegó a votar “un simplón que apenas sabía leer y escribir”. La calificación estaba a nombre del cura párroco, presbítero don Diego Torres.
    —“¿Cómo se llama?”, pregunta el presidente de mesa.
    —“Diego Torres”, respondió el hombre
    —“¿Qué significa eso de presbítero en su calificación?”, dijo el presidente.
    —“Presbítero es mi apellido materno”, respondió el elector.
    “Todo el público estalló en risas, inclusive el propio comisario y el presidente, en tanto que el elector huyó”.

    Conservadores, liberales y más tarde radicales se disputaban el poder. No representaban más del 5% de la población mayor de 21 años, todos hombres, que gozaban de una propiedad y que sabían leer y escribir. Como la Comisión de Registro Electoral dependía de los municipios, y como los municipios eran controlados por el gobierno, las reformas de mediados de los años 1870 buscaron —naturalmente— eliminar la influencia del gobierno de turno sobre las elecciones. Se estableció así una Junta de Grandes Contribuyentes que ahora sería la encargada de determinar las mesas calificadoras de electores. Es decir, la reforma transfirió el poder de los municipios a quienes tenían la capacidad de pagar más impuestos en cada departamento. Los grandes contribuyentes del país definirían de aquí en adelante los nombres de las juntas calificadoras, quienes a su vez eran las encargadas de definir el padrón electoral que se colocaba a disposición los 15 primeros días del mes de noviembre.

    Patricio Ibarra hace muy poco (Revista Historia, 2015) publicó un estudio que muestra quiénes fueron estos grandes contribuyentes para las elecciones de 1876, concluyendo que muchos de ellos estaban, esperablemente, vinculados con la élite política local. Además, las afinidades ideológicas se correspondían con el tipo de actividad empresarial que desarrollaban. En el norte predominarían personas vinculadas al Partido Radical y que tenían conexiones con la minería, mientras que en el sur las vinculaciones eran con el mundo agrícola y conservador. En Copiapó, por ejemplo, estaban en la lista Emigidio Ossa y Felipe Matta, este último vinculado a las familias Gallo y Goyenechea con vinculaciones con el Partido Radical y con la revolución de 1859. En La Serena destacaban Nabor Cifuentes, Pedro Pablo Muñoz y Félix Vicuña.

    En Santiago destacaba Domingo Matta, empresario y con una extensa carrera parlamentaria en el Partido Nacional. Otro empresario que figuraba era José María del Solar, parlamentario en la década de 1840. Lo interesante de este estudio es que revela el estrecho vínculo que existía entre quienes participaban de esta Junta de Grandes Contribuyentes y la posterior participación en cargos de poder político. Domingo Matta, José María del Solar, Manuel Díaz Besoaín, Francisco Borja, Ladislao Larraín y varios otros terminaron en cargos de representación popular.
    De este modo, dinero y política terminaron entrelazados por una mínima reforma que buscaba terminar con la injerencia del gobierno en las elecciones.

    Con la llegada de los acaudalados al control de las elecciones la situación no terminó de resolverse. Así nos ilustra Ambrosio Muñoz Olave, quien se licenció en Leyes y Ciencias Políticas en 1897. Su memoria la realizó sobre el sistema electoral. A este estudiante le preocupaba la forma en que se venía desenvolviendo el proceso político y de ahí que escribiera este ensayo para sugerir cambios al proceso electoral. Sostenía que en su trabajo abordaría un tema “espinoso” dado que el sistema electoral “ha traído ciertas prácticas, entre ellas la más funesta de la compra y venta del sufragio”.

    Su segundo capítulo se dedica a este tema, indicando que “el cohecho ha sido la mancha negra de las elecciones pasadas (…) En verdad, las elecciones últimas han dejado una triste impresión en el ánimo. En la mayor parte de las poblaciones y lugares de la República, ellas se han convertido en un mercado público de compra y venta del sufragio. Sumas fabulosas han deslumbrado la necesidad y la codicia de las clases bajas. Según cálculos no exagerados, el dinero invertido en tan innoble tráfico sube de un millón de pesos, cantidad que asombra si se toma en cuenta el escaso número de votantes y la postración económica por la que ha venido atravesando la fortuna particular”.

    Era tal el sentido de decadencia, que al despuntar el siglo XX Enrique Mac-Iver pronunciaría su famoso discurso sobre la crisis moral de la República. Basta citar dos párrafos para darse cuenta del sentido anímico que rodeaba a las élites por ese entonces: “No hay para qué avanzar en esta somera investigación acerca del estado del país en lo que se relaciona con su progreso; importa más preguntarse ¿por qué nos detenemos? ¿Qué ataja el poderoso vuelo que había tomado la República y que había conducido a la más atrasada de las colonias españolas a la altura de la primera de las naciones hispanoamericanas?

    Mac-Iver sostiene que, “en mi concepto, no son pocos los factores que han conducido al país al estado en que se encuentra; pero sobre todos me parece que predomina uno hacia el que quiero llamar la atención y que es el que menos se ve y el que más labora, el que menos escapa a la voluntad y el más difícil de suprimir. Me refiero ¿por qué no decirlo bien alto? a nuestra falta de moralidad pública; sí, la falta de moralidad pública que otros podrían llamar la inmoralidad pública.
    Hacia 1912 una nueva crisis azotaba la República. Pero no se trataba ni de sables ni de obreros amotinados. El asunto era más pedestre: padrones electorales inflados. El problema era tan serio que, como nos relatan Ricardo Nazer y Jaime Rosemblit (2000) el número de inscritos superaba el potencial electoral debido a inscripciones falsas, doble inscripción y el mantener en dicho registro personas que habían muerto. Una depuración en 1914 permitió reducir un padrón que superaba los 600 mil electores a poco más de 184 mil.

    Y, ¿cuándo se jodió entonces Chile? Quizás se jodió muy temprano en la República. Quizás no es que se haya jodido en algún momento preciso, sino que nacimos jodidos.

    Cuando examinamos la historia política reciente y de larga data observamos rencillas mañosas, acciones violentas y maquinaciones que siempre formaron parte de nuestra vida republicana. La historia de Chile ha sido violenta, con muchísimas muertes producto de disputas políticas e ideológicas. Las elecciones en el siglo XIX se disputaban entre un grupo muy reducido de hombres que controlaban el poder económico y que estuvieron dispuestos a tomar incluso las armas para cautelar sus intereses. Se adulteraban padrones, se compraban votos, se impedía que la oposición llegase a votar, y se decretaban estados de excepción para ganar elecciones. El ejercicio de una democracia electoral transparente y libre de presiones no ha sido algo característico de la vida republicana de este país. No lo fue durante décadas del siglo XIX y del siglo XX. Sabemos además que subsisten prácticas clientelares en pleno siglo XXI. Subsisten mañosas elecciones en los partidos. Subsisten vínculos privilegiados entre hombres de negocios y grupos de interés al interior de los partidos.

    Quizás, entonces, debamos revisar nuestras interpretaciones sobre la historia. Y cuestionarnos sobre la forma en que analizamos nuestro presente a partir de una equivocada observación de nuestro pasado. Glorificamos la República, colocamos en un pedestal a nuestros antepasados; cuando en realidad nuestro presente no difiere mucho de nuestro pasado. Somos hijos de una República oligárquica—que, sí es verdad—fue cediendo poder. Qué duda cabe. Pero que ejercía la conquista de votos a partir de crudas prácticas que nos han acompañado históricamente.

    Disponible en: Qué Pasa?

    leer más
  • 52-alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas conversaron acerca de la actualidad nacional e internacional, abordando temas como el voto electrónico y la intervención de Rusia en las elecciones de EE.UU en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí.

    leer más
  • base_image (15).jpg

    No hemos superado la polarización de la campaña electoral. El ‘affaire’ Saavedra ha sido el punto de colisión entre fujimoristas y antifujimoristas. Los primeros imponen injustificadamente la censura ministerial, mientras que los segundos suplican una defensa irresponsable conducente al choque de poderes disolutivo. El fujimorismo presiona desde su hegemonía legislativa, afincándose en la legitimidad de las urnas. El antifujimorismo acude a sus principales ‘líderes de opinión’ para azuzar desde las redes sociales y –dizque– la ‘calle’. ¿Podrá el presidente Kuczynski zafar del ‘pan con pescado’?

    El Caso Saavedra permite vislumbrar la naturaleza del debate político. Si creemos que es solo un asunto de intereses materiales (en juego a partir de la reforma universitaria) nos quedamos en la epidermis del fenómeno. Estamos ante un pulso político –con implicancias ideológicas y sociológicas– que toma como pretexto la continuidad de dicho ministro. Para los fujimoristas, Saavedra es tanto una amenaza “caviar” dentro de la gestión ppkausa, como la “evidencia” (sic) del “pacto” entre el actual presidente y los Humala-Heredia. Cuanto más ‘progres’ blinden al ministro de Educación, mayor ‘soporte empírico’ para esta ‘verdad develada’. El fujimorismo cuestiona la legitimidad académica: la del especialista con posgrado afuera que apoya su gestión en el conocimiento elaborado. No hay mayor pecado para el devoto del cemento que aquel que emplea las consultorías como instrumento de gestión. (Entienden a estas como prebendas).

     
    Para los antifujimoristas, Saavedra es su nuevo niño símbolo. En tanto piñata de fujimoristas, mayor probabilidad de defenderlo (aunque no necesariamente estén de acuerdo con sus políticas). Si Kuczynski lo deja caer, se confirmaría la hipótesis del antifujimorismo: existe un cogobierno ppkausa-naranja. “Ya tomaron la Sunat, el BCR y ya vienen por la Sunedu y Concytec”, alertan convencidos de la condescendencia de PPK con los naranjas. Pero también hay una implicación sociológica inadvertida para los defensores de la gestión de Saavedra: el rechazo que genera la ostentación intelectual para llevar adelante reformas. La fórmula economista + PhD + Banco Mundial ha sido empleada por los defensores de Saavedra para ponerse en un peldaño superior de autoridad en vez de construir consensos. Para los elitistas, el fujimorismo es la representación de la mediocridad intelectual –como en su momento juzgaron al Apra–.

    Como resultado de estos desencuentros, el debate se degrada. Priman los estereotipos y las teorías conspirativas al intercambio de ideas. La agresividad de las redes sociales toma protagonismo y todo se explica por la teoría de los seis grados de separación. Que una congresista fujimorista tenga una foto con una funcionaria acusada de corrupción ya es prueba de delito. Que una activista antifujimorista sea contratada por una consultoría en Minedu es la prueba del arreglo. Bloggers, tuiteros y ‘líderes de opinión’ toman por asalto los foros y arrinconan al Ejecutivo. ¿Sabrá PPK tener talante de estadista y dar el paso adelante que le permita salir de la polarización que lo pinta como ‘lame duck’ en apenas cuatro meses? Seguir con la política educativa prescindiendo de personalismos sería una alternativa al falso dilema impuesto. 

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas conversaron acerca de la migración en Chile en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo

    leer más
  • Es conocida la predilección del Gabinete Zavala por los entornos empresariales y su aversión a los conflictos sociales. Según un estudio realizado por 50+1 –publicado en “Perú 21”–, en los primeros cien días de gobierno miembros del Ejecutivo (presidente, PCM, ministros y viceministros) asistieron a 53 eventos organizados por iniciativa de intereses privados, mayoritariamente del sector negocios. La inédita concurrencia de nueve ministros en el último CADE constata la debilidad del gobierno por los aplausos empresariales. Según Ipsos, el 89% de concurrentes al encuentro en Paracas aprueba a Kuczynski, y el 93%, a Zavala. Love is in the air.

    Inusualmente, la burbuja de CADE fue pinchada por el mundo real. Violentas protestas en Andahuaylas –donde el ministro de Agricultura y el contralor fueron “retenidos” por manifestantes– y disturbios en Huaycán por falsos rumores de traficantes de órganos –con una mujer asesinada por una “bala perdida”– delatan la distancia entre la sociedad y los ensueños de sus élites. Que la revista “Time” considere al Perú como un “bright spot on the global stage” puede ser entendible; que el gobierno se la crea sería una necedad. ¿Por qué el país se divide entre cadeístas y cazapishtacos? ¿Acaso hay un punto intermedio que permita imaginar una comunidad mínimamente integrada que enmiende su disfuncionalidad? 

     
    Las élites en el Perú no reconocen la visión del mundo de las mayorías como legítima. De derecha a izquierda, en el ‘establishment’ predomina un menosprecio por el mundo popular. Si el rumor de pishtacos genera desmanes públicos, se acusa rápidamente a los ‘pobladores’ de ‘ignorantes’; si un individuo se moviliza en campaña electoral “es por un taper de comida”. El sujeto popular se interpreta como ‘objeto de manipulación’, sin escarbarse en las razones más profundas de su malestar. Cualquier reclamo se lee como resentimiento, la coartada perfecta de las clases acomodadas para no tomarse el trabajo de entender al ‘otro’, a sus gobernados. Incluso entre los más progresistas del ‘establishment’, la vocación de inclusión social es practicada con verticalidad virreinal. El ‘affirmative action’ sirve como símbolo de ostentación progre. Así, el “tengo un practicante de universidad estatal” (inserte acento surf) es el nuevo “tengo un amigo gay”.

    Las demandas ‘desde abajo’ no tienen que ver solamente con reivindicaciones de derechos, sino también de representación. Por eso, algunos prefieren votar por un narco que por un lobbista, porque el primero es socialmente más representativo. Un gobierno con fuertes deficiencias políticas y absorbido por su vocación economicista ofrece muy poco en términos de integración comunitaria. El problema de la tecnocracia en el poder no es de capacidad, sino de tacto social. Porque este divorcio entre la élite y la ‘plebe’ provoca respuestas que agravan la desconexión (por ejemplo, políticas de mano dura como reflejo pavlotiano). El gobierno ppkausa debería darse cuenta de que el arte de gobernar no se reduce exclusivamente a la administración de la economía, sino que implica, sobre todo, organizar las relaciones sociales de una sociedad fragmentada.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

     

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas conversaron acerca de contingencia nacional en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • base_image (14).jpg

    ¿Por qué en el Perú los últimos gobiernos –Toledo, García II y Humala– no han sido capaces de llevar adelante reformas políticas institucionales complementarias de su crecimiento económico? ¿Por qué nos hemos congelado ante la cámara en movimiento y somos el más perfecto ‘mannequin challenge’ institucional?

    Desde la aplicación de las reformas de ajuste en los años noventa, se ha incrementado paulatinamente la presencia de tecnócratas en los puestos de toma de decisiones gubernamentales. En gobiernos anteriores, al menos se pretendía un equilibrio en la dirección de sectores, procurando liderazgos “políticos” o “técnicos”. Con la llegada de PPK a Palacio, esta clasificación desaparece y la tecnocracia se expande apabullante. La fiereza es tal, que siquiera nos preguntamos por el partido oficialista. Aunque suene extraño al peruano promedio, los políticos partidarios han dejado de gobernarnos hace ya varios lustros. Llevamos administraciones consecutivas de dominio tecnocrático. 

     
    El problema radica en que el tecnócrata sin partido –al igual que su aparente opuesto, el populista– se funda en valores antipolíticos: desprecia la intermediación política y la legitimidad procedimental (como sostienen Christopher Bickerton y Carlo Accetti). Por un lado, el tecnócrata “independiente” cultiva hostilidad hacia la idea de mediación, tomándola como obstáculo (o “traba”) entre el diseño de su ‘policy’ y su implementación. Los partidos políticos son el más claro ejemplo de mediación “absurda”, “corrupta” e “ineficaz” (sic). Por otro lado, el tecnócrata sin partido construye su legitimidad basado en el conocimiento especializado; impone su arbitrariedad sobre el supuesto de su expertise. La fuente de su legitimidad se aleja de los principios y procedimientos democráticos, como la deliberación o los consensos “desde abajo”. 

    No hay nada más adverso para el renacimiento de la política partidaria (y su valor republicano) que la hegemonía tecnocrática en el poder. Desde tal cima, los miembros del ‘establishment’ tecnocrático –perdonen la redundancia– no perciben la centralidad de la intermediación y de la legitimidad políticas como esencia de cualquier reforma política institucional. No es que esta élite carezca de un chip político o ignore cómo emprender reformas para atacar la crisis de representación e intermediación. Es su propia naturaleza que la obliga a seguir usufructuando del statu quo antipartido. A la tecnocracia “independiente” en el poder le conviene el páramo partidario y la debilidad institucional, aunque ello vulnere el crecimiento económico que la obsesiona. 

    Al final, cae en su propia trampa. Cuando impulsa reformas sectoriales –normalmente por iniciativas individuales de algún tecnócrata con visión de largo plazo–, las mismas carecen del bagaje político que las torne viables. ¿Por qué la reforma de salud de Midori de Habich no prosperó? ¿Por qué la reforma universitaria de Jaime Saavedra está acechada? Porque sin mediadores (partido) ni procedimientos eficientes (de construcción de consensos), la tecnocracia se arrincona ante intereses (particulares y colectivos) y sinergias burocráticas –que una democracia partidaria es capaz de lidiar–. Para “destrabar” el país de su inmovilidad no se necesitan técnicos, sino políticos. 

    Fotografía: El Comercio

    Disponíble en: El Comercio

    leer más
  • cristobal-rovira (2).jpg

    Si bien es cierto que la noción de populismo ha venido ganando terreno en los últimos años, el así llamado Brexit y el reciente triunfo de Donald Trump han llevado a que esta palabra se torne clave para comprender el mundo actual. Pero hay que tener cuidado con su uso. Más allá del relativo consenso en torno a que el populismo es peligroso para la democracia, existe un amplio debate sobre este concepto y últimamente ha venido proliferando el número de ‘expertos’ que ponen escasa atención al saber acumulado en torno a este fenómeno.

    De hecho, al interior del mundo académico ha venido cobrando fuerza la definición del populismo como una ideología o discurso político que se caracteriza no solo por plantear que la sociedad está escindida entre una elite corrupta y un pueblo soberano, sino que también por defender que la voluntad popular debe ser respetada a como dé lugar.

    Sin embargo, gran parte del problema en torno al debate sobre el populismo tiene menos que ver con cómo definirlo y mucho más con la pregunta respecto a cómo lidiar con este fenómeno. Producto de su lenguaje moral y polarizador, no es raro que las reacciones al populismo sean bastante extremas y lleven incluso a plantear que quienes adhieren a este discurso son seres estúpidos.

    Visto así, los seguidores del populismo son ciudadanos intelectualmente inferiores y por lo mismo no estarían capacitados para participar en el proceso democrático. Por ejemplo, en una reciente columna publicada en este diario, el célebre periodista John Carlin plantea que “quizás lo que motive en el fondo a los analfabetos políticos que hoy votan por Trump sea la noción de que, si él puede llegar a la Casa Blanca, cualquiera de ellos podría hacerlo también”. Por cierto que uno puede discrepar de quienes votan por proyectos populistas, pero tratarlos de analfabetos no es una muestra de respeto por quienes opinan de una manera diferente a la nuestra. Este tipo de reacciones equivale a combatir el fuego con fuego y terminan por reforzar el discurso populista. Mal que mal, quienes apoyan al populismo podrán decir – no sin un grado de razón – que sus opositores los desprecian a tal punto que quieren prohibirles sus derechos.

    El problema de fondo es que la irrupción del populismo trae consigo un viejo dilema para la democracia: ¿cuánto tolerar a los intolerantes? Debido a su visión romántica y simplista de lo que supuestamente es la voluntad popular, el populismo tiene gérmenes de intolerancia que deben ser contrarrestados porque de lo contrario las minorías y las instituciones de la democracia liberal corren serio riesgo. Quien tenga dudas al respecto lo invito a viajar a Caracas y observar el estado actual del régimen político venezolano.

    Al mismo tiempo, cabe recordar que Donald Trump indicó que en caso de perder no estaba seguro si reconocería los resultados de las elecciones. Siguiendo al pie de la letra la argumentación populista, Trump planteó que una potencial derrota se debería a la existencia de una conspiración en su contra por parte del establishment para impedir que el pueblo se exprese y autogobierne.

    No obstante, un ataque radical y descalificatorio en contra del populismo puede llevar a que quienes defienden la tolerancia utilicen mecanismos excesivamente represivos en contra de los intolerantes y pongan así en juego el sistema democrático. Por ejemplo, prohibir la existencia de fuerzas populistas probablemente generaría más perjuicios que beneficios para el sistema democrático. Tomar una postura extremadamente militante en contra del populismo es un arma de doble filo.

    Tildar a quienes simpatizan con proyectos populistas como masas irracionales sin capacidad de comprender el mundo ‘real’ equivale a tratar de apagar un incendio con gasolina. De hecho, las metáforas médicas que catalogan al populismo como un cáncer que debe ser extirpado no hacen más que reforzar la lógica moral y maniquea que es inherente al lenguaje populista. Para parafrasear a Gandhi, operar bajo la lógica de ojo por ojo implica que todos acaban ciegos.

    El éxito electoral de los proyectos populistas se debe tanto a su ataque contra la elite y la promesa de redimir al pueblo, como a su capacidad para politizar temas que son relevantes para ciertos segmentos del electorado. En otras palabras, es un error reducir el triunfo de Trump en Estados Unidos o el apoyo electoral a Podemos en España sólo a su capacidad de construir una retórica populista. El apoyo a proyectos populistas está fuertemente ligado a las ofertas programáticas que elaboran, las cuales proponen agendas específicas que guardan relación con preocupaciones de los votantes que usualmente han sido obviadas o renegadas por los partidos políticos establecidos.

    La solución pasa entonces por analizar en detalle los temas que están siendo politizados por el populismo y proponer así soluciones a problemas que muchas veces no son vistos como tales por las elites en el poder. Si bien es cierto que muchos de estos problemas pueden parecer exagerados o insensatos, el desafío para el establishment consiste justamente en abordarlos de una manera razonable. Esto pasa por escuchar menos a las soluciones milagrosas que profesan los tecnócratas en base a su conocimiento del mundo ‘objetivo’ y poner más atención en el mundo ‘subjetivo’ de los votantes. De lo contrario, el populismo seguirá ganando terreno y más relevante se tornará la pregunta respecto a cómo lidiar con el desafío populista.

    Disponible en:El País

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior, Claudio Fuentes, analiza el reciente cambio de gabinete y sus repercusiones al interior de la Nueva Mayoría. Mira el programa completo aquí

    leer más
  • _39A9019.JPG

    La 3ª Cátedra Norbert Lechner 2016 -organizada por la Facultad de Ciencias Sociales e Historia y el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación- contó con la presencia del académico de Ciencia Política de la Universidad de Pittsburgh, Anibal Pérez-Liñán, quien dictó la conferencia “Los fundamentos políticos del estado de derecho”, donde expuso las bases del Estado de Derecho y su teoría sobre cómo la competencia partidaria garantiza la estabilidad de éste. Puedes ver la conferencia completa aquí

    leer más
  • posteo-3-700x300.jpg

    Trump y el Populismo

    Cristóbal Rovira

    ¿Cómo es posible que un candidato con un discurso populista con tintes racistas y misóginos haya ganado las elecciones en Estados Unidos.? Junto a mi colega Cas Mudde, de la Universidad de Georgia hemos venido desarrollando una agenda de investigación comparada sobre el populismo. Acá adelanto algunas ideas centrales de nuestro libro, Populism: A Very Short Introduction (Oxford University Press), el cual saldrá publicado el próximo año.
    El populismo es una ideología que se caracteriza por dos planteamientos: la sociedad está escindida entre una elite corrupta y un pueblo soberano, y la voluntad popular debe ser respetada a como dé lugar. Se trata de un lenguaje moral que sugiere que la elite es perversa y tiene que ser desalojada del poder. Propone como solución que los designios del pueblo sean acatados de forma irrestricta. Un ejemplo es la frase de Trump en su discurso de campaña en Florida, el 13 de octubre: “Nuestro movimiento busca reemplazar a un establishment fallido y corrupto por un nuevo gobierno controlado por ustedes, el pueblo americano”.

    El pueblo que imaginan los populistas es una comunidad homogénea y virtuosa, en donde no hay espacio para el pluralismo. Por ello es que el populismo tiene particular recelo frente a los medios de comunicación, ya que son vistos como voceros de los poderes establecidos. En esta línea, Trump indica que “el establishment y sus agentes en los medios mantienen el control sobre esta nación a través de métodos por todos conocidos. Cualquiera que desafía su control es declarado sexista, racista, xenófobo y trastornado moral”.

     
    Aunque es posible imaginar un discurso populista puro, en la vida real siempre aparece combinado con otras posturas ideológicas. Esto implica que el apoyo electoral a proyectos populistas se debe no sólo a su retórica polarizadora, sino que también a sus ofertas programáticas. En términos generales, es posible identificar dos tipos de populismos. Por un lado, el “populismo exclusionario” se caracteriza por combinar el discurso populista con la xenofobia, la defensa de políticas de mano dura y valores morales tradicionales. Ejemplos paradigmáticos son partidos populistas de extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia o movimientos populistas como el así llamado Tea Party en Estados Unidos. Por otro lado, el “populismo inclusionario” elabora una retórica populista centrada en la recuperación de la dignidad de grupos sociales que, por largo tiempo, han estado políticamente excluidos. Esto va de la mano con la defensa de una mayor intervención del Estado en la economía y la promoción de cambios institucionales para supuestamente darle más poder al pueblo. No hay mejor ejemplo que fuerzas de izquierda como el chavismo en Venezuela y el partido Syriza en Grecia.

    Al observar casos de populismo que han llegado y se han mantenido en el poder, encontramos un deterioro de la calidad de la democracia (Silvio Berlusconi en Italia) o en casos extremos descubrimos la formación de regímenes autoritarios (Alberto Fujimori en el Perú). Sin embargo, es erróneo pensar que el populismo siempre e inevitablemente tiene consecuencias negativas. Análisis empíricos comparados dan cuenta que el populismo también puede generar efectos positivos sobre el sistema democrático. Dado que moviliza el descontento de sectores sociales que se sienten abandonados, se trata de un discurso que promueve la integración política de dichos sectores. A su vez, mediante la politización de temas que, deliberadamente o no, han sido obviados por los partidos, estos últimos se ven forzados a repensar sus agendas programáticas para intentar canalizar los pareceres de una parte importante de la ciudadanía. El problema de fondo es que la irrupción del populismo trae consigo un viejo dilema para la democracia: ¿cuánto tolerar a los intolerantes? Cómo resolver este dilema es uno de los grandes desafíos en el mundo actual.

    Fotografía: Qué Pasa?

    Disponible en: Qué Pasa?

    leer más
  • base_image (13).jpg

    La fábula del destrabador

    Carlos Meléndez

    Justo cuando el lente mundial enfocaba al Perú, los dos lugares más visitados por el turismo internacional –Larcomar y Machu Picchu– han sido noticia por lamentables sucesos. Un incendio en dicho centro comercial –con pérdidas humanas irreparables– y un paro promovido por el frente de defensa local –finalmente levantado–, respectivamente, atisban las contradicciones de un país que –en la sede del foro de APEC, en San Borja– se alucina del “Primer Mundo”. Informalidad y conflictividad son dos problemas estructurales que sobrepasan la capacidad de un gobierno “destrabador”, que confía excesivamente en conducirnos a la OCDE con atajos estériles. Acompáñeme a ver esta triste historia.

    Informalidad y conflictividad dan cuenta de un proceso truncado de modernización que concibió el desarrollo como mero crecimiento económico, sin convoyar instituciones funcionales para las mayorías. Nuestras élites actuales –fanáticos de esa doctrina– ensayan ahora una narrativa que responsabiliza del subdesarrollo a los trámites engorrosos y los bloqueos de carreteras. Según la fábula del “destrabador”, los “enemigos del desarrollo” son los evasores de impuestos y los “radicales antimineros”. Así surge la “destrabología” como el empeño voluntarista de tecnócratas proempresa y garantes de una “gobernabilidad-mano-dura”. Fíjese la fórmula de los primeros meses del gobierno del “destrabador-in-chief”: menos papeleo y endurecimiento de sanciones para “perros del hortelano” (sic). Pero lo que suena bien a oídos del ‘establishment’ no ataca las dificultades de fondo.

     
    La informalidad y la conflictividad social han calado en la ética del peruano contemporáneo, atravesando sus diferencias de clase. Se asume al Estado como rival, motivo de indiferencia –en el mejor de los casos– o insubordinación activa. Para muchos es la causa de nuestras desgracias. (Nótese el silbido anti-Sunat en plena Cumbre Pyme APEC). La idea es sacarle la vuelta o reducirlo a una expresión insignificante, con tal de que no perturbe dizque al “albedrío” neoliberal. Así, las élites destrabadoras son capaces de celebrar, por ejemplo, que las autorizaciones de Defensa Civil tengan vigencia indefinida o que sea aceptable que el centro comercial más ‘cool’ del país sacrifique espacios de seguridad exigidos por ley con tal de incrementar los locales comerciales. Mientras tanto, nuestro restaurante más premiado –emblema del ‘boom’ gastronómico– persevera en una área sancionada por las autoridades edilicias, a punta de acciones de amparo. El catálogo de desobediencia ante el Estado moderno es interminable en el Perú. Max Weber sucumbiría ante el hashtag #MalditaSunat.

    La dinámica conduce a desenlaces trágicos que se originan en esa suerte de patología antiestatal que burla la ley; desde Mesa Redonda hasta Utopía, Cantagallo o Larcomar. Como en el caso de conflictos sociales, deberíamos llevar la cuenta de las vidas perdidas a causa de la informalidad. Como ve, el fracaso del “destrabador” se anticipa, pues no se trata de “simplificar” alegremente o de endurecer las condenas, sino de repensar las normas que organizan nuestra convivencia colectiva. ¿Cuándo tendremos un estadista que inicie el “shock institucional” inevitable?

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • _39A8937.JPG

     

    El día 16 de noviembre en el marco del Tercera Cátedra Norbert Lechner “Los fundamentos políticos del estado de derecho” Se realizó la premiación del concurso “Reduciendo Brechas” organizado por el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación, iniciativa que buscaba reconocer la labor de instituciones o personas que hayan contribuido a la reducción de las brechas de representación en nuestro país.

    El Comité de selección estuvo integrado por Rossana Castiglioni (Investigador Responsable) Y Cristóbal Rovira (Investigador Responsable Suplente) en representación del Núcleo Milenio NS130008 como también por Manuel Vicuña, Decano de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la UDP y Maite De Cea, Directora del Instituto de Ciencias Sociales (ICSO) de la la misma universidad.

    Por decisión unánime del Comité, la institución premiada en esta oportunidad fue la Fundación Nosotros Ciudadanos (http://nosotrosciudadanos.cl/), reconocida por su trabajo tendiente a revalorizar la actividad política y desarrollar actitudes y valores democráticos desde la persona y comunidad, como forma de romper la segregación y la desigualdad social. El premio fue recibio por Mariana Ardiles Thonet, Presidenta y Directora de Comunicaciones de la Fundación Nosotros Ciudadanos, premio que consistió en $1.000.000 de pesos, que sera destinado a apoyar y mejorar las actividades y equipamientos de la institución ganadora.

    El equipo del Núcleo Milenio Desafíos a la Representación agradece a todos aquellos que participaron en el concurso y les desea el mayor de los éxitos es sus actividades. También insta a que más personas y organizaciones participen en futuras versiones del premio.

  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes debatió junto al coordinador legislativo de Ciudadano Inteligente, Octavio del Favero. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • 52-alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas conversaron acerca la relación entre la Nueva Mayoría y el PC y la campaña de Donald Trump en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro investigador Seniro, Claudio Fuentes comenta sobre aquellos empresarios exitosos que anhelan el poder político. Ver aquí desde el minuto 22.

    leer más
  • Polarizados e indiferentes

    Carlos Meléndez 

    base_image (12).jpg

    ¿Por qué el triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses ha traído celebraciones o lamentos en el mundo? ¿Por qué las victorias del ‘brexit’ y del No en el Reino Unido y Colombia, respectivamente, han generado harta expectativa y debate allende sociedades afectadas por dichos resultados? Considero que estamos frente a una contraola conservadora que alienta una polarización de alcance global. No ante una disputa ideológico-programática –como en la Guerra Fría– sino una polarización basada en valores sociales conservadores anti-establishment y progresistas del establishment.

    En las últimas décadas hemos sido testigos de la difusión de políticas liberales promotoras del respeto a minorías largamente excluidas. El otorgamiento de beneficios para inmigrantes, el reconocimiento de derechos de familia a homosexuales, el avance en derechos y reconocimientos para las mujeres, entre otros, han cohesionado una ofensiva progresista que se ha expandido a nivel mundial, particularmente en América Latina. Para algunos esta propagación era irreversible y evidenciaba la evolución automática de sociedades que han resuelto previamente sus necesidades materiales, a sociedades que claman por ‘issues’ posmateriales. “Es cuestión de tiempo”, creyeron muchos comentaristas.

     
    Tal ola progresista, empero, animó la reacción de sectores tradicionales que han encontrado en las urnas su mejor camino para protestar contra lo que consideran el “establishment políticamente correcto”. (De ahí la percepción de liberales que critican los ‘outputs’ de la democracia electoral). Que Trump se denomine a sí mismo como Mr. Brexit o que la “ideología de género” sea una etiqueta empleada por evangélicos (colombianos y peruanos) para estigmatizar el derecho a la equidad sexual explicita dicha respuesta contestataria y su capacidad de traspasar fronteras nacionales. Esta contraola conservadora toma características de anti-establishment al oponerse a políticas consensuadas por las élites que buscan derrocar. Es por ello que la connotación “populista” de los liderazgos que encabezan y agitan demandas ultramontanas activan divisiones estructurales. Las periferias y las zonas rurales se cohesionan en contra de las preferencias políticas dominantes en las ciudades y los centros del poder. (Corrobórese en los últimos mapas electorales de Estados Unidos, el Reino Unido y Colombia).

    Este nuevo tipo de polarización mundial –en base a valores y creencias– combina la razón y la fe, las mentes y los corazones de dos identidades que han llevado sus discrepancias a las arenas políticas. Para complejizar más el panorama, a estos grupos rivales se aúna un tercero, el “indiferente”, desafecto de la política, que rehúye tomar partido incluso por alguna de estas dos causas en conflicto. Los altos niveles de ausentismo en la participación electoral de los plebiscitos y las elecciones realizadas este año dan cuenta del crecimiento de una proporción mayoritaria de desafectos (frecuentemente más del 50% en sus respectivas sociedades). Así, la dinámica social global aparece dividida entre “polarizados” que participan activamente de la política (progresistas movimientistas y votantes conservadores) e “indiferentes” que los contemplan por televisión.

    Imagen: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • 52-alfredo-joignant.jpg

    La política de la post-verdad

    Gonzalo Cordero y Alfredo Joignant 

    El desprestigio de los políticos y la apatía de los ciudadanos es un fenómeno tan banal y extendido que, en el último tiempo, no solo se ha agudizado, sino que ha venido acompañado de un ciclo de fortalecimiento de discursos aislacionistas plagados de rasgos xenófobos. Estamos hablando de Europa... pero no solo de ella. Hace tres meses (el 27 de julio de este año), el diario "El País" publicó un inquietante reportaje sobre la distribución de los partidos "insurgentes" en el Viejo Continente, es decir, aquellos que desafían el establishment partidario: dos tercios son de extrema derecha y un tercio de la "nueva izquierda", los primeros derechamente racistas y los segundos con una demagogia redistributiva que desafía el sentido común, o si se quiere, la hegemonía de la economía "racional". Es cierto: más allá de los riesgos de amalgamas, el sentido común puede no estar en lo correcto, pero ¿bajo qué condiciones se le desafía? Esta pregunta es letalmente pertinente en el hoy y en el ahora. Que Estados Unidos, una potencia mundial levantada sobre el capitalismo, la inmigración y el libre comercio, tenga un candidato como Donald Trump disputando la elección presidencial, es el mejor -y aterrador- símbolo de esto.

    Apatía ciudadana y demagogia se han asociado a lo que la revista The Economist recientemente ha denominado la política de la "post-verdad". Esto es una forma de participar en el debate público que utiliza el engaño como arma, pero en una forma que va más allá de la atávica costumbre de mentir, porque de lo que se trata ahora no es de falsear los hechos, sino de quitarle relevancia a la necesidad de ajustarse a ellos. Si lo que se sostiene es cierto o parece cierto, viene a ser más o menos lo mismo, en la medida que conecte con los sentimientos y creencias instaladas a nivel popular.

    Además del ejemplo de Trump, para quien un cierto sentido común se ha transformado en un poderoso aliado, la revista cita la forma en que se exageró una eventual inmigración turca en el Reino Unido, para apoyar la opción del Brexit. Y no sería difícil multiplicar los ejemplos de usos de la post-verdad.

    Gino Lorenzini, el creador de "Felices y Forrados", se refirió recientemente al ministro de Hacienda como "un delincuente". Aunque luego se disculpó (alegando razones de "sacadas de contexto"), no se trata de un hecho aislado: tan solo recordemos las expresiones del diputado Gaspar Rivas, quien profirió una andanada de insultos a un conocido empresario. Retóricas de este tipo más bien responden a una manera deliberada de participar en el debate público, de nuevo tipo, las que consisten, por una parte, en la banalización del insulto como lenguaje y, por la otra, en la degradación de la verdad como requisito sustancial del trabajo argumental. Si son estas las retóricas que predominarán en el debate democrático, digámoslo de una vez: estamos liquidados. Y no es una hipótesis que debamos descartar.

    Parece que vivimos una época en que a las autoridades políticas, a las personas económicamente poderosas o simplemente a quienes -en la retina popular- forman parte de alguna élite, se les puede insultar, a secas, aunque los hechos que se les imputen no sean estrictamente ciertos, porque igual y de alguna manera "se lo merecen". En el pasado hubo también épocas en que el debate cayó en el insulto y la descalificación, pero entonces era expresión coherente de la polarización o la irreverencia originada en diferencias ideológicas. Hoy, la misma conducta, y hasta con las mismas palabras, es apenas muestra de una insufrible frivolidad que arroja al debate público hacia el circo y sus actores.

    La discrepancia, aunque sea ruda en forma y fondo, es consustancial a la democracia, así como lo es que el debate sea abierto a todos los ciudadanos por igual y nadie aspire a una posición de privilegio por su cargo, riqueza o cualquier otra pretensión de estatus. Michael Walzer, aquel gran filósofo estadounidense, calificaba como tiránica la importación de principios de dominación de una esfera a otra (pongamos por caso desde la esfera económica, espiritual o intelectual a la política). Pues bien, es precisamente eso lo que no resulta aceptable en democracia. Pero tampoco es tolerable el uso de la grosería, el anatema o la mentira para degradar y deshumanizar al adversario. Bien sabemos que las palabras constituyen armas y, como tales, pueden inferir heridas y humillaciones.

    En esto hay una cierta responsabilidad de las mismas autoridades y de los medios, que al procurar abrir a todos un espacio pluralista de participación sin mínimas exigencias de rigor y con total impunidad a la mentira o el insulto terminan, como en el tango, generando una confusión en que "todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor".

    Discrepar y debatir es muy distinto a insultar y mentir; perder de vista algo tan obvio abre la puerta a la demagogia y, en algunos casos, al populismo de izquierda o de derecha, o simplemente a liderazgos ajenos a los significados culturales del mundo moderno, basado en la igual dignidad de los seres humanos y la racionalidad como único mecanismo válido para confrontar posiciones en el espacio público. Es lo que estamos viendo en varias de las democracias que, hasta hace poco, motivaban nuestra admiración por su madurez, estabilidad y fortaleza institucional.

    No sabemos bien cómo detener la energía de la post-verdad. Apelar burdamente al recurso coercitivo de la prohibición equivale a exponerse, con razón, a infracciones a la libertad de expresión. Pero sucumbir sin más a la post-verdad es dejar morir la democracia.

    Disponible en: El Mercurio

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes comenta sobre las primarias de Chile Vamos y el efecto que tendrían en la candidatura de Sebastián Piñera. Ver la nota completa aquí

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas conversaron acerca de los resultados de la encuesta Adimark en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes opina acerca del rol de las encuestas en el actual escenario electoral y que esperar de ellas. Lee la nota completa aquí

    leer más
  • 52-alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas acerca de las modificaciones al sistema AFP, la propuesta de 5% de cotización adicional debe ir a un sistema del Estado y las elecciones presidenciales en Chile y Estados Unidos.en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí.

    leer más
  • jorge-gordin.jpg

    Nuestro Investigador Adjunto, Jorge Gordin, participó en una nueva edición del programa "Cable a Tierra" de CNN Chile. En esta ocasión el panel conversó acerca de los partidos denominados “pirata”. Aquellos que quieren quitar el poder a los de siempre para dárselo a los ciudadanos. Ver el programa completo aquí

    leer más
  • ¿Giro a la derecha en Chile?

    Carlos Meléndez 

    base_image (11).jpg

    Las elecciones municipales del domingo pasado en Chile gatillaron el inicio de la campaña presidencial del próximo año. A pesar del histórico ausentismo –solo el 35% de los chilenos acudió a las urnas–, el ex presidente y potencial candidato por Chile Vamos, Sebastián Piñera, dio un discurso celebratorio. Motivos aparentes había. La derecha se alzó con la victoria en simbólicas comunas: ganó Santiago Centro, recuperó la mesocrática Providencia y se asentó en el popular Puente Alto.

    En cambio, en las tiendas oficialistas, otro ex presidente y precandidato presidencial, Ricardo Lagos, ponía paños fríos a la derrota sin disimular la decepción. La Nueva Mayoría inculpa a la impopularidad del gobierno de Bachelet y sufre golpes por izquierda y por derecha. De un lado, es testigo de la irrupción de un progresismo ‘millennial’ con Gabriel Boric y Jorge Sharp a la cabeza de Izquierda Autónoma. Del otro, soporta la amenaza de separación de la Democracia Cristiana. Es decir, un verdadero “pan con reineta”.

    Piñera ha sabido convertir una magra victoria en un golpe anímico. Se erige como el indiscutible presidenciable de la derecha (nadie recordó a su retador Ossandón el domingo pasado) y ha demostrado que su liderazgo en este lado del espectro político sigue vigente. Pero el exceso de confianza corre el riesgo de invisibilizar problemas estructurales de las élites políticas chilenas: su incapacidad para representar demandas sociales movilizadas. ¿Qué puede ofrecer Piñera a las calles que claman “No + AFP”, reforma educacional y proceso constituyente?

    La derecha podría capitalizar el descontento moderado y el antibacheletismo que aún vota por el “duopolio” –como los contestatarios llaman a la sucesión de gobiernos de la Concertación y la Alianza–, pero le sería difícil frenar la ola generacional de indignación que persigue cambios radicales. Indignación que viene acumulando sucesivas pequeñas victorias (como el triunfo de Sharp en Valparaíso). Recordemos que estamos ante una derecha sin autocrítica, cuyos ideólogos siguen pensando que “el problema no es la desigualdad, sino la envidia” (sic).

    La perspectiva de retorno de Piñera a La Moneda pende del demérito e inmadurez de sus rivales, más que de fortalezas propias. La Nueva Mayoría insiste en fórmulas fallidas, lanzando a ex presidentes asociados al ‘establishment’ en decadencia. La desastrosa campaña electoral de Eduardo Frei en el 2009 amenaza repetirse con Ricardo Lagos en el 2017. La candidatura del periodista Alejandro Guillier se atrinchera en que su reconocimiento público prenderá por ósmosis entre el electorado desafecto.

    Los esfuerzos de confluencia de la izquierda ‘millennial’ están en pañales. El ex contestatario Marco Enríquez-Ominami sufre de envejecimiento prematuro y ya es percibido como uno más del “duopolio” que criticaba. La posibilidad de un ‘outsider’ populista solo prendería en una porción minoritaria del electorado (alrededor del 10%, según estudios). Por ahora, Piñera es tuerto en reino de ciegos. Su relativa fortaleza no debería interpretarse como un giro a la derecha, sino como la prolongación de la agonía de toda una clase política.

    Fotografía: Agencia Uno

    Disponible en: El Comercio

     

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro investigador senior Claudio Fuentes participando en una nueva edición del programa Puzzle Electoral de CNN Chile. En esta ocasión se aborda el tema de la votación en las elecciones municipales. Ver el programa completo aquí

     

    leer más
  • Usted es de derecha? 

    Carlos Meléndez

    base_image (10).jpg

     

    Si cree que la administración de la economía debe seguir el modelo dominante de políticas de mercado, usted es de derecha. Si cree que vamos directo sin parar ‘one-way’ a la OCDE y que debemos privatizar Petro-Perú y Sedapal, usted es de derecha. No tenga miedo en identificarse como tal; ser de derecha no es pecado. Ahora, en el Perú se pueden agrupar al menos dos tipos de derechas según sus convicciones programáticas.

    Por un lado, si usted suma a sus certezas anteriores que “fumarse un troncho no es el fin del mundo” y está a favor del matrimonio homosexual y del aborto, pertenece a una derecha moralmente liberal. No se confunda, no se alucine tan “progre” (ni siquiera porque reclame “más presencia estatal”). Sigue siendo de derecha, pero con un toque ‘hipster wannabe’. Por otro lado, si usted suma a su defensa del modelo económico, el respeto a los valores tradicionales de la familia y el apego a soluciones “mano dura” para enfrentar conflictos sociales, pertenece a una derecha conservadora. Es decir, no caben dudas de que es de derecha, pero además profesa un sesgo de “radical prominero”. Estas dos versiones de derecha son dominantes en el Perú y gobiernan desde hace décadas.

    El problema con la derecha peruana en el poder –Ejecutivo y Legislativo– es que no tiene vocación republicana más allá de sus enunciados. La derecha que reivindica sus sueños republicanos –trace una línea imaginaria que una las candidaturas presidenciales de Vargas Llosa, Pérez de Cuéllar, Kuczynski– ha demostrado una firme defensa de la democracia. Sin embargo, falla en dos puntos claves: no siempre respeta el pluralismo político (sus rivales ideológicos siempre serán fujimoristas “corruptos” e izquierdistas “enemigos del desarrollo”) y no se atreve a construir instituciones políticas (ni siquiera un partido político enraizado). Emplea su elitismo clasista como instrumento de dominación.

    La derecha conservadora parecería no tener convicciones institucionalistas aunque sí emprende proyectos de construcción partidaria (como Fuerza Popular). Solo critica autoritarismos de izquierda, no ha digerido el cambio de época –sigue atrapado en dicotomías de Guerra Fría– y confunde la garantía de Estado de derecho con la profundización de la mano dura. Aunque un sector de ella se esfuerza en convencer de su evolución democrática, la sombra del pasado seguirá siendo una mochila pesada. Su pretensión de arraigo popular la lleva a posiciones antiestablishment. Le falta esa sofisticación intelectual que alguna vez ensayó.

    Ya sea por enclaustramiento clasista o por antielitismo, las dos versiones de derecha peruana (complementarias) están estancadas. Ambas se han creído el cuentazo de que “no es necesario un debate ideológico” (PPK dixit). Celebran –equivocadamente– que hemos llegado al final fukuyamista de la historia peruana (insertar risas). Están satisfechas con un “piloto automático” que aplaude que el crecimiento económico de Apurímac es bravazo y a la vez justifican que le metan bala a un ciudadano comunero de Las Bambas. (Todo en la misma semana). Mientras siga defendiendo el statu quo, usted perpetuará una derecha sin futuro.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

     

    leer más
  • bachelet-palomas1_816x544.jpg

    A una semana de las elecciones municipales, algunos políticos –como el ex presidente socialista Osvaldo Andrade y el ex ministro de Sebastián Piñera, Cristián Larroulet– acusan “falta de clima electoral”, en referencia a la poca presencia de propaganda política en las calles. Incluso la Presidenta transmitió su inquietud por una posible abstención masiva, señalando que “ojalá la gente sepa que hay elecciones”.

    Frente a este escenario, Claudio Fuentes descarta de plano el diagnóstico “simplista” de echarle la culpa a la falta de carteles y señala como factores relevantes los fracasos de las propuestas de la Comisión Engel, como también el hecho de que el 85% de los candidatos a alcaldes va a la reelección, “de modo que la oferta política no ha cambiado”.

    -¿Qué significa que cambiaran las reglas del juego?
    -Significa no solo un cambio paradigmático en la forma de hacer campaña, cuya demostración más obvia es la ausencia de publicidad en las calles –que nos invadía–, y también una percepción social que cree que hay poco clima electoral. Pero, a mi juicio, el ir a votar no depende de la cantidad de papelería que pongas en la calle. Tiene que ver con otros factores relevantes que muy pocas veces se analizan.

    -¿Cuáles son?
    -A ver, en primer lugar, en Chile no hay franja radial, la radio es muy importante, no contamina. Fue una de las propuestas que se hicieron en la Comisión Engel y no pasó al Congreso, porque hay muchos intereses en no dar un acceso más igualitario a los medios de comunicación. Otro ejemplo es el de la televisión: no es parte del debate realizar una franja televisiva. Hay una sensación de que la política molesta, pero, paradójicamente, cuando no hay una inundación de publicidad, sentimos que no hay clima electoral, lo cual es una contradicción del argumento muy fuerte.

    -¿Cómo evalúa los mecanismos de generación de interés?
    -Todos hablan de eso, de educación cívica en los colegios, pero nadie lo implementa, el problema es mucho más profundo. En otros países, sin esa papelería, la gente va a votar. La pregunta es por qué requerimos papeles para sentir que hay un clima electoral. Hay una contradicción muy fuerte, porque no tiene nada que ver con eso: tiene que ver con la cultura cívica, con la valoración del voto, con el tipo de campaña que hacen los actores políticos, en fin, dimensiones que no se analizan.

    -Hablemos de las responsabilidades
    -Yo creo que aquí hay responsabilidades de varios actores. Por un lado, los partidos políticos, ya que la oferta no ha cambiado y el 85% de los alcaldes va a la reelección; solo el 15% es nuevo. Con ese nivel de protagonismo de los alcaldes que quiere ser reelectos, la gente dice: “Bueno, es más de lo mismo”. Entonces, por defecto, los partidos tradicionales apuestan por el caballo ganador, el mismo de siempre, no apuestan por renovar la política. Y hay otros datos preocupantes: 19% de candidatas son mujeres y 28% son menores de 39 años, entonces hay una oferta muy masculina y adulta mayor: no son jóvenes, no son mujeres.

    -¿Y cómo ve la irrupción de los nuevos actores políticos?
    -Ellos también son parte del problema, porque van totalmente fragmentados: hoy tenemos 30 partidos, la cifra histórica más grande que hemos tenido desde el retorno a la democracia, y 12 de ellos son de izquierda extraparlamentaria, y van en 5 listas, es decir, una fragmentación total. Si quieres ser alternativa, debes coordinarte y decir “acá hay una lista de gente que quiere hacer las cosas bien”. Pero, como se están haciendo las cosas, es imposible. Lo que hacen los actores nuevos es dispararse en los pies, porque van a perder, ya que el voto es acumulativo y ganan las listas tradicionales, mientras los pequeños mueren.

    -Volvamos a la “falta de clima electoral”. ¿Qué define que la gente vaya o no a las urnas?
    -Los medios de comunicación dicen “la gente va a participar poco, no hay clima de campaña, ergo hay que reponer la falta de propaganda, eso explica la desafección”. Pero eso es simplista, porque en la vuelta pasada, en las municipales del 2012, hubo candidatos que no pusieron paloma y ganaron. Las palomas no son el factor que gatilla el ir a votar: es la red que tú tienes, es la capacidad de llegar a la gente, cómo llegas a esa gente, con qué ideas. Requerimos dar una vuelta al sistema político, sobre cómo se vincula con la sociedad, con los actores sociales, con los beneficios, con los territorios. Eso no está pasando.

    -Desde el punto de vista de las políticas públicas, ¿qué se debería hacer?
    -Generar mayores incentivos a la renovación de la política. Es un problema que en Chile las autoridades públicas, en general, lleguen al ejercicio del poder, a Presidente, por ejemplo, a los 64 años como promedio; en Europa el promedio es 48 años, y ellos tienen una sociedad envejecida. Es decir, tenemos una brecha de 20 años y si tú a los 48 años eres Primer Ministro, en Europa, como promedio, quiere decir que eres alcalde a los 30. Acá estamos lejísimo de eso. Es imperativo renovar la política, porque estamos en una sociedad relativamente joven, pero los actores políticos son muy tradicionales.

    -¿Qué le parece que los políticos escondan su partido de procedencia?
    -Pésimo. De hecho, en la Comisión Engel se propuso establecer como política la obligación de poner en un lugar visible el logo de los partidos, para que la gente identifique quiénes son, y en Chile estamos escondiendo el partido, salvo algunas honrosas excepciones, como Evópoli y RD, los partidos más nuevos. Pero, salvo esas excepciones, la gente esconde la política y tiene un discurso muy antipolítico: “Que se vayan ellos, nosotros no somos ellos”… Eso es muy negativo.

    -¿Cómo explica ese fenómeno?
    -Es simple: los políticos ven que al salir a la calle y decir de qué partidos son, los abuchean, entonces vienen con un discurso de transparencia, donde la política se personaliza. Es la política de los Robin Hood, donde cada uno se transforma en un héroe que va a ir a salvar la política. Yo creo que eso no es así, no es efectivo. Uno sabe que, en la realidad, la toma de decisiones depende mucho de los partidos que están en el Gobierno.

    -El ministro Valdés hizo un guiño a la generación que no vivió la dictadura con el objetivo de explicar la desafección.
    -Si dijo eso, tiene razón: los socializados en el plebiscito del 88 son los que más votan, es decir, esa experiencia los marcó y ellos están continuamente afectados, versus los que llaman “desafectados”. Pero eso, como respuesta política, no se sustenta. Independientemente de lo que tú hayas vivido como experiencia vital, la democracia debiese generar condiciones para el ejercicio democrático: no necesitas una dictadura para valorar la democracia. Hay muchas generaciones en Europa que no vivieron ni las guerras ni el Holocausto y, sin embargo, se sienten parte del sistema democrático. Eso depende de la forma en que los partidos y las autoridades se vinculan con la sociedad, y en eso está fallando el sistema político chileno. Hay que echarle la culpa a la democracia.

    -¿Será alta la abstención?
    -Sí. La encuesta Adimark muestra que un 24% está muy interesado y otro 24% está algo interesado. El muy interesado es bastante consistente, contamos con ese grupo; el problema es que en el 2012 ese grupo era un 50%, hoy es la mitad. Además, los “algo interesados” generalmente no van a votar. Yo creo que alrededor de un 30% irá a las urnas y después todos echarán la culpa a la falta de publicidad y de seguro promoverán que cambie la legislación, pensando que eso va a resolver el problema, pero no será así.

     

    Fotografía: El Mostrador

    Disponible en: El Mostrador

    leer más
  • Tecnocracia y corrupción

    Carlos Meléndez

    base_image (9).jpg

     

    Para entender casos de corrupción como el de Carlos Moreno, debemos comprender el tipo de tecnocracia que gobierna al Perú. Dicha tecnocracia se articula en torno a convicciones ideológicas fundadas en las reformas de ajuste y carece de proyecto político –lo que le permite fluir sin reparo de una administración a otra–. Estas características sostienen un sentido común predominantemente individualista y antiestatal, que legitima un sistema de reclutamiento de funcionarios públicos sujeto a relaciones informales. 

    Sin partido ni confianza en la carrera burocrática, los vínculos personales se imponen como criterio de selección de técnicos de alto nivel. En una sociedad clasista como la limeña –el pepekausismo es su summum político– priman las relaciones personales en el alistamiento. Si es desconocido, es malo; si es sobrino de fulanito, es bueno. La lógica del ‘head hunter’ es: primero encuentro a la persona y luego lo acomodo al cargo público. Así, “mi amigo del squash” llegó a ministro, “mi causa del surf” a asesor ministerial y “mi médico gastroenterólogo” a ‘consiglieri’ de Palacio. No se engañe, nuestra élite tecnocrática es premoderna y antiinstitucionalista: teme a las relaciones impersonales, adora su comarca sanisidrina. 

    Fíjese usted cuántos cargos públicos se han concursado con los términos de referencia a la talla del “recomendado”; cuántos funcionarios novatos con carreras públicas meteóricas, generosamente remunerados. Tampoco se trata de confianza meritocrática, pues más importante que la experiencia es la familiaridad, la seguridad originada en el círculo social de pertenencia. El problema de fondo de esta lógica patrimonialista –la legitimación de vínculos personales como criterio de nombramiento de decisores– favorece el lobby y la corrupción. 

    El modelo “gobierno tecnocrático sin proyecto político” condiciona “faenones” y “negociazos”. No estamos ante camarillas mafiosas –esquema corruptor durante el fujimorismo–, sino ante círculos informales que abrazan las esferas de poder, aprovechando las “relaciones de confianza”. La “traición” a dicha confianza suele tamizarse con “agradecimientos a los servicios prestados” mientras ocurra tras bambalinas; solo cuando alcanza el escándalo se sanciona con intención ejemplarizante. Es que dentro de esta visión de la gestión pública, “un poco de corrupción no importa” (sic). 

    El tecnócrata al volante carece de incentivos para frenar este tipo de corrupción. Alejado de la aspiración colectiva y huérfano de causa política, solo procura que las faltas y delitos de la administración a la que pertenece no manchen su CV. Frecuentemente proveniente del sector privado, no se percibe como funcionario público ni se proyecta como tal. No tiene pretensiones de pasar a la historia sino de escalar a una multilateral. (Vaya, siquiera es simpatizante de Peruanos por el Kambio). Ignora que el Estado es –sobre todo– un instrumento de dominación –no solo esa burocracia que detesta– con poderes informales enquistados que le desbordan.

    En este sentido, establecer filtros fiscalizadores es hacerle cosquillas al monstruo. La imagen de desorden, improvisación y lentitud del gobierno se ajusta a un estilo de dirección y reclutamiento de funcionarios que perpetúa la corrupción que prometió erradicar.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

     

    leer más
  • 69-49-claudio-fuentes.jpg

    Lee la entrevista a nuestro Investigador Senior en el diario La Segunda en la que se refiere a la abstención electoral. Disponible aquí

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro investigador senior Claudio Fuentes participando en una nueva edición del programa Puzzle Electoral de CNN Chile. En esta ocasión se analiza el perfil de los candidatos de estas próximas elecciones municapales. Ver el programa completo aquí

    leer más
  •  

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas conversaron acerca de los errores en el padrón electoral en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • Perder es ganar un poco

    Carlos Meléndez

    9-carlos-melendez-copy-250x250.jpeg

    Cuando Francisco “Pacho” Maturana dirigía la selección colombiana de fútbol entró en una seguidilla de partidos perdidos que justificó aduciendo que “perder es ganar un poco”. Años después, los colombianos parecen retornar a dicha frase como norte para salir de la crisis política ante la inesperada derrota del “Sí” en el plebiscito sobre el acuerdo de paz que el gobierno de Juan Manuel Santos celebrara con las FARC. A diferencia de lo que sostenía el recordado entrenador, no se trata sólo de adquirir más experiencia, sino de enmendar un proceso de paz auspicioso ante la comunidad internacional aunque con fallas de origen.

    Para llevar adelante el plebiscito del 2 de octubre se corrompieron varias de las formas institucionales de la tradición republicana colombiana. Expertos en democracia directa, como David Altman, han identificado al menos cuatro faltas procedimentales graves. Primera, el fraseado de la pregunta de la boleta de votación no recogía equitativamente las dos posiciones en disputa. Segunda, los funcionarios estatales fueron instados a hacer proselitismo por el “Sí”. Además, se redujo arbitrariamente el umbral de aprobación del referendo. Finalmente, se suscitó una campaña con premura
    —cinco semanas—, que no permitió una adecuada divulgación de las posiciones, pese a la trascendencia histórica. Si bien es cierto que el compromiso entre gobierno y rebeldes no requería consulta en las urnas para sellar el acuerdo, la necesidad de legitimación social coadyuvó a que Juan Manuel Santos —y toda Colombia— se encontrara con una realidad que no estaba dispuesto a aceptar.

    El ex presidente Álvaro Uribe ha sido el principal promotor del “No” al acuerdo. Desde sus gobiernos (2002-2010) impulsó políticas denominadas de “seguridad democrática”, fundadas en la idea-fuerza de vencer a las guerrillas por la vía armada y a cualquier precio. Incluso, según sus detractores, se pueden rastrear vínculos de grupos paramilitares en su entorno. A pesar de que promovió la desmovilización de este tipo de autodefensas, sus antecedentes lo proyectaban como una figura adversa a cualquier acuerdo. Se cuenta que hubo intentos fallidos de llevarlo a la mesa de negociación en La Habana, pero sus posturas maximalistas —ningún tipo de perdón ni prebendas para las guerrillas— lo mantuvieron como un actor marginal hasta el pasado domingo. “Yo voté por el ‘No’ porque no he podido perdonar”, dice un estudiante universitario en una reunión con sus compañeros y profesores, el día después del plebiscito. Como él, millones de colombianos endosaron la consigna de Uribe. No es que hayan preferido continuar con la guerra, sino que no se sintieron representados en las celebraciones en Cartagena.

    Quienes sostienen que los votantes del “No” fueron guiados por mentiras, pecan de esa superioridad moral que distanció a quienes sin chistar defendían un acuerdo que excluía a gran parte de sus compatriotas. “Este era un momento para dialogar, no para enfrentarnos”, responde otra estudiante, activista del “Sí”. “No veíamos a los del ‘No’ como iguales, hemos hecho las cosas mal”, sentenció en medio del silencio del auditorio.

    Han pasado pocos días, pero la incertidumbre empieza a ceder ante la esperanza. Santos ha designado a un equipo para dialogar con los representantes del “No” y Uribe ha moderado sus posiciones. El también senador, propuso una salida judicial para guerrilleros que no incurrieron en crímenes atroces. Por su parte, las FARC mantienen la orden de cese al fuego y el ELN —el otro movimiento subversivo en actividad— refiere la premura de un diálogo nacional.
    En los próximos meses, Santos deberá demostrar que no es un lame-duck (pato cojo) y Uribe que sus convicciones pacifistas son reales. Es cierto que la paz aún no llega a Colombia, pero el verse reflejada en el espejo de sus rencores puede construir una paz más incluyente y duradera. Como nunca antes, una derrota puede favorecer ganar tanto.

    Disponible en: Qué Pasa?

     

    leer más
  • Partidos ‘light’

    Carlos Meléndez

    base_image (8).jpg

     

    Desde hace un mes he venido ocupando este espacio para sugerir propuestas de reforma política a la altura de los desafíos al bicentenario de nuestra República. Hoy culmino, proponiendo un giro en la forma de pensar el paradigma del “fortalecimiento” de los partidos políticos. Los partidos no volverán a ser aquellas estructuras burocráticas que apelaban a una representación corporativa de la sociedad. No es un cambio exclusivo de los escenarios poscolapso partidario –como el peruano– sino también dado por procesos culturales globales que golpean las identidades partidarias.  Esta razón, anclada en la lógica de la evidencia empírica, establece como descaminado persistir en normas para promover partidos “fuertes”. Lo necesario es la facilitación de partidos ligeros (que no es lo mismo que débiles) con capacidad de adaptación a la volatilidad electoral y atractivos para simpatizantes (no para militantes). Ha llegado la era de los partidos ‘light’.

    Así, las exigencias que impone la ley, como cifras elevadas de firmas, militantes y comités partidarios activos, pertenecen a un contexto fundacional ya arcaico. La obligatoriedad legal condiciona un mundo paralelo de services o sacadas de vuelta a la ley. Hoy los partidos cumplen sus funciones de acción colectiva (organización) y elección social (mensajes) a través de lo que la jerga politológica llama “sustitutos partidarios”. Por ejemplo, se emplean universidades-empresa e infraestructuras de iglesias para proveer recursos para la movilización de electores, así como “técnicos” para la difusión de programas. Por lo tanto, cualquier normatividad legal deberá promover la provisión de recursos políticos para reemplazar o formalizar a esos “sustitutos”. 

    Para el enraizamiento territorial se deben alentar las alianzas entre quienes tienen capital para la movilización electoral y los partidos nacionales. Los movimientos regionales que quieran participar a nivel subnacional deberían hacerlo con el patrocinio de partidos. En vez de fomentar la disputa entre organizaciones locales y nacionales, debemos incentivar el acercamiento (aunque este no tiene por qué ser necesariamente duradero). Así, los partidos podrán cumplir exigencias mayores: participación obligatoria en todas las elecciones nacionales o subnacionales. Concuerdo con quienes entienden que si un partido no se presenta a determinado proceso electoral, perdería su inscripción; pero se debe generar un sistema para que pueda cumplimentar dichos requisitos a través de generar sinergias con actores regionales.

    Para promover la capacidad programática es vital habilitar ‘think-tanks’ o centros de investigación nacionales y descentralizados –asociados a los partidos–, que concentren tecnócratas capaces de producir propuestas de políticas. Tanto proyectos de ley congresales como planes de gobierno, deberían originarse en estos centros de pensamiento, vinculando el ‘policy-making’ con la política formal. Así, los pronunciamientos partidarios en el debate nacional limitarán la improvisación y darán señales al electorado de las tendencias de su “marca partidaria” favorita. No estaremos –necesariamente– ante partidos doctrinarios, pero sí ante promotores de ideas-fuerza materializadas en ‘policies’. ¿Estamos dispuestos a pensar fuera de los moldes convencionales para reformar nuestra política o seguiremos atrapados en esquemas mentales del siglo pasado?

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • 9-carlos-melendez-copy-250x250.jpeg

    Nuestro Investigador Post Doctoral, Carlos Meléndez conversó acerca de las razones que llevaron al NO a triunfar en el referéndum colombiano, por el acuerdo de paz con la guerrilla en el programa Cable a Tierra de CNN. Ver el programa completo aquí

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas conversaron acerca de la elección de gobernadores regionales, sus facultades y la desconcentración del poder territorial. en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • Lecciones colombianas para peruanos

    Carlos Meléndez

    base_image (7).jpg

    Ningún otro país latinoamericano discute los resultados del reciente plebiscito colombiano como el Perú. Nuestras grandes similitudes –enfrentar conflictos armados internos donde se enquistan poderes ilegales como el narcotráfico– y la vecindad erizan nuestras sensibilidades. Somos dos países divididos políticamente por conservadurismos –fujimorismo y uribismo– que despiertan pasiones capaces de cruzar las fronteras con facilidad. Precisamente, soy de los que piensa que la victoria del No en Colombia es un resultado auspicioso para enfrentar sin atajos una polarización que debe resolverse más temprano que nunca. El Colombia posplebiscito tiene la oportunidad de evitar ser el Perú de hoy.

    En primer lugar, la victoria del No le otorgó legitimidad social al uribismo, hasta entonces actor excluido del acuerdo, con razón o por prejuicio. Cuando los peruanos nos planteamos los retos de la justicia transicional, el fujimorismo fue sepultado por las élites que dirigieron la transición; no tuvieron representación corporativa en la Comisión de la Verdad ni sillón en el Acuerdo Nacional. Al fujimorismo le ha costado demostrar que puede ser un actor leal a las reglas democráticas; hasta el momento se duda de su conversión. Al uribismo no se le podrá excluir más de las postales reivindicativas de la historia.

    En segundo lugar, los colombianos decidieron que las FARC –a pesar de sus crímenes– merecen participar políticamente en los asuntos del país. Hasta el uribismo –reticente al inicio– accedió a esa prerrogativa, confiando en que languidezcan en las urnas (como sucedió con el M19). En el Perú no nos atrevemos siquiera a discutir esa posibilidad, aunque bien podría la izquierda formal peruana plantear la participación política de ex subversivos en un frente amplio capaz de atenuar sus impulsos extrasistémicos. No se trata solo de llevarlos a la librería El Virrey a presentar sus memorias.

    En tercer lugar, la disputa entre el Sí y el No se ancla en una división entre élites que logra calar en el electorado –como me explicó el colega Felipe Botero–. Las élites colombianas de derecha e izquierda comparten el respeto a la tradición republicana. El uribismo es un conservadurismo institucionalista –o al menos ha girado hacia esa proyección– mientras que un sector recalcitrante del fujimorismo sigue atrapado en su pasado autoritario. El fujimorismo sigue jugando el rol de anti-establishment que puede dar réditos electorales hasta cierto punto, pero no garantiza el respeto a una cultura democrática.

    Además, el resultado del plebiscito colombiano nos alerta de las inesperadas consecuencias del avance de ciertos ‘issues’ progresistas en la opinión pública. Enfoques de equidad de género y protagonismos de funcionarios abiertamente homosexuales generaron en Colombia reacciones defensivas en sectores conservadores –como iglesias evangélicas– que se plegaron a la campaña del No. Los valores y creencias tradicionales han demostrado –en Colombia y el Perú– que tienen capacidad y recursos para la movilización, la influencia en el debate público e identidad arraigada en las masas. Sus estrategias son una suerte de macartismo social que cataloga cualquier reivindicación progresista como “dictadura homosexual”, “lobby gay” o “ideología de género”. El tradicionalismo es potente y, contra quienes sostienen que es cuestión de tiempo su desaparición, tiene la habilidad para encontrar aliados políticos que aseguran su subsistencia.

    Finalmente, para quienes discuten la pertinencia del voto voluntario en el Perú, el comportamiento de los colombianos el pasado domingo puede alertarnos en doble sentido. Por un lado, la baja participación restaría legitimidad a los procesos electorales que convengamos y, por otro lado, no necesariamente saldría a votar el ciudadano más instruido y cívico, sino aquel con más identidad y envuelto en redes de activismo. En ese sentido, el voto voluntario beneficiaría más al fujimorismo, cuya capacidad de organización lo erige como el único partido popular en el país. Si usted sigue pensando que los fujimoristas se activan por un táper de comida, es porque sigue en su burbuja de ‘Eisha’ o porque quiere seguir viviendo en el engaño. Es así que los colombianos, ante un resultado inesperado, han decidido discutir públicamente sus rencores y sueños; mientras los peruanos seguimos atrapados en nuestros tabúes y pesadillas.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • Partidos por impuestos

    Carlos Meléndez

    base_image (6).jpg

    Una de las medidas más impopulares y polémicas de la regulación política es el financiamiento público de los partidos. Las autoridades electorales exigen al erario nacional –solo para el 2017– S/15 millones para destinarlos a actividades de capacitación y entrenamiento de aquellas organizaciones que pasaron la valla electoral. Los reformólogos bendicen tal disposición aun a sabiendas del rechazo que genera en gran parte de una ciudadanía ya desafecta. “Tener buenos partidos cuesta”, aducen, como si dichos tributos garantizaran ipso facto partidos modernos, democráticos y transparentes. ¿Está usted dispuesto, estimado contribuyente y ciudadano republicano, a que se financien de su bolsillo actividades de formación de fujimoristas y frenteamplistas, por citar unos ejemplos?

    Continuando con el paquete de reformas bicentenario, propongo adoptar un sistema de financiamiento partidario que denomino “partidos por impuestos”. La idea es emular el modelo de “obras por impuestos” que ha permitido canalizar los tributos de empresas privadas para llevar adelante proyectos de infraestructura social ahí donde el Estado ha mostrado ineficiencia. Así, determinadas actividades partidarias –específicamente de reflexión programática y el enraizamiento territorial– serían financiadas por contribuciones de corporaciones privadas, descontadas de sus tributaciones al Estado.

    Los partidos, a su vez, deducirán de su financiamiento público asignado el valor del proyecto patrocinado por la empresa. La ventaja es que el sistema alternativo determina con precisión el origen y el destino de los recursos (privados) y permite acercar el mundo empresarial al partidario de una manera transparente y controlada, bajo la supervisión de la contraloría.

    “Partidos por impuestos” se empleará para financiar proyectos de ‘think-tanks’ partidarios (nacionales y descentralizados) que cumplan funciones de elaboración de propuestas programáticas y asesoría legislativa; institutos –articulados a los partidos– conformados por tecnócratas y especialistas en políticas públicas, que enriquecerán el debate nacional. Los partidos –en coordinación con la ONPE– deberán elaborar sus perfiles de ‘think-tanks’ –asentados en la capital o en regiones–. (Así –disculpen la elucubración– Fuerza Popular podrá erigir el Instituto de Estudios Constitucionales Torres y Torres Lara, y el Frente Amplio el Instituto de Estudios del Sur Andino con sede en Cusco. Peruanos por el Kambio podrá descentralizar su Instituto Perú, mientras el Apra y Acción Popular podrán crear centros de estudios municipales con sus recaudos regionales).

    Estas iniciativas serían auspiciadas voluntariamente por empresas interesadas en agendas nacionales o regionales que sintonicen con los enfoques de determinados partidos. A su vez, las organizaciones políticas partidistas tendrán incentivos para transparentar su recaudación de fondos, ya que se desalientan las contribuciones “por debajo de la mesa”.

    Para evitar la concentración de recursos en unas cuantas organizaciones políticas, cada empresa que se adhiera al sistema propuesto deberá financiar proyectos de, al menos, dos partidos políticos. Este mecanismo no inhibe otro tipo de contribuciones del sector privado (a actividades proselitistas, por ejemplo), pero resta validez al modelo tradicional de financiamiento público, intragable en una sociedad con la política tan desprestigiada.

    Fotografía: El Comercio

    Diponible en: El Comercio

    leer más
  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Claudio Fuentes: Elecciones municipales son "factor relevante" de la presidencial

    El analista político Claudio Fuentes anticipó en conversación con Lo Que Queda del Día que, de acuerdo a los resultados de las tres últimas elecciones municipales, los comicios a desarrollarse en octubre serán un "factor relevante" para proyectar la presidencial de 2017.

    De acuerdo con Fuentes, "lo interesante que ha pasado en Chile es que las elecciones municipales de 2004, 2008 y 2012 proyectaron lo que era la presidencial. En 2004 ganó la Concertación y la presidencial la ganó Bachelet, en 2008 la ganó la Alianza y después ganó Piñera y después en 2012 ganó nuevamente la Concertación y nuevamente ganó la coalición la Presidencia".

     
    "En las últimas tres elecciones municipales,quien gana el mayor porcentaje de votación y número de alcaldes por población gana después la presidencial, porque es el campo territorial que se utiliza para hacer la presidencial, por lo tanto, a mi juicio, por lo menos en las últimas tres elecciones sí ha sido un factor relevante para definir la presidencial", añadió.

    El académico de la Universidad Diego Portales también comentó que en esta elección hay una "mayor fragmentación: vemos más fotos incluso con gente como Mariana Aylwin, gente que no está totalmente en la carrera (presidencial), como Giorgio Jackson, (Jorge) Burgos, porque ante la crisis de liderazgo presidencial, un Gobierno que tiene la más baja cifra de representación, todos escapan del Gobierno y buscan un referente"

    "Como hay mucha fragmentación vemos, por un lado, un adelantamiento de la carrera presidencial y, en segundo lugar, una fragmentación mayor de la cantidad de líderes que podrían terminar en la Presidencia, por lo tanto, yo creo que este fenómeno es bastante peculiar y no lo habíamos vivido con tanta fuerza anteriormente", concluyó.

    Diponible en: Cooperativa

    leer más
  • cristobal-rovira (1).jpg

    Entrevista a nuestro Investigador Responsable Cristóbal Rovira en la que revisa el populismo a través de los años en el país y qué políticos hoy responden mejor a esa definición. Escucha la entrevista completa aquí

    leer más
  • Entrevista a Carlos Meléndez en diario La Tercera 

    2335384_300.jpg

    PPK cumple 60 días como Presidente de Perú con un 63% de aprobación

    por Alejandro Tapia

    Ganó por apenas 41 mil votos en la segunda vuelta del 5 de junio: 50,1% contra 49,8% de Keiko Fujimori. Su partido, Peruanos por el Kambio, es apenas la tercera fuerza del Congreso, con sólo 18 escaños de 130, muy por debajo de los 72 que tiene el fujimorismo. Pero así y todo, Pedro Pablo Kuczynski se las ha arreglado para generar una sorprendente expectativa positiva en Perú, con una dulce luna de miel en estos primeros 60 días en el Palacio Pizarro.

    El primer logro del nuevo Presidente peruano no se debe a ningún anuncio rimbombante, tampoco a promesas de reformas estructurales de rápido fracaso, como le ocurrió a su antecesor, Ollanta Humala. Lo primero que se destaca en Perú cuando se comenta cómo ha sido la gestión de PPK es que su aprobación se sitúa en un 63% según Ipsos. Entre quienes lo respaldan existe la creciente percepción de que Kuczynski, de 77 años, tiene buenas ideas, que está trabajando para mejorar la economía y que posee experiencia como economista.

    Precisamente es la economía lo que está en el centro de su gestión. En ese marco, viajó a Chile como Presidente electo a la cumbre de la Alianza del Pacífico, visitó China y en los últimos días ha generado aplausos en Nueva York en el marco de la Asamblea General de la ONU. “PPK es un hombre de negocios. Sabe cómo negociar y atraer inversión privada. Sus giras internacionales son fundamentales para atraer capitales. Además es experto en destrabar proyectos truncados. Ahí está el énfasis de sus primeros meses”, dice a La Tercera el analista político peruano y académico de la UDP, Carlos Meléndez.

    “En su gestión, se muestra muy dinámico, con la batuta en distintos temas de gobierno, como el programa económico y la seguridad ciudadana. Recientemente, ha visitado China, el principal comprador de productos peruanos, y se ha reunido con los máximos dirigentes de ese país, al que ha pedido inversiones en infraestructura”, complementa el politólogo y encuestador limeño, Luis Benavente.

    En ese sentido, los peruanos atribuyen a PPK un importante liderazgo, un fenómeno que también se dio al comienzo del segundo gobierno de Alan García en 2006 y que coincidió con la bonanza económica peruana. A pesar de la caída del precio de las materias primas, la actividad económica de Perú se incrementaría 4% en 2016 y 4,3% en 2017, por lo que liderará la expansión regional, de acuerdo a lo proyectado en agosto por el titular del Banco Central de Reserva, Julio Velarde.

    Los analistas también destacan que, a diferencia de otros gabinetes muy cuestionados, el equipo de PPK es visto como más transparente e institucional. Ahí destaca Fernando Zavala (primer ministro), Martín Vizcarra (Vicepresidente), Mercedes Aráoz (segunda Vicepresidenta) y Alfredo Thorne (Economía). Por ahora, ninguno de los “peso pesados” genera suspicacias, aunque Meléndez pone una alerta: “El 50% ya desaprueba al ministro de Economía y Finanzas, cuando normalmente no tienen tan alta desaprobación”.

    Rutina de ejercicios

    Otro punto, un poco más espinoso, es el riesgo de que PPK dependa en exceso de la aprobación ciudadana para paliar su escaso apoyo en el Legislativo. “Lo que el Perú ve es a un Presidente que quiere hacer las cosas pero depende de la oposición fujimorista para concretarlas. Es decir, necesita de su principal adversaria (Keiko) para echar a andar un plan de reactivación económica y ordenamiento de las finanzas públicas. El único gran punto que tiene a favor el gobierno es que el fujimorismo comparte buena parte de su visión económica, de ahí la necesidad de llegar a un entendimiento para implementar reformas necesarias. Precisamente en estos días vemos al Congreso debatiendo si otorga o no facultades para que PPK y sus ministros legislen en materias que usualmente son propias del Parlamento”, plantea a La Tercera el analista político peruano, Pedro Tenorio.

    Este tiro y afloja entre PPK y la bancada fujimorista podría haber copado la agenda del gobierno, pero Kuczynski -coinciden los analistas- ha sido inteligente con su estilo. “Se le ve más fresco y campechano”, comenta Tenorio. En ese sentido, gran revuelo generó que PPK mandatara a sus ministros -y a él mismo- a realizar rutinas semanales de ejercicios físicos en uno de los patios del Palacio Pizarro. “El deporte fomenta valores importantes”, señaló el gobierno a comienzos de agosto.

    Pero Meléndez advierte que una vez que se acabe la luna de miel varias preguntas deberán tener respuestas: “¿Qué va a pasar con la descentralización? ¿Cómo frenar la conflictividad social? ¿Cómo llevar adelante la reforma política?”, concluye este politólogo.

    “Hay en la población una expectativa respecto a los cambios que él debería implementar (más agua potable, infraestructura y obras) que si no se vislumbran en vías de solución a partir de los 100 primeros días pueden producir crisis políticas”, advierte Tenorio.

    Fotografía: La Tercera 

    Disponible en: La Tercera

    leer más
  • 52-alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas conversaron acerca de Fernando Atria como posible candidato presidencial en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • Sistema binominal (3)

    Carlos Meléndez

    base_image (5).jpg

     

    La semana pasada propuse rediseñar las circunscripciones electorales para la elección de parlamentarios. Los nuevos distritos –sugiero– deben erigirse sobre clústeres económicos para representar mejor la dinámica social del país. Esta propuesta, en combinación con el establecimiento de distritos binominales, favorecería la confección de listas de candidatos al Congreso (cerradas o abiertas) y la necesaria paridad de género; dos nudos del debate sobre la reforma política.

    En vez de tener 26 distritos electorales (uno por cada región, más Lima provincias), podríamos tener muchos más (manteniendo el número de congresistas alrededor de 130) para acercar al electorado a sus representantes. Propuse dos tipos de distritos según niveles: los “micro” expresan dinámicas al interior de regiones y los “macro” las dinámicas transregionales. Los primeros podrían ser uninominales o binominales (dependiendo del tamaño de la población) y los segundos binominales. Los ciudadanos continuaríamos votando por (dos) congresistas de una sola cámara; la diferencia es que dichos congresistas encarnarán dinámicas microrregionales y macrorregionales. El predominio de distritos binominales –en el esquema que propongo– se justifica en sus efectos positivos para el sistema de representación peruano: acercan los legisladores a sus electores, reducen el número de partidos, etc.; pero sobre todo facilitan la confección de listas de candidatos al Congreso. 

    En primer lugar, los partidos políticos tendrían que presentar dos candidatos por distrito, lo que simplifica el orden de las preferencias. También cobra sentido dejar a criterio del partido si presenta sus candidatos en listas abiertas o cerradas. De optar por listas abiertas, el elector podrá seleccionar el símbolo de su preferencia y marcar el número 1, el 2 o ambos. De optar por listas cerradas, al elector le bastará con seleccionar el símbolo partidario. (En este caso no habrá casillas en blanco para colocar números preferenciales). Las diferencias son menores entre ambas opciones, pero el mantenimiento (optativo) del voto preferencial permite preservar los incentivos para que candidatos al Parlamento dispongan recursos para las campañas electorales de sus partidos. 

    En segundo lugar, los distritos electorales binominales favorecerán satisfacer la demanda de paridad de género. Nos olvidamos de exigencias espurias (alternancia) y de trampas a las leyes de cuotas (colocar a mujeres en los últimos puestos de listas extensas). Aun en el caso de que el partido imponga una lista cerrada, el “peor escenario” es que la candidata mujer ocupe el segundo orden.

    En caso de distritos uninominales (donde solo se elige a un único representante), los partidos deberán presentar obligatoriamente dos candidatos en listas abiertas; es la única manera de asegurar la equidad de género en la oferta partidaria. Si de revolución institucional se trata, esta propuesta permite igual número de candidatos por sexo por primera vez en nuestra historia.

    Con nuevas circunscripciones electorales en las que predomine el sistema binominal, con la convivencia de listas abiertas y cerradas, y con paridad de género, tendríamos un sistema de representación a la altura de las exigencias de un país moderno.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • Chile: ¿Un país inmune al populismo?

    Cristóbal Rovira y Kirk Hawkins 

    País-inmune-700x300.jpg

    Populismo. Esta palabra se ha vuelto recurrente en el debate público en Chile. Diversos comentaristas han argumentado que la agenda y las políticas públicas del gobierno actual tienen marcadas tendencias populistas, mientras que otros opinan que el debate constitucional y una potencial reforma mediante una asamblea constituyente pavimentan el camino para el surgimiento del populismo. Asimismo, hay quienes plantean que los escándalos de corrupción que han afectado a la clase política y empresarial representan un caldo de cultivo para la irrupción de liderazgos populistas en las próximas elecciones presidenciales.

    Llama la atención la desconexión del debate local con la discusión internacional en torno al fenómeno del populismo. De hecho, el populismo es hoy en día un fenómeno global que en el mundo desarrollado se plasma sobre todo en líderes y partidos de la derecha radical. Desde el Frente Nacional en Francia a Viktor Orbán en Hungría, y Donald Trump en Estados Unidos, los populismos de derecha representan un verdadero desafío a la democracia. A su vez, la así llamada Gran Recesión ha gatillado la irrupción de populismos de izquierda, como Syriza en Grecia y Podemos en España. La creciente relevancia del populismo a nivel global ha motivado una amplia discusión académica, en torno a cómo definir al populismo de manera tal que su definición sea lo suficientemente precisa para reconocer el fenómeno en distintos lugares del mundo y, a su vez, facilite su análisis de manera empírica.

    ¿A qué conclusión ha llegado este debate? En términos generales, el populismo es definido como una ideología o discurso político que se caracteriza por plantear no sólo que la sociedad está escindida entre una elite corrupta y un pueblo soberano, sino que también que la voluntad popular debe ser respetada a como dé lugar. En consecuencia, el populismo opera con una retórica moral (el pueblo es “bueno” y la elite es “mala”). Esto dificulta la posibilidad de lograr acuerdos y construye una noción de democracia que tiene escaso respeto por entidades autónomas que no son controladas ni elegidas de forma directa por el pueblo (por ejemplo, bancos centrales, instituciones judiciales u organismos internacionales).

    Existen dos opuestos conceptuales al populismo: el elitismo y el pluralismo. Al igual que el populismo, el elitismo se sustenta en la distinción entre la elite y el pueblo pero invierte la moralidad de dichos términos: la elite es íntegra y superior, mientras que el pueblo es ignorante y peligroso. Basta pensar en el elitismo inherente al pensamiento tecnocrático, el cual presume que los problemas son muy complejos como para que sean comprendidos y resueltos por la ciudadanía. Por el contrario, el pluralismo no plantea que la sociedad esté escindida entre una elite y un pueblo, sino que define a la sociedad como una suma de individuos y grupos que tienen diversas ideas e intereses, o sea ve la diversidad como una virtud y tiene gran escepticismo frente a la idea de que se pueda hablar de un pueblo con una voluntad popular en singular. Al fin y al cabo, existen variadas voluntades individuales y grupales, de modo que sólo a través del diálogo y la negociación es posible establecer acuerdos que se acerquen al sentir común de una sociedad.

    En base a esta concepción del populismo, y sus dos opuestos conceptuales, es posible analizar de manera empírica si los discursos que elaboran líderes políticos pueden ser catalogados como populistas o no. Para hacer esto de manera fidedigna es preciso recurrir a la así llamada metodología de graduación holística (ver nota metodológica). En el marco del núcleo de investigación financiado por la Iniciativa Científica Milenio (ICM), hemos empleado esta metodología para medir el nivel de populismo presente en los discursos de presidentes en Chile y América Latina, así como también en los candidatos presidenciales de la actual campaña en Estados Unidos.

    Para todos los presidentes considerados hemos analizado cuatro discursos del mismo tipo. En primer lugar, un discurso durante la campaña presidencial y, por lo tanto, antes de que hayan llegado al poder. En segundo lugar, un discurso de “corte de cinta”, vale decir, cuando inauguran alguna obra frente a una audiencia local. En tercer lugar, un discurso internacional y, en consecuencia, frente a una audiencia que está compuesta mayoritariamente por personas de otros países. Por último, un discurso famoso, el cual alude a una ocasión que marca un hito importante en la política del país (por ejemplo, para el gobierno actual de Michelle Bachelet seleccionamos su discurso en cadena nacional del día 1 de abril del año 2014 en donde anuncia la reforma tributaria).

    Populismo-Latam.jpg

    Tal como se puede observar en el gráfico, es posible encontrar un patrón bastante claro respecto a cuáles presidentes de América Latina pueden ser considerados como populistas. Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, y Hugo Chávez en Venezuela son los tres casos que marcan altos niveles de discurso populista. No en vano, la literatura académica ha catalogado a estos presidentes como expositores de una izquierda radical, la cual se caracteriza por atacar a las elites establecidas en el poder y en movilizar al pueblo para demandar e implementar significativos cambios institucionales.

    El gráfico también revela que los exponentes de la izquierda moderada prácticamente no hacen uso del discurso populista: tanto Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, como José Mujica y Tabaré Vázquez en Uruguay hacen escaso uso de la retórica populista en sus discursos. De alguna manera esto es bastante esperable, puesto que dichos gobiernos se han distinguido por hacer reformas graduales y en tratar de buscar acuerdos con diversos sectores sociales. A su vez, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe en Colombia (dos presidentes con una agenda de derecha) no hacen uso alguno del discurso populista.

    ¿Y qué sucede en Chile? En el caso de nuestro país, hemos evaluado los discursos de los últimos cuatro presidentes y la evidencia es concluyente: prácticamente no hay elementos de populismo en el discurso de ninguno de ellos. Quienes plantean que Michelle Bachelet ha ido desarrollando una retórica populista están equivocados: sus discursos tienen un marcado tono pluralista. Por ejemplo, en la cadena nacional donde ella anuncia la reforma tributaria, se postula que “necesitamos que la discusión esté guiada por el interés común y la visión de país, con una mirada de desarrollo y marcada por las necesidades de nuestra patria”. Se le pueden hacer variadas críticas a este gobierno, pero la evidencia empírica muestra que es incorrecto catalogarlo de populista.

    A nuestro juicio, la pregunta más relevante es otra. ¿Se posicionarán candidatos con un discurso populista en las próximas elecciones presidenciales en Chile? Todo indica que ni Sebastián Piñera ni Ricardo Lagos (los más probables candidatos del establishment político criollo) desarrollarán una retórica populista. No es casualidad que diversos actores empresariales y políticos hayan indicado que una competencia entre ambos candidatos le da estabilidad al país. Ahora bien, los escándalos de corrupción del último tiempo marcan un contexto propicio para que otros candidatos hagan uso de la ideología populista para criticar a la clase política y empresarial. Roxana Miranda ya hizo esto en las últimas elecciones presidenciales, pero su estrategia rindió pocos frutos. Nada impide que otros candidatos sin vínculos con el establishment traten de levantar una campaña centrada en el populismo.

    También es posible pensar en otra opción: que actores que forman parte del establishment decidan desmarcarse y armar una propuesta electoral populista. Por ejemplo, los senadores Manuel José Ossandón y Alejandro Navarro han dado entrevistas que apuntan en esa dirección. Aunque parezca curioso, nada impide que actores con importantes vínculos con la clase económica y/o política terminen elaborando discursos de este tipo con el objetivo de conectar con el malestar ciudadano y movilizar así a un segmento del electorado con agendas tanto de derecha como de izquierda.

    Populismo-EEUU.jpg

    No hay mejor ejemplo de ello que las mediciones que hemos efectuado de la campaña presidencial en Estados Unidos. Como se puede observar en el gráfico, al menos dos candidatos con claros vínculos con el establishment han elaborado una retórica con elementos populistas: por un lado, el multimillonario Donald Trump con una agenda de derecha en contra tanto de los inmigrantes como de la elite establecida en el poder y, por otro lado, el senador Bernie Sanders con una agenda de izquierda en contra del capital financiero y la influencia del dinero en la política.

    Así, por ejemplo, Trump señaló lo siguiente en una columna de opinión publicada en The Wall Street Journal en abril de este año: “El único antídoto contra décadas de gobiernos dañinos por un puñado de elites es una infusión de voluntad popular. Sobre cada problema importante que afecta a nuestro país el pueblo está en lo correcto y la elite gobernante está equivocada”. Por su parte, en su discurso en Nuevo Hampshire del día 10 de febrero de este año, Sanders planteó: “Esta noche nosotros notificamos al establishment económico y político de este país que el pueblo americano no seguirá aceptando un sistema corrupto de financiamiento de la política, el cual está socavando la democracia de los Estados Unidos, y no aceptaremos una economía fraudulenta en donde gente sencilla trabaja más horas por salarios más bajos, mientras que prácticamente todos los nuevos ingresos y riqueza se van para el uno por ciento más rico”.

    Dado el contexto actual en Chile, no deberíamos sorprendernos frente a la irrupción de candidatos populistas en la próxima campaña presidencial. El malestar frente a la corrupción y la falta de renovación del establishment político le da mayor atractivo al discurso populista. Nada indica entonces que Chile sea inmune al populismo. La historia indica que los liderazgos populistas cobran fuerza cuando la ciudadanía no se siente representada y la confianza institucional está por los suelos. Su potencial éxito electoral no dependerá sólo de ellos, sino que, sobre todo, de cómo reaccionarán las elites establecidas en el poder.

    NOTA METODOLÓGICA
    La metodología de graduación holística es bastante común en pedagogía y busca analizar un texto como un todo antes que el contenido a nivel de palabras o frases específicas. Para nuestro estudio el primer paso consistió en crear una rúbrica que identifica los elementos del discurso populista. A continuación, procedimos a entrenar a estudiantes para que aprendan a utilizar estas rúbricas y para ello se hacen una serie de análisis previos con textos que son considerados como prototípicos tanto de presencia como ausencia de populismo.

    Finalmente, cada discurso seleccionado es codificado por dos estudiantes, quienes trabajan de forma independiente y por tanto no saben los resultados otorgados por su par. La evaluación de cada uno de ellos se enmarca en una escala que va de cero a dos y los resultados presentes en el gráfico son el promedio de ambas evaluaciones. Cabe destacar que para los candidatos presidenciales en Estados Unidos también trabajaron dos estudiantes de forma separada, quienes analizaron para cada candidato distintos discursos a lo largo de la campaña presidencial y el gráfico muestra las fechas de los discursos considerados.

    Más información respecto a la metodología y el proyecto de investigación se puede encontrar en la siguiente dirección: https://populism.byu.edu/Pages/Home.aspx

    Fotografía: Qué Pasa?

    Disponible en: Qué Pasa?

     

  • 49-claudio-fuentes.jpg

    Nuestro investigador senior Claudio Fuentes participando en una nueva edición del programa Puzzle Electoral de CNN Chile. En esta ocasión se analiza ¿Cómo se financian las campañas?. Ver el programa completo aqui

    leer más
  • Nuevas circunscripciones (2)

    Carlos Meléndez 

    base_image (4).jpg

     

    El problema fundamental de la representación política en el Perú no se resuelve con dictaminar bicameralidad o unicameralidad. Una de las raíces de la crisis de representación se encuentra en su base territorial, el primer paso para la conversión de votos en escaños. No necesitamos más congresistas, sino más distritos electorales –y más pequeños, obviamente– que guarden relación con las dinámicas económicas y sociales del país. Una reforma institucional revolucionaria debe redibujar el mapa con nuevas circunscripciones electorales, distinguiéndose de la división política. Cualquier otra reforma solo hará cosquillas.

    Propongo crear distritos electorales alrededor de los clústeres económicos existentes. Ello implica identificar microdistritos y macrodistritos electorales. Los primeros se constituyen sobre ejes económicos al interior de los actuales departamentos o ejes que cruzan las divisiones políticas uniendo provincias de departamentos distintos. Por ejemplo, en Áncash se pueden identificar tres microdistritos conformados por las provincias costeñas (Santa, Casma, Huarmey), las provincias del Callejón de Huaylas y las restantes provincias orientales de Áncash y Huacaybamba (Huánuco) conectadas en la práctica. Así, los cinco escaños asignados a los ancashinos se distribuirían proporcionalmente con el tamaño de la población de estos tres circuitos: dos, dos y uno, respectivamente.

    Como se sabe, los distritos electorales pequeños (binominales y uninominales) abonan a la reducción de partidos sin afectar la territorialización de la representación. Se evitarían tergiversaciones –agudizadas por la valla– como la sucedida en Cajamarca, donde los votos fujimoristas en la provincia capital y en Contumazá (dos provincias que forman un microdistrito electoral natural) terminaron asumiendo la representación del resto del departamento –que votó mayoritariamente por Democracia Directa–, dejando a estos sin escaños.

    Para que la lógica de los microdistritos no fragmente más el país, necesitamos asimismo macrodistritos que expresen circuitos sociales macrorregionales. Paralelamente, se deben identificar jurisdicciones electorales sobre ejes económicos transregionales como, por ejemplo, la dinámica nororiental (Lambayeque, Cajamarca, Amazonas y San Martín), la del trapecio andino (Ayacucho, provincias de Apurímac y de Huancavelica) y la altiplánica (Puno, provincias altas de Tacna y Moquegua). Estas unidades macrodistritales podrían elegir a dos o tres representantes, según el tamaño de la población. La suma de congresistas no debería ser mucho más de 130.

    La virtud de este esquema es que no reemplaza a la actual división política (gobernadores y alcaldes provinciales seguirían eligiéndose por los límites actuales). Más bien, acerca el Congreso a la ciudadanía (se funda en la dinámica cotidiana de la gente) y hace irrelevante la dicotomía de una o dos cámaras. Congresistas de micro y macrodistritos podrían convivir sin problema en un solo hemiciclo; respondiendo a orígenes de representación distintos pero complementarios, enriquecerán el debate.

    Para identificar rigurosamente los clústeres estructurantes, necesitamos que un trabajo interdisciplinario (economistas, demógrafos y antropólogos) anteceda a la mano del ‘reformólogo’, para asegurar mayor correspondencia entre la propuesta y la evidencia empírica. Así también acercamos al ‘reformólogo’ a la realidad, siendo posible superar credos espurios –bicameralidad– que solo ahondan el rechazo a la política.

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistasconversaron acerca de la posible candidatura presidencial de Alejandro Guillier el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas conversaron acerca de Hillary Clinton, el escenario político en EEUU y un nuevo 11 de septiembre en el país en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • Reformas Bicentenario (1)

    Carlos Meléndez

    base_image (3).jpg

    Aunque poco le diga al peruano promedio, las élites políticas concuerdan en la necesidad de una reforma sustantiva de las reglas de juego que norman las elecciones y la oferta partidaria. Este consenso, sin embargo, no incluye cambios más ambiciosos –un “shock institucional”–, capaces de potenciar el alcance de las reformas a la descentralización, los mecanismos de participación ciudadana y el sistema nacional de fiscalización de las autoridades estatales.

    ¿Es posible elaborar un paquete de reformas que erijan instituciones políticas a la altura de nuestros desafíos en crecimiento económico y cohesión social?

    El oficialismo pepekausa –tan adicto a la palabra “revolución”– y el Congreso de mayoría fujimorista –tan urgido de prestigio democrático– deben generar el consenso político que sostenga una suerte de “revolución institucional” para el bicentenario. Esto es, cambiar las premisas desde donde se piensa la reforma política y abandonar los falsos dilemas que entrampan el debate. Ninguna de las iniciativas de las autoridades electorales y de las ONG (Transparencia) incorporan estos objetivos sine qua non en sus propuestas.

    El primer paso es cuestionar los axiomas sobre los partidos políticos contemporáneos y su relación con la ciudadanía. Los partidos no volverán a ser jamás estructuras piramidales cohesionadas en torno a grandes dogmas o ideologías, sino “marcas partidarias” más ligeras en cuanto a organización y semblante programático. Los militantes partidarios, también eclipsados, han sido reemplazados –en el mejor de los casos– por simpatizantes eclécticos cuya “lealtad” ha de conquistarse permanentemente. Resulta improcedente formular reformas pensando en ideales que pertenecen al pasado.

    El segundo paso es tirar abajo falsos dilemas, correspondientes a una visión anticuada y caduca de las instituciones políticas. ¿Unicameralidad o bicameralidad? ¿Listas abiertas o listas cerradas para la elección de parlamentarios? ¿Financiamiento público o financiamiento privado? ¿Partidos fuertes o partidos débiles? Las propuestas e iniciativas de reforma yerran al decantarse acríticamente por alguna de las opciones anteriormente demarcadas. (En las siguientes semanas discutiré cada uno de estos “falsos dilemas”, presentando alternativas originales: rediseñar los distritos electorales atendiendo a clústeres económicos, la convivencia de listas abiertas y cerradas, un sistema de “partidos por impuestos” y el sinceramiento de partidos ‘light’, respectivamente).

    Nuestras instituciones políticas y el debate de los “reformólogos” están anclados en el siglo pasado. Para más inri, las “recetas” importadas para solucionar nuestra aguda crisis de representación terminan siendo inútiles y dañinas, pues corresponden a estadios de crisis menores que anteceden a nuestra situación actual. El “poscolapso partidario” del Perú actual es el futuro hacia donde se proyectan países latinoamericanos con baja institucionalización política.

    Tenemos, entonces, la posibilidad de innovar soluciones institucionales y el deber de hacerlo con tecnicismo, mesura y sin prejuicios. Es deseable que las autoridades que dirigen el proceso de reforma política sean receptivas y de mente abierta. El desafío del bicentenario lo amerita. De perpetuarse la dinámica y los términos del debate impuestos por los reformólogos del siglo XX, redundaremos en nuestro desarrollo truncado. 

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

    Nuestro investigador senior Claudio Fuentes participando en una nueva edición del programa Puzzle Electoral de CNN Chile. En esta ocasión se analiza la participación electoral en Chile y el mundo. Ver el programa completo aquí

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas discutieron obre la figura de Sebastián Piñera versus Ricardo Lagos, la situación de la Nueva Mayoría y la candidatura simbólica de la DC en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • cristobal-rovira.jpg

    Nuestro Investigador Responsable Cristóbal Rovira, junto con Beatriz Hernández conversaron sobre las complicaciones del PSOE y otras colectividades para formar alianza y propiciar un acuerdo para formar un gobierno definitivo en España en el programa Cable a Tierra de CNN Chile. Ver el programa completo aquí

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

    Vivimos en una sociedad desigual.  Una abrumadora mayoría percibe que los gobiernos favorecen a los poderosos y que las autoridades no gobiernan para el interés general de la ciudadanía, del pueblo. A lo anterior se ha sumado una percepción altamente crítica respecto del conjunto de las instituciones de representación. Se desconfía de partidos, Congreso, y de la acción del Poder Ejecutivo.

    En un escenario como el descrito, la pregunta básica a responder es ¿por qué no emerge una alternativa política o social que capitalice tal descontento? ¿Por qué en Chile no surge un equivalente al Frente Amplio de Uruguay, un Podemos o Ciudadanos de España, o un Partido de los Trabajadores que fue en su momento una alternativa de poder en Brasil?

    Si aceptamos que en una sociedad desigual es esperable que los actores políticos respondan a los intereses de los poderosos, la pregunta es por qué aquel descontento, aquella rabia y molestia no se traduce en una alternativa política que obtenga posiciones de poder. Observe usted las opciones políticas para las elecciones de 2017. Siguen siendo exactamente las mismas desde hace 20 o 30 años. Entonces, en Chile el problema no es explicar la persistencia de alternativas políticas—que es lo natural—,sino más bien, explicar la ausencia de opciones nuevas que efectivamente desafíen y conquisten espacios de poder formal.

    Una explicación la encontramos en lo que se denomina el problema de la acción colectiva y que ha sido ampliamente documentado.  Sabemos que “los muchos” enfrentan enormes problemas para coordinar sus acciones. Los “descontentos” pueden ser una mayoría, pero ellos tienen intereses diversos, poco tiempo, y carecen de los recursos para coordinar sus acciones.  La tentación de estos “muchos” siempre ha sido aprovechar los beneficios de las transformaciones en el statu quo y evitar los costos de organizarse.   Es de muy bajo “costo” salir a la calle a protestar, pero es extraordinariamente costoso organizar partidos, asistir a reuniones eternas, formar listas, hacer campañas, conquistar votos, y ganar.

    En cambio, “los pocos” poseen ventajas comparativas para organizar sus acciones. Ellos invierten en influencia y poseen capacidades para actuar coordinadamente. Piense usted en las dificultades que en Chile enfrentan los trabajadores (profesionales, no profesionales, sindicalizados, no sindicalizados, etc.) para organizar un frente común y los empresarios que desde hace muchísimas décadas coordinan sus acciones a través de un frente unificado (La Confederación de la Producción y del Comercio). Fundada hace 81 años, reúne a los grupos empresariales de 6 rubros en el país (agricultura, comercio, minería, industria, construcción y bancos).

    La competencia municipal muestra con particular nitidez el problema de acción colectiva que enfrentan los diferentes movimientos políticos y sociales del país. Frente a una crítica descarnada respecto de la vigencia del duopolio—levantado por izquierdas y derechas—la respuesta no ha sido de unidad o coordinación. Muy por el contrario, la respuesta política ha sido de fragmentación y desunión. En vez de establecer un frente común para “desafiar” políticamente a quienes detentan el poder, la respuesta política ha sido competir unos con otros en forma separada.

    Los datos extraoficiales advierten de una treintena de fuerzas políticas que competirán en octubre.  De ellas, 12 partidos están fuera de la Nueva Mayoría y podrían ubicarse a la izquierda del eje ideológico.  Pero estos 12 partidos compiten en 5 listas distintas.  A lo anterior debemos sumar 3 partidos que representan fuerzas regionalistas que también compiten en forma separada.  En la competencia para Concejales aumenta la dispersión toda vez que incluso las fuerzas de la Nueva Mayoría y de Chile Vamos compiten en listas separadas.

    Y en un escenario de alta fragmentación, la probabilidad que el escenario político se modifique es bajísima.  La paradoja para estas elecciones municipales es que aumentará exponencialmente la oferta política (cerca de 30 partidos en competencia), pero como aquella oferta está fragmentada o dividida, no podrá obtener un número suficiente de votos para transformar el actual balance de poder.  Habrá más competencia, pero menor posibilidad de cambio.

    Y aquí volvemos a nuestra interrogante: si los actores políticos saben que competir divididos no les ayuda a ganar espacios de poder, ¿Por qué seguir haciéndolo?¿Qué explica este impulso de pensar que corriendo solo conquistarás más votos que actuando colectivamente? ¿Qué explica este curiosa patología de autodestrucción? Las respuestas a estas preguntas parecen encontrarse, más que en el campo de la politología, en las disciplinas de la psicología y de la psiquiatría.

    Disponible en: El Mostrador

    leer más
  • alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant junto a otros panelistas discutieron los dichos de Ricardo Lagos y su posible candidatura presidencial en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aquí

    leer más
  • No todas las lunas son lunas de miel

    Carlos Meléndez 

    base_image (2).jpg

    La alta aprobación a favor del presidente Pedro Pablo Kuczynski es motivo de optimismo para un sector de la opinología. Algunos interpretan este apoyo como consecuencia de su “estilo” presidencial potente y campechano, materia extensa de columnas de opinión. Sin embargo, cabría ser cauteloso por, al menos, dos razones.

    Primeramente, notemos que existe una hipótesis alternativa: tal apoyo no se debe al tipo de liderazgo sino al efecto luna de miel. Segundo, obnubilarnos con el carisma de la figura presidencial puede hacernos pasar por alto las serias debilidades políticas de los integrantes del actual Ejecutivo.

    Ya algunos analistas han advertido que el 61% de aprobación de la gestión de Kuczynski no es excepcional. Según cifras históricas de Ipsos Perú, en el primer mes de mandato García tuvo 63% y Toledo 59%. Incluso el entonces radicalizado Humala –quien juró por la Constitución de 1979– acopió el 55% de las simpatías. Lo que sí es inédito para un primer mes de mandato es el elevado apoyo de las clases altas. El “estilo PPK” entusiasma como nunca antes a las élites limeñas (85% y 72% en los NSE A y B). García se acercó en el 2006 con el 69% en el A y 64% en el B. Del 2001 en adelante, los mandatarios comenzaron respaldados fundamentalmente por los NSE D y E, superando largamente su promedio nacional. Esta es la primera vez que un presidente, en su período de gracia, no repite dicho patrón.

    Cuando un gobierno carece de partido, como el actual, los pararrayos políticos recaen en los puestos más altos del Ejecutivo. Además de la presidencia, otros dos cargos claves en la opinión pública son la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Después del presidente, son estos roles los que más importan al proyectar un “estilo” auténtico.

    No obstante, los antecedentes no dejan suficientes razones para ser optimistas. Los datos históricos de Ipsos Perú indican que cuando Fernando Zavala lideró el MEF (agosto del 2005 a julio del 2006) no despertó pasiones; su promedio de aprobación fue de 20% (solo en sus dos últimos meses de gestión alcanzó 28% y 27%, respectivamente). Por su parte, nunca antes tuvimos un MEF tan impopular en su primer mes de gestión. Según la última encuesta de Ipsos, el 50% de peruanos desaprueba a Alfredo Thorne y un 36% lo aprueba. Ello contrasta con el apoyo que recibieron Kuczynski (2001), Carranza (2006) y Castilla (2011), con un promedio de diez puntos porcentuales más –respectivamente– que el del actual ministro. Asimismo, las desaprobaciones de aquellos en el mes debut nunca sobrepasaron el 23%. 

    Comparativamente, el inicio del actual gobierno es menos auspicioso de lo que sostienen emocionados analistas oficialistas. Además de que la mejor luna de miel no garantiza que las relaciones terminen en separación. De hecho, el divorcio entre nuestra clase política y la ciudadanía parece que fuese estructural, como lo evidencia las tres gestiones anteriores que tuvieron también sus respectivos momentos de fugaz enamoramiento. 

    Fotografía: El Comercio

    Disponible en: El Comercio

    leer más
  • La representatividad política pende de un hilo

    Claudio Fuentes

    claudio-fuentes.jpg

    Desde 2012 –tras la irrupción del voto voluntario– la abstención electoral ha ido en aumento: un 60% en las municipales de ese año y, al siguiente, en la primera vuelta presidencial, un 50,6% del padrón no fue a votar. Luego, en la segunda votación, el triunfo de Michelle Bachelet estuvo marcado por un 58,2% de abstención. Los analistas coinciden en que hay una crisis de representación en el sistema político, lo que podría dejar a las autoridades actuando en “el vacío” ante la baja participación e interés de la ciudadanía en la política tradicional.

    La semana antepasada la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) no solo arrojó como resultado la aprobación más baja de un Presidente en Chile desde la vuelta a la democracia, sino que también dejó entrever la apatía del electorado frente a las próximas elecciones municipales: apenas un 27% de los encuestados está seguro de que irá a votar en octubre. Para algunos expertos esta es la cifra más alarmante de la medición.

    El resto se divide en un 24% que probablemente irá, un 16% que probablemente no, un 25% que con toda seguridad no votará y un 9% que no sabe o no contesta.

    Los resultados de esta versión de la CEP contrastan con la encuesta de julio-agosto de 2012 –antes de la implementación del voto voluntario–, que mostraba un pronóstico mucho más alentador para las municipales. Ante esta misma pregunta, el 57% de los encuestados afirmaba estar seguro de que votaría en los comicios de fin de año, un 20% probablemente iría, un 7% probablemente no, un 11% con seguridad no iría y un 6% no sabía o no contestaba.

    El voto voluntario y la abstención electoral
    Hasta antes de 2012, el voto era obligatorio y los que no querían o no podían ir a las urnas debían pagar multa o presentar una justificación en Carabineros. Ese año la legislación cambió y entró en vigencia la ley que establecía la inscripción automática en los registros electorales y el voto voluntario. Tuvo su debut en las últimas elecciones municipales.

    El Mostrador consultó a distintos analistas para conocer su visión sobre la alta abstención electoral en los últimos años.

    Al respecto, para el experto electoral y diputado de la bancada PPD, Pepe Auth, esto solo evidenció algo que ya venía ocurriendo: “Tras las inscripción automática, el padrón electoral incluyó a quienes no estaban antes en él, pero que continuaron no yendo a votar, como lo habían hecho hasta entonces”, dijo. En la misma línea, sugiere que es preciso mejorar las barreras que enfrentan los ciudadanos el día de las votaciones; ya sea el traslado, el tiempo, el lugar de votación, entre otros. Y aprovecha de entregar su propuesta: “Eso se mejora con el voto electrónico y puedes votar desde cualquier lugar en el que estés, independientemente de las circunstancias”, señaló.

    Para Marco Moreno, decano de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Central, desde 2012 sí ha existido un quiebre importante: “Instalar el voto voluntario ha significado una tensión en lo que había sido la manera tradicional de hacer política, en donde tú tenías definidas las coaliciones, al votante… la ‘desbinominalización’ de la política –que se verá con mayor claridad en las próximas elecciones–, genera mayor incertidumbre”, indicó.

    En las elecciones de alcaldes y concejales en 2012 los votos se redujeron en cerca de un millón y medio respecto de la última elección. En 2008, cuando existía el voto obligatorio, votaron 6,9 millones de personas y los que lo hicieron en 2012 fueron 5,5 millones de ciudadanos. La abstención respecto al padrón electoral –de 13,3 millones de habilitados a votar– se estimó para las municipales de ese año en un 60%.

    Para el analista político Max Colodro “el gran cambio no está en las cifras en sí, sino que la abstención se instala como una posibilidad para el votante”. Pero Claudio Fuentes, director de la escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, sí cree que las cifras son decidoras. Sostiene que “en 2012, el 50% declaró que iría a votar en las municipales y al final concurrió solo el 40%. Esta vez solo lo hizo el 27% y es quizás la cifra más preocupante de la CEP y habla de una seria deslegitimación del sistema político”, explicó.

    En la encuesta CEP de noviembre-diciembre de 2012 –posterior a las últimas elecciones municipales–, se les preguntó a los encuestados cuándo tomaron la decisión de abstenerse. El 61% tomó la decisión antes de que comenzara la campaña, 17% lo decidió durante la campaña, otro 17% el mismo día de las elecciones y un 6% no supo o no contestó. A esta toma de decisión Marco Moreno la llama la “volatilidad del voto”, es decir, que “los electores eligen por quién votar más cerca de la fecha, pero para ello será preciso tomar la decisión de ir a votar”, sostuvo.

    “La política no me interesa”
    Un año más tarde, en las elecciones presidenciales de 2013 la participación no repuntó: en la primera vuelta 6,6 millones de personas votaron –de un total de 13,5 millones–, lo que implicó una abstención de un 50,6%. Para la segunda votación acudieron 5,6 millones de personas, lo que dejó un 58,2% de abstención. En otras palabras, la Presidenta Bachelet fue electa con el 41,8% del padrón electoral. En la encuesta CEP de julio de 2014, el 39% de los encuestados indicó, como principal razón, que no fue a votar “porque la política no me interesa”.

    Existe un consenso entre los analistas en cuanto a que los casos de financiamiento irregular, fraude al fisco, boletas falsas, jubilaciones millonarias, entre otros, han contribuido al descrédito de la política. Según Claudio Fuentes, es justamente “la suma de desconfianza, el bajo interés por votar y la baja autoidentificación en partidos e ideologías, un cóctel inusual para el Chile postransición. El tema es que los potenciales electores traducen su descontento o en la calle o en la rabia en redes o quedándose en la casa”, explicó.

    Marco Moreno afirma que “la gente está participando de otras maneras, son ciudadanos intermitentes”, es decir, que ya no participan de la “política tradicional, ni militan ni van a votar”, pero participan de “manera intermitente” en causas o “asisten a marchas si se sienten motivados, por eso es a veces. También lo hacen a través de redes sociales, eso es un fenómeno”.
    El abogado e investigador del Centro de Análisis e Investigación Política (CAIP), Renato Garín, asegura que la clase política “hoy está desnuda” y que actualmente la ciudadanía estaría en una disociación inédita con esta. Sin embargo, descarta una baja politización, ya que advierte “que al corto plazo seguirán las movilizaciones contra las AFP y que incluso en el largo plazo caerá el modelo chileno”. No obstante, acota que “lo que está en juego son los privilegios” que han tenido algunas autoridades hasta ahora, “que funcionan al margen de la ley y de la ética” y que no darían cuenta de las “fronteras entre lo público y lo privado”.

    El sociólogo y analista político Alberto Mayol cree que la abstención fue, en un primer lugar, interpretada como despolitización de las personas, pero que más tarde ha sido vista como malestar, y señala que esa es la clave. “Muchos actores politizados consideran que la ruta electoral ha sido insuficiente y es un espacio inapropiado de juego político”, argumenta.

    Sobre el mismo tema, Marco Moreno afirma que “la gente está participando de otras maneras, son ciudadanos intermitentes”, es decir, que ya no participan de la “política tradicional, ni militan ni van a votar”, pero participan de “manera intermitente” en causas o “asisten a marchas si se sienten motivados, por eso es a veces. También lo hacen a través de redes sociales, eso es un fenómeno”.

    Legitimidad y validez del sistema político
    Las bajas cifras arrojadas por la encuesta también ponen en la discusión –más allá de ser una tendencia– la legitimidad de obtener autoridades con un bajo porcentaje del padrón electoral. Pero el debate sobre qué es legitimidad está abierto.

    Max Colodro, señala que “respecto a la legitimidad, no hay quien la defina”, refiriéndose a que no existen regulaciones al respecto y pareciera ser solo “una discusión académica”. Hace una diferenciación entre esta y la validez de las elecciones, que “se basan en los votos correctamente emitidos”. Moreno agrega que se está “vaciando la política” y que, por tanto, los representantes electos terminan ejerciendo poder sobre “el vacío”. Auth, en cambio, sentencia que la “legitimidad está dada por el convocar a la votación” y posteriormente asumir el cargo. Agrega que, si la legitimidad estuviese dada por el porcentaje de votos, “entonces ningún presidente de EE.UU. lo sería”.

    Alberto Mayol va un poco más allá y cree que es el sistema político el que está deslegitimado: “Los candidatos habitan un espacio sin legitimidad. Es una condición de época que se expresa además en lo electoral. En términos generales, ni los candidatos ni nadie en el sistema tiene legitimidad. De momento, no implica que puedan perder sus cargos, pero sí significa que será difícil ejercerlos”, sostiene. Fuentes precisa que “la oferta no convence o simplemente no es ni siquiera escuchada. Esto es crisis de representación”. Müller, en un tono más calmado, pone paños fríos a la encuesta y es claro al decir que “la CEP no anuncia una catástrofe”.

    Municipales versus presidenciales
    En relación con las 345 comunas que disputarán sus alcaldes y concejales a fines de octubre, los analistas Gonzalo Müller y Marco Moreno concuerdan en que las municipalidades serían “pequeños centros de poder” vistos por la ciudadanía con mayor cercanía y que “estarían en un escalafón distinto” al ser “más ejecutores”, dijeron, respectivamente. A esto se agrega que los municipios son un espacio en donde la política aún es bien evaluada, lo que se ve reflejado en esta versión de la CEP, en que un 52% de los encuestados se siente satisfecho o muy satisfecho con la gestión de su alcalde, mientras que un porcentaje menor –un 41%– respondió estar insatisfecho o muy insatisfecho con ello.

    Por su parte, Müller destaca los matices existentes entre las comunas del país. Por ejemplo, en aquellas pequeñas, esas de diez mil electores, especula un 70% de participación, versus los grandes centros urbanos, como Valparaíso o Santiago, donde afirma que la participación electoral sería menor a un 30%. Asegura que en las pequeñas localidades los municipios “arrastran a sus redes y por eso se producen mayores niveles de participación”. Müller también dice que la gestión de los alcaldes es considerada como una autoridad menos política, más ejecutora y con quien tienen mayor interacción.

    Mayol, en tanto, apuesta a que quienes irán a votar constituirán un poco más del 35%. “Lo cierto es que la pendiente es clara: siempre aumenta la abstención. Y no se ven condiciones de rebote. Por tanto, mi impresión es que –en el escenario actual– la abstención debiera aumentar, muy por sobre lo que dicen las encuestas, pues en ellas mucha gente dice que podría votar y no lo hace”, explicó.

    Por otro lado, Marco Moreno descarta que estas elecciones sean vinculantes con la política nacional: “Las municipales son elecciones en que se evalúa al alcalde. No estoy tan convencido de la ‘presidencialización’ de las municipales, no hay tantas relaciones”. Cree que comparar los votos de concejales con los presidenciales es una falsa analogía, “un poco de trampa” incluso, ya que son realidades diferentes. Finalmente, agrega que “lo que veremos en las próximas elecciones, de mantenerse la tendencia actual de vaciamiento de la política, será una forma de comportamiento electoral más contingente y un tipo de votante cuyas opciones parecen cada vez más funcionales a lógicas pragmáticas y despolitizadas”.

    Disponible en: El Mostrador

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas discutieron sobre la actual situación de la Ministra Javiera Blanco y la acusación constitucional de Dilma en Brasil en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo aqui

    leer más
  • Cristóbal Rovira, director del Doctorado en Ciencia Política, da a conocer el Premio Reduciendo Brechas

    cristobal-rovira.jpg

    El Núcleo Milenio “Desafíos a la Representación” NS130008, organiza desde el año 2015 el Premio Reduciendo Brechas, enfocado a visibilizar a personas e instituciones que han aportado a la reducción de brechas de representación.

    En su versión 2016, el proceso de postulación se abrió el 1 de agosto y se extenderá hasta el 30 de septiembre del mismo año. La revisión de los postulantes se efectuará durante octubre de 2016 y la entrega de resultados con su respectiva premiación, se realizará en el mes de noviembre.  El formulario debe ser enviado al correo electrónico milenio.representacion@mail.udp.cl.

    ¿En qué consiste el Premio Reduciendo Brechas?

    El Premio Reduciendo Brechas se enmarca en el Núcleo Milenio que tenemos en la UDP. Lo que nosotros investigamos son desafíos a la representación. Por lo tanto, lo que se intenta hacer es premiar a aquellas personas o instituciones que han aportado en el último tiempo para reducir brechas de representación en un sentido amplio, puede ser en temas de género, temas políticos, indígenas, etc. Hay un formulario que se puede bajar desde la página web y hasta el día 30 de septiembre se pueden hacer las postulaciones.

    ¿Dónde nace esta idea? 

    Este es nuestro segundo año. El año pasado empezamos con esto, en fechas similares y ya fue otorgado una vez el premio, a la Fundación Semilla, fundación que se encarga de trabajar con liderazgo juvenil en distintas partes del país y sobre todo con personas de escasos recursos.

    ¿Qué recepción tuvieron en su primer año?

    Postuló bastante gente, pero obviamente lo que nosotros queremos es que año a año pueda ir postulando más gente y que se dé a conocer de mejor manera, por lo tanto, ahora tenemos una cuenta de Twitter donde estamos promocionando el evento, también una cuenta de Facebook. Mientras más postulaciones lleguen, mejor para nosotros.

    ¿Cuál es el premio que se entrega?

    El premio consiste en 1.000.000 de pesos, que no es en efectivo, si no para comprar determinados bienes o materiales para aquella persona o institución. Por dar un ejemplo, a la Fundación Semilla nosotros le dijimos es 1.000.000 de pesos y ellos encontraron que necesitaban computadores, tablets, etc, entonces nos enviaron lo que ellos querían y nosotros el equivalente a eso se los compramos y entregamos como premio.

    Disponible en: icso.cl

  • ¿Cuotas para Hombres? 

    Carlos Meléndez 

    base_image (1).jpg

    El discurso de la equidad de género viene ganando terreno en la opinión pública en general (no solo en el país). Se ensayan diversas iniciativas desde los ámbitos políticos, profesionales, académicos y mediáticos para equiparar el posicionamiento de las mujeres en cargos de responsabilidad en una sociedad estructuralmente perjudicial para su desarrollo.

    Sin embargo, la exposición pública de la agenda de género no está exenta de críticas. Una de las más comunes señala que dicha nivelación es “artificial” (sic), ya que no “filtra la mediocridad” en la selección de puestos. Según este argumento, las mujeres que ya ocupan cargos importantes no necesitaron políticas de ‘affirmative action’ (por ejemplo, leyes de cuotas de género) pues sus méritos fueron suficientes. Las cuotas –continúa la tesis– jerarquizan la presencia femenina sobre criterios meritocráticos, lo que no garantiza siempre un efecto positivo sobre el bien público.

    La estereotipificación de este reproche se fundamenta en el uso indiscriminado de la defensa de género como justificación del pobre desempeño político de algunas mujeres. Revise usted, por ejemplo, cuántas políticas –de izquierda, derecha, fujimoristas y antifujimoristas– han empleado el “se meten conmigo porque soy mujer” para zafar cuerpo a sus faltas en la gestión pública. Aunque es muy probable que efectivamente exista misoginia en varios de sus detractores, el empleo antojadizo de la defensa de género desvirtúa la causa de la equidad social.

    ¿Qué hacer para trascender la trampa de las cuotas que oponen la equidad de género a la meritocracia?

    En un recomendable artículo (“Quotas for Men”, 2014), la politóloga feminista Rainbow Murray evidencia que las cuotas de género tienen un sesgo latente pro mujer. Considera reformular estas cuotas implícitas (para mujeres) por cuotas explícitas para hombres. Ello implica reemplazar el foco de las políticas públicas destinadas a subsanar la falta de representación femenina por aquel centrado en disminuir la sobrerrepresentación masculina. No es un juego de palabras sino un cambio que atiende a las deficiencias de sociedades patriarcales, más allá de discursos políticamente correctos. El objetivo –para Murray– es evitar concebir a la mujer como ‘el otro’ de una cultura dominantemente masculina.

    Según la feminista, la cuota para hombres tiene varios beneficios. Primero, transforma la noción de que la constante sobrerrepresentación masculina es un producto de la meritocracia. Los hombres que ocupan puestos de responsabilidad no están ahí necesariamente por sus capacidades, sino por la reproducción de un sistema desigual.

    Segundo, reduce el estigma de ser una cuota femenina en mujeres que acceden a cargos públicos a través de estas normativas políticamente correctas. Agregaría que este cambio radical de enfoque permite salir de la trampa señalada al rejerarquizar lo meritocrático por sobre el género.

    Además, las cuotas para hombres invalidan la excusa de mujeres que escudan sus carencias meritocráticas en el discurso de género. El objetivo, finalmente, es producir una representación política –sustantiva y simbólica– que haga justicia a las demandas de todos. 

    Disponible en: El Comercio

    Fotografía: El Comercio

    leer más
  • claudio-fuentes.jpg

    Nuestro Investigador Senior Claudio Fuentes junto a otros panelistas discutieron sobre el Ministerio de Hacienda, la problemática de Codelco, negociación en el sector público y los lios de platas fiscales en el programa Mesa Central de T13 Radio. Escucha el programa completo Aqui

    leer más
  • alfredo-joignant.jpg

    Nuestro Investigador Senior Alfredo Joignant comentó junto a otros panelistas los resultados de la actual encuesta CEP, escucha el programa Mesa Central de Tele13 Radio. Escula el programa completo Aquí

    leer más
  • MILENIO.jpg

    El Núcleo Milenio para la Estatalidad y la Democracia en América Latina (RS130002), junto con el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación (NS130008) y la Asociación Chilena de Ciencia Política, invitan a participar de este concurso a quienes hayan defendido sus tesis/trabajos de titulación de pregrado en ciencia política en temáticas relacionadas con Estado, democracia y/o representación en Chile y América Latina.

    Pueden concursar todos los trabajos conducentes a título o grado de cientista político/a defendidos entre el 30 de agosto de 2014 y el 30 de agosto de 2016 y que hayan obtenido una calificación igual o superior a 5,5 en instituciones chilenas.

    El trabajo debe venir acompañado por una carta de patrocinio de un profesor/a que justifique su aporte al debate disciplinario y su relevancia para las temáticas de Estado, democracia y representación.

    Los trabajos deberán ser enviados por correo electrónico a cienciapolítica@accp.cl hasta el 22 de septiembre de 2016 en formato PDF. Un jurado compuesto por integrantes de las instituciones patrocinantes seleccionará los trabajos premiados. La premiación se llevará a cabo en el marco del XII Congreso Chileno de Ciencia Política (19-21 octubre de 2016).

    El premio consistirá en el pasaje ida y vuelta desde cualquier ciudad de Chile hasta Temuco, alojamiento y un modesto estipendio para gastos, para que los trabajos ganadores puedan ser presentados en el congreso. Más información aquí


    Trabajos de titulación defendidos entre 30/08/2014 y 30/08/16, con nota 5,5 o superior.

    Plazo postulación: 22/09/16

    Enviar a: cienciapolitica@accp.cl con el asunto “CONCURSO TESIS DE PRE-GRADO”

    Carta de patrocinio de un/a profesor/a

    Premiación 1º, 2º y 3º lugar: XII Congreso Chileno de Ciencia Política, 19-21 Octubre 2016

    leer más
  • Cientista político: Marco Enríquez-Ominami viene en bajada

    foto_0000001020160820090440.jpg

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, analizó en El Diario de Cooperativa los resultados de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), a partir de los cuales aseveró que Marco Enríquez-Ominami, cuya aprobación cayó ocho puntos porcentuales, "viene en bajada".

    "Puede llegar a estar en la papeleta -obviamente depende de la Justicia, si va a estar procesado o no- pero en relación al Marco de su primera campaña presidencial, yo creo que está muy dañado por las investigaciones judiciales y creo que va a ser afectado", indicó Fuentes en referencia a las indagatorias contra el líder del PRO por el uso de un jet privado brasileño durante su campaña de 2013, además de los aportes de SQM a su "mano derecha", Cristián Warner.


    El experto apuntó, sin embargo, que "si en la carrera presidencial todos los demás tienen algún problema vinculado a temas de corrupción, eventualmente podrían empatarse en ese tema (el descrédito)", pero subrayó que "Marco Enríquez-Ominami viene más en bajada que en subida".

    Difíciles proyecciones

    En torno al panorama que revela la encuesta sobre la próxima carrera presidencial, donde Sebastián Piñera lidera el ránking de preferencias, con un 14 por ciento, seguido por Ricardo Lagos con un 5 por ciento, enfrentados a un 62 por ciento de personas que no tiene candidato, el analista indicó que "no es posible hacer algún tipo de conjetura".

    "Son cifras muy bajas todavía, no se puede proyectar mucho con ese tipo de cifras", pero, "si Lagos o cualquier candidato se declara como presidenciable, inmediatamente subiría en las encuestas", comentó.

    Candidato de Chile Vamos

    El senador independiente Manuel José Ossandón aparece en la encuesta con un 2 por ciento de apoyo ante una eventual carrera presidencial, siendo el segundo posible candidato de Chile Vamos.

    Entre Piñera y Ossandón "la diferencia está marcada. Primero, porque Piñera es muy conocido y segundo, Piñera ya ha manifestado una intencionalidad de campaña electoral, (mientras que) Ossandón es menos conocido y en ese sentido hay que esperar un poco", aseveró el especialista.

    Sin embargo, acotó que "la figura de Ossandón está tratando de proyectarse como el próximo después de Piñera, no tanto como la figura que ahora va a aparecer como el presidenciable de Chile Vamos".

    Aprobación de Guillier

    En torno a la figura del senador independiente Alejandro Guillier, quien seposicionó en la encuesta CEP como el político mejor evaluado, pero no vio reflejado ese apoyo como posible candidato presidencial, donde sólo un 1 por ciento lo mencionó como su opción de manera espontánea.

    Sobre esto Fuentes señaló que el senador tiene "los atributos que esperarían de los presidenciables, que son honestidad, el no vínculo con la corrupción".

    "Un senador como Guillier, que es independiente, aparece más cercano como unoutsider del sistema político y por lo tanto es bien evaluado, pero no necesariamente es marcado por la población como un presidenciable".

    Fuente:Cooperativa

    Fotografía: Cooperativa

    leer más
  • Cientista político sobre CEP: Es imposible proyectar algo para el 2017

    3221560_n_vir3.jpg

    A pocas horas de que el Centro de Estudios Públicos revele una nueva encuesta, donde se muestren los políticos con mayor proyección para llegar a La Moneda, el director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales (UDP), Claudio Fuentes abordó las expectativas del sondeo.

    En conversación con ADN Hoy, el académico recalcó que "proyectar algo con los resultados para el 2017, es imposible".

    "Lo que debiésemos encontrar es a Piñera primero, Lagos después y en tercer lugar Marco Enríquez", añadió.

    Además descartó, que en esta oportunidad, exista una figura sobresaliente como lo que pasó el 2012 con la actual Presidenta Bachelet.

    Escucha la entrevista completa Aquí

    Fuente:ADN Radio

    Fotografía: ADN Radio

    leer más
  • ¿La Constitución de quién?

    Claudio Fuentes

    Imagen-bin_78841630_con_34332093-700x300.jpg

    Las constituciones son siempre obra de una élite. Incluso si pensamos en los procesos más participativos, abiertos e incluyentes, al final siempre será un grupo relativamente reducido de personas el que se congregará a escribir y dar forma al texto constitucional. En las sociedades modernas de masas no podría ser de otro modo por la complejidad y especificidad de las dinámicas sociales.

    Por lo mismo, la pregunta correcta no se refiere a la cantidad de sujetos que escribirán el texto, porque de hecho serán muy pocos, sino la forma en que serán seleccionados estos “pocos”. Una segunda interrogante es la capacidad de actores sociales (empresarios, sindicatos, organizaciones sociales) de incidir proactivamente en el proceso, antes, durante y después de verificado el proceso. Entonces, los criterios para evaluar esta dinámica deben ser dos: legitimidad del cuerpo que escribirá el texto y apertura social del proceso.

    Cuando levantamos la vista fuera de Chile, vemos una multiplicidad de instancias que han escrito una Constitución: comisiones bicamerales del Congreso, convenciones seleccionadas por el Congreso, convenciones mixtas, asambleas escogidas enteramente por la ciudadanía, comisiones designadas por el poder Ejecutivo, etc. ¿Existe una fórmula ideal? Seguramente no. Lo relevante aquí es preguntarse cuál de las múltiples fórmulas que existen sería la más apropiada para el tiempo político que vive el país. Si el Congreso Nacional es una expresión legítima de la sociedad, probablemente nadie cuestionaría que fuese ese cuerpo el que elaborara la nueva Constitución.

    Pero el caso chileno muestra un serio cuestionamiento social a las instituciones representativas. Ergo, muy probablemente la expectativa social será observar un grupo de actores que represente a la sociedad. Probablemente, dicho cuerpo político (convención, asamblea) deberá incluir indígenas, mujeres, representantes de diversas partes del territorio, etc. El primer criterio de evaluación entonces será la forma en que se defina este cuerpo que redactará el texto magno.

    El segundo criterio será su apertura. Imagínese que se escoge una convención y que dicho grupo de personas se encierra como un cónclave papal para definir una nueva Carta constitucional. La sociedad civil y los medios de comunicación lo rechazarían, pues la sociedad actual difícilmente aceptaría una dinámica cerrada y excluyente. Se exigiría tener incidencia en la definición de los representantes de esa convención, transparentar los debates, abrir foros virtuales, dinamizar discusiones territoriales, generar audiencias y, finalmente, establecer un proceso ratificatorio ciudadano. Incluso, aspectos donde esta convención no llegó a acuerdo podrían someterse a la deliberación ciudadana en un plebiscito.

    Pero uno de los mayores problemas que enfrentamos como sociedad es la ausencia de una experiencia histórica de participación. Observemos la forma en que las últimas tres constituciones se definieron.

    En los tres casos se trata de comisiones designadas. En la de 1833, el Congreso Nacional designó a 36 personas para redactar la Constitución, de ellas, 30 eran representantes del mismo Congreso. No existió proceso ratificatorio fuera del mismo Congreso, transformándose en un proceso autocontenido de las fuerzas conservadoras victoriosas de la guerra civil de 1829.

    La Constitución de 1925 fue escrita por una Convención designada por el gobierno de Arturo Alessandri. Aunque participaron 122 personas, en realidad la subcomisión de reforma que discutió los contenidos la integraron sólo 15. Se ratificó posteriormente en un plebiscito nacional, pero donde participó sólo el 42% del electorado.

    La Constitución de 1980 fue redactada en dictadura y participaron en el proceso de escritura 29 personas, incluyendo la comisión de estudios constitucional, el Consejo de Estado y la junta militar que la ratificó. Fue aprobada en un plebiscito fraudulento que no contó con padrón, un órgano electoral que controlara el proceso ni opción para que la oposición se pronunciara.

    La paradoja del proceso chileno es que quienes escribieron las constituciones representaron a un porcentaje cada vez menor de la población total. Mientras la sociedad se hizo más compleja, menos personas han participado del proceso de escribir la Constitución.
    Esta dimensión histórica es muy relevante para el proceso constituyente que recién inauguramos. Lo que hasta el momento se ha realizado (encuentros locales y cabildos) es una etapa anterior a la fase de redactar una Constitución. Se trata de una etapa de socialización y concientización social sobre el tema. Lo que vendrá a continuación, en el 2017 y 2018, nos pondrá frente a las preguntas que anticipamos aquí: qué legitimidad tendrá el cuerpo que finalmente redactará la Carta Magna y cuán abierto o cerrado será el proceso propiamente tal. La historia patria muestra una dinámica cerrada y autocontenida. Y de ahí la interrogante será si mantendremos el patrón histórico o se tratará de un proceso abierto e incluyente.

    Disponible en: Qué Pasa?

    Fotografía: Qué Pasa? 

    leer más
  • Premio Reduciendo Brechas 2015

    _39A9685.JPG

     

    El día 16 de noviembre en el marco del seminario “Crisis de representación democrática en Chile?” Se realizó la premiación del concurso “Reduciendo Brechas” organizado por el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación, iniciativa que buscaba reconocer la labor de instituciones o personas que hayan contribuido a la reducción de las brechas de representación en nuestro país. 

    La revisión de las postulaciones estuvo a cargo de representantes del Núcleo Milenio Desafíos de la Representación quienes preseleccionaron 5 instituciones y/o personas finalistas. Dicha nómina de finalistas fue a su vez revisada, en una segunda fase, por un Comité de Selección integrado por Rossana Castiglioni (Investigadora Responsable del Núcleo Milenio NS130008 y Académica de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales), Osvaldo Larrañaga (Coordinador del Área de Reducción de la Pobreza y de la Desigualdad, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), Mónica Rincón (Conductora de “CNN Prime” y Conductora y Editora de “Cable a Tierra” y “Conciencia Inclusiva” de CNN Chile) y Cristóbal Rovira (Investigador Responsable Suplente del Núcleo Milenio NS130008 y Académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales).

    La institución premiada en esta oportunidad fue la Fundación Semilla (http://www.fundacionsemilla.cl/), la cual destacó por su labor en promover tanto el desarrollo de ciudadanía temprana como la participación política de los y las jóvenes chilenos/as. El premio fue recibido por el señor Marcelo Trivelli Oyarzun, presidente de Fundación Semilla, premio que consistió en $1.000.000 de pesos, destinado a apoyar y mejorar las actividades y equipamientos de la institución ganadora.

    El equipo del Núcleo Milenio Desafíos a la Representación agradece a todos aquellos que participaron en el concurso y les desea el mayor de los éxitos es sus actividades. También insta a que más personas y organizaciones participen en futuras versiones del premio.

  • ¿Mujeres al borde de la izquierda?

    Carlos Meléndez

    base_image.jpg

    Hoy acaecerá una de las movilizaciones más importantes para la reivindicación de los derechos de las mujeres. #NiUnaMenos es un pico en la indignación ciudadana por la violencia estructural contra el género femenino. Como tal, aspira a una convocatoria amplia y plural en aras de políticas que alteren valores anquilosados en nuestra sociedad, perjudiciales para la mujer. Aprovechando la “ola” proderechos sociales, grupos de izquierda han abanderado este humor colectivo, lo que amerita reflexionar sobre el debate político de estos temas más allá de la marcha. ¿Es la agenda de género propiedad de la izquierda?

    Es una vieja pregunta que asocia al socialismo a las luchas contra todo tipo de desigualdad (incluida la de género). Sin embargo, la izquierda en el poder –al menos en Latinoamérica– ha fallado en promover dicha equidad. Textos clásicos como el de Maxine Molyneux (“¿Movilización sin emancipación?”, 1985) hasta investigaciones más recientes como la de Gisela Zaremberg (“¿Género versus pueblo?”, 2016) han expuesto la incapacidad del socialismo para “nivelar la cancha”. Este último estudio muestra la ineptitud de gobiernos de izquierda para promover los intereses “estratégicos” de las mujeres.

    El chavismo ha generado movilización extensiva de venezolanas a nivel de base, pero no una agenda de género específicamente. El sandinismo ha seguido una estrategia de cooptación que ha implicado un retroceso en la emancipación de las nicaragüenses. En Brasil, aunque algunas alcaldías del PT favorecieron indudablemente contenidos estratégicos promujeres, tuvieron una masificación pobre. 

    El balance es tan decepcionante que interpela la capacidad de cumplir la promesa que juran sus homólogas peruanas, encabezada por la triada sub 40 Mendoza-Glave-Huilca. Obviamente, estos antecedentes no condenan al fracaso las intenciones del Frente Amplio (FA). Particularmente si sus predicamentos en la materia ponen más énfasis en los derechos antes que en la ideología.

    El FA se ha posicionado a favor de las principales reivindicaciones “estratégicas” de género, aunque ha sido incapaz de conquistar masivamente al electorado popular femenino, núcleo duro del fujimorismo. En su disputa por este segmento busca estigmatizar a su antagonista como responsable de violaciones sistemáticas de los derechos de mujeres (esterilizaciones forzadas), al punto de inhibirlos –a élites y bases– de compartir el activismo solidario de género al que convocan las movilizaciones. Sin embargo, el fujimorismo aún capitaliza el empoderamiento “pragmático” de las mujeres legado de los noventa –en roles tradicionales en la lucha contra la pobreza–, pese a su mínimo impacto a nivel “estratégico” (en ese sentido es un modelo movilizador como el chavista).

    En el Perú, la agenda de género tiende a supeditarse a los intereses ideológicos de sus principales voceros. El enfrentamiento entre izquierdistas y fujimoristas en la materia ahonda la dicotomía “género versus pueblo” en la reproducción de sus visiones del rol de la mujer. Si se continúa subordinando la lucha por derechos a cualquier pugna ideológica (socialistas versus populistas), toda marcha será oportunidad perdida para producir los consensos necesarios para un cambio estructural. 

    Disponible en El Comercio

    Fotografía: El Comercio

    leer más
  • Lanzamiento del libro “Diseñando políticas para terminar la pobreza en América Latina. La transformación silenciosa” de la académica de la Universidad de Yale Ana de la O

     

    _39A9770.JPG

    leer más
  • Entrevista a profesor invitado por Núcleo Milenio "Desafíos a la representación" Kenneth Roberts (Cornell University)  en radio Universidad de Chile.

    En su entrevista el académico abordó diferentes temas de acontecer nacional, dentro de estos, los efectos del neoliberalismo en la escena política y el actual descontento ciudadano en las instituciones. 

    leer más
  • DSC_0356.JPG

    Presentación del libro "Cambiando el rumbo en América Latina: Sistema de partidos en la era neoliberal" de Kenneth Roberts

     

    El día 30 de Marzo se realizó la presentación del libro del profesor de la Universidad de Cornell. En su libro,  Kenneth Roberts elabora un novedoso argumento sobre el impacto de los procesos de liberalización económica en América Latina sobre el sistema de partidos políticos. Basándose en el así llamado ‘institucionalismo histórico’, Roberts demuestra que ciertos patrones de reforma neoliberal permitieron una alineación y estabilización del sistema de partidos (por ejemplo, Brasil y Chile), mientras que otros patrones de reforma neoliberal terminaron por desalinear el sistema partidos, provocando así alta inestabilidad electoral y un aumento de la protesta social (por ejemplo, Bolivia y Venezuela).

     

    La presentación contó con una masiva presencia de académicos, estudiantes y público en general

  • El Investigador Responsable del Núcleo Milenio "Desafíos a la Representación" Cristóbal Rovira analizó el proceso electoral en Venezuela en el programa Cable a Tierra de CNN.

    Link

    leer más
  • Los investigadores responsables Rossana Castiglioni y Cristóbal Rovira participaron en el programa Milenio de la radio de la Universidad de Chile. En el programa abordaron temás en torno a la desconfianza actual en Chile y los desafíos en torno a la representación. Link

    leer más
  • El Investigador Joven Fernando Rosenblatt analizó la victoria de Macri en Argentina luego de la segunda vuelta. 

     

    Link

    leer más
  • _39A9575.JPG

    El Núcleo Milenio Desafíos a la Representación, en conjunto con la escuela de ciencia política de la UDP y el proyecto Fondecyt 1140101 realizaron seminario ¿Crisis de representación democrática en Chile? el cual contó con dos partes. En primer lugar contó con un debate académico moderado por Rossana Castiglioni, Investigadora Responsable del Núcleo Milenio, el cual contó con la participación de los profesores Carlos Meléndez (UDP), Jana Morgan (University of Tennessee), Peter Siavelis (Wake Forest University) y Cristóbal Rovira (Director del Doctorado en Ciencia Política UDP).

    Video

    _39A0042.JPG

    En segundo lugar, el seminario contó con un debate político, el cual fue moderado por Mónica Rincón (CNN Chile) y que contó con las exposiciones de Gabriel Boric (Diputado Izquierda Autónoma), Maya Fernández (Diputada PS), José Antonio Kast (Diputado UDI), Andrés Velasco (Ex candidato presidencial, Ciudadanos) e Ignacio Walker (Senador DC).

    Video

    leer más
  • _39A2227.JPG

    Investigadores Núcleo Milenio editan libro  “Política comparada sobre América Latina” La presentación contó con la presencia de los dos editores e investigadores del Núcleo Milenio Rossana Castiglioni y Claudio Fuentes. El panel contó con la presencia del Presidente de la Asociación Chilena de Ciencia Política (ACCP) Sergio Toro, la Oficial de Gobernabilidad del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Marcela Ríos y el Académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú Eduardo Dargent. 

    Más

  • El Investigador Senior del Núcleo Milenio "Desafíos a la Representación" Jorge Gordin analizó el proceso electoral argentino en el programa Cable a Tierra de CNN.

    Link

    leer más
  • _39A9868.JPG

    El profesor de la universidad Universidad de Texas en Austin Kurt Weyland dictó conferencia sobre oleadas autoritarias en Europa y América Latina. Weyland explicó que no necesariamente las cosas buenas son las que se difunden, existiendo una erupción de golpes de estado en Europa y América Latina. Más.

    leer más
  • _39A7283.JPG

    La Tercera Cátegra Norbert Lechner organizada por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales y el Núcleo Milenio "Desafios a la Representación" contó con la participación del profesor de la Universidad de Vanderbilt Larry Bartels. El autor de Unequal Democracy (2008) expuso acerca de la desigualdad económica y la representación política. Para Bartels los niveles de desigualdad son producto de las decisiones de política, donde los niveles de desigualdad se ven incrementados bajo gobierno repúblicanos, mientras que se estanca en gobierno demócratas. Para ver cátedra completa aquí.

    leer más
  • El Núcleo Milenio Desafíos a la Representación presentó el libro del académico de la Universidad de Guelph, Jordi Díez. La presentación contó con la presencia de la Investigadora Responsable del Núclo Rossana Castiglioni, el Director del Centro de Estudios de Opinión Pública del INAP de la Universidad de Chile, Robert Funk y Sara Cohen en representación de la embajada de Canadá. Leer más 

    leer más
  • Informe PNUD 1.jpg

    Exitosa presentación Informe del Desarrollo Humano 2015 ”Los tiempos de la politización”, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a cargo de el sociólogo y coordinador del equipo de Desarrollo Humano del PNUD, Rodrigo Márquez. La presentación contó con los comentarios de el ex Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, el académico de la Universidad de Chile, Manuel Antonio Garretón y los académicos de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, Patricio Navia y Cristóbal Rovira, Investigador Responsable Suplente del Núcleo Milenio "Desafíos a la Representación". Ver Presentación

    leer más
  • Invitación a la presentación del informe del Desarrollo Humano 2015 “Los tiempos de la politización”, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

    mailing.jpg

    leer más
  • Columna del Profesor Claudio Fuentes donde examina la relación entre sistemas policiales y democracia 

    leer más
  • Profesor Claudio Fuentes publica artículo sobre emergencia y reemergencias de agendas en ciencias sociales leer más
  • Entrevista a la Profesora Rossana Castiglioni sobre la crisis de credibilidad hacia los políticos. leer más
  • Columna del Profesor Fernando Rosenblatt donde analiza los desafíos a la representación política en Chile hoy en día. leer más
  • Prof. Jan-Werner Müller de la U. de Princeton dicta Cátedra Inaugural en la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la UDP (grabación de la cátedra).

    11b.jpg DSC_1636.jpg DSC_1646.jpg

    leer más
  • Profesor Claudio Fuentes, Investigador Senior del Núcleo Milenio, es convocado a formar parte del Consejo Asesor Presidencial contra conflictos de interés, tráfico de influencias y corrupción leer más
  • Profesora Castiglioni, Investigadora Responsable del Núcleo Milenio, participa en una mesa de discusión sobre el ciclo electoral 2014-2015 en América Latina en el Woodrow Wilson Center en Washington DC leer más
  • Académicos de Ciencia Política de la UDP obtienen Núcleo Milenio leer más
  • Ministerio de Economía anuncia adjudicación de Núcleos de Investigación en Ciencias Sociales leer más
  • Profesor Rovira, Investigador Responsable Suplente del Núcleo Milenio, presenta libro sobre la derecha en América Latina en el Woodrow Wilson Center ubicado Washington DC leer más